Vodafone España ha logrado en el primer trimestre de su ejercicio fiscal 2026 un vuelco en la rentabilidad que pocos analistas anticipaban. Las pérdidas netas se han reducido casi un 60%, hasta los 189 millones de euros, mientras los ingresos se mantienen prácticamente estables con un leve incremento del 2% interanual. Una mejora que llega justo cuando el sector de las telecos en España se prepara para una de las mayores operaciones corporativas de la década.
La mano de Zegona y la receta de la eficiencia
Desde que Zegona Communications tomó el control de la filial española, la estrategia ha sido clara: recortar costes donde sobraba grasa y concentrar las inversiones comerciales en los segmentos de mayor valor. Los resultados del trimestre enero-marzo son la primera foto nítida de ese plan. El EBITDA ajustado creció un 7%, apuntalado por la reducción de gastos operativos y una política de precios más disciplinada.
La empresa ha renegociado contratos con proveedores de red, ha simplificado su catálogo de tarifas y ha acelerado la migración de clientes hacia planes de mayor valor añadido. Además, los ajustes de plantilla ejecutados el año pasado empiezan a reflejarse en la cuenta de resultados. Todo ello sin que la base de clientes sufra una erosión significativa: la compañía mantiene cerca de 25 millones de líneas, entre móviles y banda ancha fija.
La cuenta atrás hacia la fusión con Telefónica
La recuperación operativa de Vodafone España alimenta los rumores de una integración con Telefónica, que lleva meses sondeando alianzas para ganar escala en un mercado donde la rentabilidad por línea lleva años bajo presión. Fuentes del sector apuntan a que las conversaciones preliminares avanzan, aunque ninguna de las dos partes ha confirmado públicamente el calendario.
Una fusión entre ambos operadores crearía un gigante con más del 55% de cuota de mercado en telefonía móvil y obligaría a desinversiones para obtener el visto bueno de la CNMC y de Bruselas. Los analistas creen que la operación podría estructurarse como una compra de Vodafone España por parte de Telefónica, con Zegona recibiendo una participación en la sociedad resultante.
La mejora de resultados llega en el momento preciso. Vodafone España ha dejado de ser un lastre para convertirse en una pieza apetecible, lo que fortalece la posición negociadora de Zegona. La firma británica podría aspirar a una valoración cercana a los 5.000 millones de euros si el flujo de caja operativo sigue la senda ascendente.
Vodafone España ha pasado de ser un lastre a un activo estratégico en menos de dos años. La fusión con Telefónica podría ser el último movimiento de una consolidación acelerada.
El nuevo tablero de las telecos en España
Más allá de la posible fusión, los resultados de Vodafone España confirman una tendencia que ya se había visto en Orange y MásMóvil tras su integración: la consolidación permite a los operadores mejorar márgenes incluso con ingresos planos. La clave no está en pelear por clientes de bajo valor, sino en exprimir la eficiencia de las redes compartidas y en doblar la apuesta por los servicios digitales a empresas.
No obstante, la mayoría de los analistas cree que el verdadero salto llegará cuando se resuelva el encaje regulatorio. La CNMC ya ha advertido de que no tolerará una reducción de la competencia que perjudique a los consumidores. Y Bruselas, aunque más pragmática, exigirá contrapartidas sólidas, como la cesión de espectro o la apertura mayorista de las redes de fibra en zonas rurales.
De momento, Vodafone España puede presumir de haber recuperado el pulso. La incógnita es si esa mejora basta para sellar una operación corporativa de este calibre o si, por el contrario, Zegona optará por exprimir el activo en solitario otros dos o tres ejercicios antes de ponerlo en venta.




