EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Ayuntamiento de Madrid presenta las 47 nuevas cabinas de cristal del teleférico, que reabrirá en el primer trimestre de 2027 con capacidad para 1.800 viajeros/hora.
- ¿Quién está detrás? El delegado de Movilidad, Borja Carabante, y la Empresa Municipal de Transportes (EMT) de Madrid.
- ¿Qué impacto tiene? Duplica la velocidad (de 3,5 a 6 m/s) y la capacidad, acorta el trayecto y convierte la instalación en una atracción turística no subvencionada.
El Ayuntamiento de Madrid ha presentado este miércoles las 47 nuevas cabinas de vidrio del teleférico, una renovación total que reabrirá al público en el primer trimestre de 2027 y que duplicará la capacidad de viajeros por hora hasta los 1.800 pasajeros.
Cabinas panorámicas con suelo de cristal: la nueva imagen del teleférico
Las cabinas, mostradas en el stand municipal de la feria Global Mobility Call en Ifema, son el principal atractivo de una reforma que empezó hace meses. Cada una tendrá capacidad para 10 personas —frente a las seis de las antiguas— y serán accesibles y plenamente acristaladas. Algunas incorporarán suelo de cristal para una vista vertical del parque.
Se fabricarán 47 unidades, menos que las 78 anteriores, pero el nuevo sistema de pinza desembragable y cable único permitirá mayor frecuencia. El diseño elimina la estructura de dos cables que sostenía las viejas cabinas y moderniza por completo la instalación, que llevaba cerrada desde 2023 por un mantenimiento que se prolongó más de lo previsto.
Más velocidad, menos tiempo de vuelo y una base de Bicimad
El teleférico pasará de 3,5 metros por segundo a 6 m/s, lo que reduce notablemente la duración del trayecto. Algunos viajeros consideran esta aceleración una desventaja, porque acorta la experiencia de sobrevolar el parque del Oeste, el Manzanares y la Casa de Campo a 40 metros de altura. Sin embargo, el Ayuntamiento prima la eficiencia: la capacidad total sube de 1.200 a 1.800 personas por hora.
Además, la Empresa Municipal de Transportes (EMT) instalará una base de Bicimad en la estación de Casa de Campo —el doble espacio es intencionado— para fomentar la movilidad activa en el pulmón verde de la ciudad. Hasta ahora solo se podía acceder en coche o andando.
Borja Carabante ha dejado claro que el teleférico no funcionará como transporte público subvencionado. “Se trata de una atracción y debe tener una tarifa distinta”, afirmó el delegado, quien avanzó que el precio aún no está decidido. La reforma completa de estaciones e instalaciones prevé terminar las obras antes de finales de 2026 y arrancar las pruebas con las nuevas cabinas de cara a la reapertura.
La reforma convierte al teleférico en una experiencia turística de alto rendimiento, pero renuncia a su posible función como transporte público subvencionado.
Hoja de Ruta: Claves del Viaje
El impacto del nuevo teleférico se mide en tres ejes. En lo turístico, suma un atractivo panorámico de primer orden: las cabinas de cristal y el suelo transparente ofrecen una vista de 360 grados que ninguna otra instalación de la ciudad iguala. En lo funcional, la duplicación de capacidad y la velocidad acercan la Casa de Campo a los barrios del oeste, aunque el viaje dure menos. En lo económico, la tarifa, aún por definir, marcará la diferencia entre un servicio ocasional y una actividad recurrente para madrileños y visitantes.
La zona cero es el corredor que une el Balcón de Rosales con la Casa de Campo, un trazado que sobrevuela el parque del Oeste, el río Manzanares y el pulmón verde. La reforma aspira a coser una brecha histórica: Madrid, según Carabante, “ha vivido de espaldas al río y a la Casa de Campo”. La nueva base de Bicimad en el extremo del teleférico refuerza esa conexión.
El dato clave es la velocidad de 6 metros por segundo y la capacidad de 1.800 viajeros por hora, que multiplican por 1,5 la oferta anterior. Detrás del dato hay un cambio técnico completo: se abandona el sistema bicable de pinza fija por uno monocable desembragable, más moderno y con menor mantenimiento. La reapertura, prevista para el primer trimestre de 2027, pondrá a prueba si el teleférico puede ser rentable sin ayudas públicas y si el viaje, ahora más breve, conserva el atractivo de la contemplación pausada.
La decisión de desmarcarse del transporte subvencionado deja al teleférico en un limbo tarifario. Si el precio se asemeja al de una atracción turística clásica, podría limitar el uso vecinal; si se modera, cumpliría una función de movilidad no declarada. El Ayuntamiento tiene unos meses para definir el modelo, mientras las obras avanzan hacia la fecha prometida.





