SpaceX desvela el folleto de su OPV 2026: 4.200 millones en pérdidas y Musk como dueño absoluto

El folleto registrado ante la SEC revela que la compañía perdió 4.200 millones en su último ejercicio fiscal, pero aspira a una capitalización de 1,25 billones de dólares. Elon Musk retiene el 98% de los derechos de voto pese a diluir su participación económica.

SpaceX perdió 4.200 millones de dólares el último ejercicio. Y su fundador, Elon Musk, concentra el 98% del poder de voto. Así de contundente es la fotografía que deja el folleto de su inminente salida a bolsa.

Las cifras del S-1: pérdidas, ingresos y un control inquebrantable

El documento, registrado ante la SEC el pasado viernes 15 de mayo SpaceX detalla que la compañía generó más de 13.000 millones en ingresos, impulsada por los lanzamientos comerciales y la base de suscriptores de Starlink. Sin embargo, el coste de los ambiciosos desarrollos —Starship, la red de satélites de segunda generación y la expansión de la planta de Boca Chica— disparó las pérdidas hasta los 4.200 millones de dólares, casi el doble que el año anterior.

Publicidad

La estructura de acciones es, si cabe, más reveladora. Musk posee apenas el 25% del capital, pero atesora un 98% de los derechos de voto gracias a una clase de acciones ‘clase C’ que multiplica por 50 el poder de cada título. Es decir, la OPV inyecta capital fresco, pero no diluye el mando. Elon Musk seguirá teniendo la última palabra sobre cualquier decisión estratégica, desde el calendario de misiones a Marte hasta el nombramiento del consejo.

Goldman Sachs, Morgan Stanley y Santander encabezan el sindicato colocador. Las comisiones de una operación que busca levantar 80.000 millones de dólares —la mayor cantidad jamás captada en un estreno bursátil— se perfilan como un suculento bocado para la banca de inversión.

Una valoración de 1,25 billones: ¿el mayor estreno bursátil de la historia?

Los bancos coordinadores barajan una horquilla de precio que sitúa la capitalización de SpaceX en 1,25 billones de dólares. De materializarse, pulverizaría el récord que ostenta Saudi Aramco desde 2019 (294.000 millones captados en su momento). Para ponerlo en contexto: solo tres empresas cotizadas en el mundo —Apple, Microsoft y Nvidia— superan hoy esa marca.

La operación se estructura en dos tramos: unos 50.000 millones corresponderían a una ampliación de capital, dinero fresco que iría directamente a las arcas de la empresa; el resto, unos 30.000 millones, procedería de la venta de acciones por parte de los accionistas actuales, incluido el propio Musk. El destino de los fondos, según se desprende del folleto, es financiar la constelación Starlink V3, acelerar el ritmo de vuelos de Starship y construir una segunda plataforma de lanzamiento en Florida.

Aun así, conviene no perder de vista un dato: SpaceX nunca ha cerrado un ejercicio en verde. Los 4.200 millones de pérdidas son un hándicap pesado, aunque en la documentación se anticipa que el punto de equilibrio puede alcanzarse en 2028 si se mantiene el ritmo actual de contratación de lanzamientos y Starlink sigue sumando abonados.

Por qué sale a bolsa ahora y qué significa para el sector espacial

La pregunta que planea sobre la operación es el ‘timing’. ¿Por qué ahora? En el sector se lee como una jugada de Musk para blindar financieramente a SpaceX antes de que el ciclo de liquidez global se contraiga. La compañía necesita decenas de miles de millones para seguir alimentando un ritmo de innovación que la competencia —Blue Origin, Rocket Lab, la constelación Kuiper de Amazon— apenas puede seguir.

Hay una lectura estratégica de fondo: la OPV de SpaceX puede marcar un antes y un después en la industria aeroespacial. Por un lado, valida el modelo de empresa privada como motor de la exploración; por otro, introduce una presión trimestral de resultados que hasta ahora no existía. Algunos analistas temen que la cultura de ‘form, fit and function’ que ha definido a SpaceX choque con la burocracia del inversor minorista.

Desde esta redacción creemos que el mayor riesgo no son las pérdidas, sino la gobernanza. Un fundador con poder absoluto y una estructura de clases de acciones que minimiza el voto externo es una fórmula que ya hemos visto en otras tecnológicas con suerte dispar —Meta, por ejemplo—. Si el plan de Marte se retrasa o el coste de Starship se dispara aún más, los accionistas tendrán muy poco margen de influencia real. De momento, el debut en bolsa está previsto para el segundo semestre, aunque aún no hay fecha concreta fijada. El mercado, mientras tanto, ya empieza a hacer sus apuestas.


Publicidad