La CEOE mantiene la previsión de inflación media en el 3,1% para 2026. Lo hace horas después de que el INE confirmase un IPC general del 3,2% en mayo y una subyacente que escala dos décimas, hasta el 3%. La patronal empresarial, sin embargo, condiciona esa cifra a una resolución ‘relativamente rápida’ del conflicto en Oriente Próximo. Si la tensión con Irán se alarga, los precios de la energía y de las materias primas podrían trasladarse a otros bienes y generar expectativas de inflación más elevadas.
El dato del pasado jueves deja lecturas incómodas. La energía moderó su escalada —su tasa interanual bajó del 6,6% al 5,9%—, pero los servicios se encarecieron un 4,1%, siete décimas más que en abril, impulsados por los paquetes turísticos y el transporte aéreo. La inflación subyacente, que excluye alimentos no elaborados y energía, repuntó al 3%, alejándose del objetivo del BCE. La organización empresarial subraya que, sin las medidas fiscales aplicadas por el Gobierno, la inflación general se habría situado en el 4,4%.
El conflicto en Irán dispara la incertidumbre energética
El aviso de CEOE es nítido: la circulación de buques por el estrecho de Ormuz sigue restringida y, si el conflicto no se resuelve, el impacto podría extenderse más allá de los carburantes. La patronal maneja un escenario base de aumentos transitorios, pero cualquier recrudecimiento de la crisis en Oriente Próximo tensaría las cadenas de suministro globales y reabriría la puerta a picos inflacionistas similares a los de 2022.
La energía —gas y electricidad— ya ha recuperado el tipo general del 21% de IVA desde el 1 de junio, y el Impuesto Especial sobre la Electricidad ha vuelto al 5,11%. Las rebajas fiscales sobre los carburantes, en cambio, se mantienen hasta el próximo 30 de junio. CEOE calcula que, sin estos apoyos, el IPC habría rozado el 4,4% en mayo, una cifra que, de materializarse, anularía cualquier margen para nuevos recortes de tipos en la eurozona.
Los servicios empujan la subyacente y restan margen al BCE
La inflación de los servicios —4,1% interanual— es la principal señal de alarma. Refleja el tirón turístico de la Semana Santa y los puentes de mayo, pero también la resistencia del consumo interno. Los bienes industriales sin energía, en cambio, apenas crecieron un 0,9%, y los alimentos elaborados, bebidas y tabaco se mantuvieron en el 2%.
En mi lectura, la combinación de una subyacente al alza con una inflación general que podría repuntar si Irán cierra el grifo del crudo coloca al Banco Central Europeo en una posición incómoda. El mercado descuenta un último recorte de tipos en otoño, pero una inflación media por encima del 3% durante varios meses pondría en duda ese movimiento.
El fin de las rebajas fiscales a la luz y al gas ya añade tres décimas al IPC de junio; si además el petróleo se dispara, la subyacente no bajará del 3% este año.
CEOE confía en que la moderación de los alimentos sin elaboración, que cayeron del 4,6% al 3,3%, alivie la cesta de la compra. Pero la patronal advierte de que los precios de la energía suelen trasladarse con retraso a otros bienes. Una escalada del barril Brent más allá de los 90 dólares podría reactivar las revisiones al alza en los presupuestos de las empresas y, por tanto, en el IPC general.
Análisis E-E-A-T: el espejismo de una inflación controlada
He cubierto la coyuntura macroeconómica española durante más de una década y hay un patrón que se repite: los riesgos geopolíticos que el mercado descuenta por ser ‘transitorios’ suelen alargarse más de lo previsto. La prima de riesgo española ronda los 72 puntos básicos, un nivel que no incorpora escenarios de inflación energética persistente. Si el conflicto con Irán se enquista, ese colchón se estrechará rápidamente.
Los datos de mayo confirman que la economía española sigue creciendo, pero con un sesgo inflacionista en los servicios que no es pasajero. El turismo tirará del PIB este verano, pero también de los precios. CEOE lo sabe y por eso mantiene la previsión del 3,1%, pero con un asterisco enorme: todo depende de que los buques vuelvan a circular por Ormuz sin sobresaltos. No es un escenario que se pueda controlar desde Madrid ni desde Fráncfort.
El fin de las rebajas fiscales a los carburantes el 30 de junio llega en el peor momento posible, justo cuando la demanda vacacional dispara el consumo de gasolina y diésel. A mi juicio, el Gobierno debería prorrogar esos descuentos si el crudo escala, porque la factura para los hogares y la inflación general lo notarán de inmediato. De hecho, CEOE ya estima que la inflación habría sido 1,2 puntos más alta en mayo sin las medidas de contención.
El escenario base de la patronal es optimista, pero el mercado de deuda ha empezado a moverse. Los bonos españoles a diez años cotizan en torno al 3,15%, ligeramente por encima del bono alemán, y cualquier repunte inflacionista podría ampliar ese diferencial. Los inversores internacionales vigilarán de cerca las próximas publicaciones del IPC de junio y del índice de precios de producción, que se conocerán antes de la reunión del BCE de julio.
Veredicto Merca2
Cotización al cierre o apertura: El IBEX 35 cerró el jueves prácticamente plano, con una ligera caída del 0,1%, reflejando la cautela ante el repunte de la subyacente y la incertidumbre geopolítica. El mercado descuenta un verano volátil.
Clave técnica: La prima de riesgo española se mantiene en 72 puntos básicos, un soporte que podría ceder si el barril Brent supera los 95 dólares. El diferencial con Italia se ha estrechado a solo 7 puntos, señal de que el mercado aún no penaliza a España por el conflicto energético.
Apunte macro: CEOE ve un escenario de inflación media del 3,1% siempre que Irán no corte el flujo de crudo. Si el conflicto se alarga, el IPC podría rozar el 4% en el segundo semestre, anulando cualquier posibilidad de nuevos recortes del BCE antes de final de año.




