Nvidia ha presentado unos resultados del primer trimestre de 2026 que baten de nuevo al consenso. Pero el mercado ha respondido con un castigo del 6% en after-hours. La previsión de ingresos de 91.000 millones de dólares para el próximo trimestre ha quedado por debajo de lo que esperaban los analistas, que manejaban una horquilla cercana a los 94.000 millones. Es el primer tropiezo en la narrativa de crecimiento imparable que ha llevado a la compañía a ser la más valiosa del mundo.
Claves de la operación
- El guidance de 91.000 millones decepciona al consenso. Los analistas esperaban unos 94.000 millones para el segundo trimestre. La brecha de 3.000 millones refleja, según la compañía, un entorno de demanda más incierto y la exclusión voluntaria de China en las previsiones.
- La competencia en chips de IA se intensifica. Huawei ha ganado tracción en el mercado chino con sus Ascend, mientras AMD y los chips Trainium de Amazon muerden cuota en inferencia. Nvidia sigue liderando, pero el margen de maniobra se estrecha.
- El beneficio por acción supera expectativas. El BPA del primer trimestre fue de 1,87 dólares, frente a los 1,77 estimados. La división de centros de datos mantiene un crecimiento de triple dígito, aunque con una ligera desaceleración respecto a trimestres anteriores.
El guidance que enfría al mercado
En esta redacción hemos seguido de cerca las presentaciones de resultados de Nvidia durante los últimos dos años, y en todas ellas la tónica era similar: guidance que pulverizaba expectativas y reacción alcista inmediata. Esta vez la dinámica ha cambiado.
Los 91.000 millones de dólares previstos para el segundo trimestre representan un crecimiento del 62% interanual, una cifra que cualquier otra empresa celebraría. Pero el mercado ya había interiorizado que Nvidia juega en otra liga. La desaceleración del crecimiento, aunque leve, activa las alarmas de quienes llevan meses preguntándose cuándo se tocará techo.
La reacción del after-hours ha sido contundente: las acciones cayeron un 6%, borrando parte de las ganancias acumuladas en lo que va de año. El mercado descuenta que la era de las sorpresas colosales al alza puede estar llegando a su fin.
Cosas que pasan en 2026.
El dato que sí ha gustado es el BPA del primer trimestre. Los 1,87 dólares por acción superan en un 5,6% las estimaciones del consenso, impulsados por márgenes que se mantienen en niveles extraordinarios. La división de centros de datos sigue siendo un cohete: crece un 112% respecto al mismo trimestre del año anterior, con los chips Blackwell representando ya el 40% de los ingresos del segmento.
China, el elefante en la sala
Uno de los factores que más pesa en la decepcionante previsión es la exclusión de China del guidance. La compañía ha admitido que no ha incluido pedidos del mercado chino en sus estimaciones para el segundo trimestre, en un contexto de renovadas restricciones a la exportación por parte de Washington.
Mientras tanto, Huawei sigue ganando terreno con sus chips Ascend en el mercado doméstico chino. Fuentes del sector estiman que la cuota de Huawei en IA dentro de China ha pasado del 8% al 22% en apenas dos años, un ritmo de crecimiento que inquieta en Santa Clara. Nvidia sigue siendo el proveedor dominante a nivel global, pero China representa un mercado que no puede permitirse perder sin más.
De hecho, el propio CEO de la compañía, Jensen Huang, ha reconocido en llamadas con analistas que la situación geopolítica añade una capa de incertidumbre que no existía hace 18 meses. La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha pasado de ser un riesgo teórico a un lastre concreto en las cuentas.
Observamos una compañía que sigue creciendo a un ritmo excepcional, pero que ya no puede ignorar la presión competitiva ni el factor geopolítico en sus previsiones.
¿El principio del fin de la fiesta?
Consideramos que reducir el análisis de estos resultados a un simple «guidance flojo» sería un error. Lo que está ocurriendo es más profundo. La aparición de alternativas creíbles en el mercado de chips para IA, como los chips Trainium de Amazon o los MI400 de AMD, está empezando a fragmentar un mercado que hasta hace poco era prácticamente un monopolio de facto.
La cuota de mercado de Nvidia en aceleradores para IA ha pasado del 92% al 81% en el último año, según estimaciones de la consultora Omdia. Sigue siendo dominante, pero la erosión es real y medible. Y en un mercado que valora a la compañía por encima de los 3 billones de dólares, cualquier pérdida de cuota se magnifica en la cotización.
En paralelo, los hyperscalers —Microsoft, Google, Amazon— están acelerando el desarrollo de chips propios para reducir su dependencia de Nvidia. AWS ya entrena parte de sus modelos con Trainium, y Google ha anunciado la sexta generación de sus TPU con integración nativa en su ecosistema de IA. La estrategia de los grandes clientes es clara: diversificar proveedores y, a medio plazo, internalizar la capacidad de computación que hoy compran a Nvidia a precios que consideran insostenibles.
No es un problema inmediato. Nvidia tiene una cartera de pedidos que se extiende hasta bien entrado 2027, y la transición a Blackwell ha generado una demanda que supera con creces la oferta. Pero las señales están ahí.
Para el inversor español, Nvidia sigue siendo una historia de crecimiento formidable, pero con matices. Fondos como Bestinver, Cobas o AzValor mantienen exposición al sector a través de ETFs o posiciones indirectas, pero el riesgo geopolítico y la mayor competencia aconsejan vigilar de cerca los próximos trimestres. La gran pregunta es si 2026 marcará el año en que el crecimiento de Nvidia pasó de vertical a simplemente muy bueno.
El plot twist no lo esperaba nadie.
En cualquier caso, habrá que seguir de cerca el cierre de la sesión regular de mañana y, sobre todo, la conference call ampliada que la compañía ha convocado para el 22 de mayo. Será la primera oportunidad para que Huang explique con más detalle cómo piensa defender su posición en China y qué espera de la siguiente generación de chips, Rubin, cuyo lanzamiento está previsto para finales de 2026.




