Marcos Mazzuka, especialista en medicina regenerativa: “La protección solar y la hiperprotección solar inducen más al cáncer que prevenirlo”

El médico Marcos Mazzuka sostiene que la intoxicación química cotidiana está detrás del aumento de enfermedades modernas y cuestiona hábitos considerados saludables, como la hiperprotección solar, alertando sobre el impacto silencioso de tóxicos presentes en alimentos, cosméticos y hogares.

Analíticas normales, pero cansancio crónico. Cabello que cae sin explicación. Enfermedades complicadas como el cáncer. Concentración que falla sin motivo aparente. Marcos Mazzuka, médico cirujano y pediatra graduado en la Universidad de Roma con más de treinta años de experiencia clínica, tiene una respuesta para todo eso. Y cabe en una palabra: intoxicación.

Lo que este especialista en medicina regenerativa celular lleva décadas documentando en su clínica es que la enfermedad moderna no viene principalmente de los genes ni del azar. Viene de lo que respiramos, tocamos y consumimos cada día, y de la incapacidad que tiene el cuerpo de la mayoría de las personas para eliminar esa carga tóxica acumulada que, en el peor de los casos, puede llegar a generar cáncer.

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Nacemos intoxicados y la industria lo sabe

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Mazzuka explica que investigadores han encontrado en el cordón umbilical de recién nacidos más de 200 sustancias tóxicas. «Nacemos intoxicados«, afirma, y lo respalda con una cadena causal que empieza décadas antes del nacimiento: las madres nacidas en los años ochenta ya acumulaban una carga tóxica importante, que transmitieron durante el embarazo y la lactancia. Los hijos nacidos a partir del año 2000, lo que Mazzuka llama la generación hipertóxica, llegaron al mundo con tóxicos desde la concepción.

El error más extendido, según él, es creer que el problema se limita a los alimentos ultraprocesados. En realidad, eso es solo la punta del iceberg. Los productos de limpieza del hogar, los cosméticos, los envases de plástico, las sartenes de aluminio, las cápsulas de café y hasta el agua potable tratada con sulfato de aluminio forman parte del mismo circuito de exposición continua. Y el aluminio, en concreto, no es un detalle menor: un estudio publicado en 2021 señala que si no hay aluminio no hay Alzheimer, según cita Mazzuka.

El cuerpo tiene un solo gen diseñado para la autodesintoxicación, el MTHFR, y solo el 13% de la población mundial lo tiene funcionando con plena eficacia. El 46% lo tiene bloqueado a la mitad. Un 33% adicional lo tiene bloqueado en un 75%. Sumados, más del 80% de las personas no están biológicamente equipadas para vivir en un entorno tan saturado de química industrial. Las consecuencias que Mazzuka ve con mayor frecuencia en consulta son siempre las mismas dos: enfermedades autoinmunitarias y cáncer. Y lo que hace décadas eran diagnósticos propios de pacientes de sesenta o setenta años aparece ahora en gente de veinticinco o treinta.

El sol no provoca cáncer, pero el protector solar sí puede hacerlo

El sol no provoca cáncer, pero el protector solar sí puede hacerlo
Fuente: agencias

Una de las afirmaciones más provocadoras de Mazzuka apunta directamente a un hábito instalado en la cultura de la salud preventiva. «La protección solar y la hiperprotección solar inducen más cáncer que prevenirlo», sostiene, apoyándose en un artículo publicado sobre el cáncer por Harvard en 2018. El mecanismo es bioquímico: los filtros solares bloquean la síntesis de vitamina D, y sin vitamina D el cuerpo pierde una de sus barreras más potentes contra la proliferación celular descontrolada.

Un estudio de la Universidad de California de 2005 mostró que las personas con niveles de vitamina D por debajo de 65-67 microgramos por 100 mililitros de sangre tienen casi triplicado el riesgo de cualquier tipo de cáncer, no solo el de piel. El problema es que prácticamente el 100% de la población llega a los análisis con la mitad de ese nivel o menos. La vitamina D estimula la producción de una proteína llamada E-caderina, que actúa como una grapa que mantiene unidas las células. Cuando esa unión falla, una célula cancerígena puede multiplicarse sin control. Cuando existe, el sistema inmunitario la elimina antes de que el proceso avance.

El autismo sigue la misma lógica de fondo que el cáncer. Mazzuka recuerda que en los años ochenta la estadística era de un niño con diagnóstico autista por cada 10.000 nacidos vivos. Hoy esa proporción es de uno por cada 48. Mercurio y glifosato son, según la evidencia que maneja, los dos factores tóxicos con mayor peso demostrado en ese incremento. Y no puede tratarse de un factor genético, porque una mutación genética necesita miles de años para instalarse en una población. Cuarenta años no alcanzan.

La propuesta práctica de Mazzuka para reducir la exposición pasa por cambios concretos: guardar los alimentos en vidrio en lugar de plástico, eliminar el papel de aluminio de la cocina, y asumir una regla tan simple como efectiva para los productos de limpieza: si huele, es tóxico. Sin excepciones, aunque huela a limón o a pino. Esos aromas no son naturales; son moléculas sintéticas que llegan al cerebro directamente a través del nervio olfatorio. La industria química no va a detenerse sola. La decisión de reducir la exposición, dice Mazzuka, es personal.


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