81.620 millones de dólares. Esa es la cifra que acaba de publicar Nvidia para su primer trimestre fiscal de 2026. Los ingresos han superado las expectativas de Wall Street en casi 2.500 millones, y la reacción en los mercados no se ha hecho esperar. Las acciones de los mineros de Bitcoin —como MARA Holdings y Riot Platforms— han subido con fuerza en las horas posteriores al anuncio, confirmando una tendencia que ya lleva meses gestándose: la frontera entre inteligencia artificial y minería de criptomonedas es cada vez más difusa.
Los números que han sacudido al mercado
Los resultados trimestrales de Nvidia, presentados este 20 de mayo, no dejan lugar a dudas: los ingresos ascendieron a 81.620 millones de dólares, un 3% por encima de los 79.190 millones que esperaba el consenso de analistas. El beneficio por acción ajustado llegó a 1,87 dólares, también por encima de lo previsto. Pero lo más llamativo fueron las previsiones para el segundo trimestre: entre 89.180 y 92.820 millones de dólares, cuando Wall Street anticipaba 87.360 millones.
La división de centros de datos, motor del auge de la IA, generó 75.200 millones de esos ingresos, frente a los 73.480 millones estimados. Según la propia Nvidia en su portal de noticias, la demanda de su arquitectura Blackwell sigue acelerándose, impulsada por grandes proveedores de nube y proyectos nacionales de IA. La arquitectura Blackwell, presentada el año pasado, es la más avanzada de la compañía y promete multiplicar por varias veces la eficiencia en entrenamiento de modelos. Que la demanda siga disparada es una señal de que los gigantes del cloud computing no están dispuestos a dejar pasar la oportunidad de la IA generativa.
Por qué los mineros de Bitcoin se benefician
Para entender la subida de las mineras de Bitcoin hay que mirar más allá de los gráficos de criptomonedas. Empresas como MARA Holdings (antes Marathon Digital) o Riot Platforms operan enormes granjas de ordenadores que validan transacciones en la red de Bitcoin, un proceso conocido como minería. Pero desde hace meses están diversificando su capacidad de cómputo hacia tareas de inteligencia artificial, alquilando parte de sus centros de datos para entrenar modelos de lenguaje y otras aplicaciones.
El razonamiento es simple: cuando Nvidia publica resultados récord, confirma que la demanda de infraestructura de IA sigue al alza. Y si los mineros ya tienen la energía, las instalaciones y la experiencia en computación de alto rendimiento, los inversores los ven como beneficiarios indirectos. De ahí que las acciones de MARA subieran más de un 8% en las primeras horas tras el informe, y las de Riot alrededor de un 6%. El mercado premia la diversificación.
Esta dinámica no es nueva. Ya en el ciclo anterior, cuando el precio del bitcoin cayó en 2022, los mineros que supieron diversificar sus ingresos —por ejemplo, ofreciendo potencia de cálculo para investigación científica— resistieron mejor la tormenta. Ahora, con la inteligencia artificial como nuevo cliente potencial, la estrategia parece repetirse, pero con un aliado de mucho más peso económico.
No solo los mineros se han movido. Las criptomonedas vinculadas a proyectos de inteligencia artificial, como el token FET de Fetch.ai o AGIX de SingularityNET, también registraron alzas cercanas al 2% en las horas posteriores a los resultados de Nvidia, según datos de CoinGecko. Un repunte que, aunque modesto, muestra cómo el sentimiento en torno a la IA permea cada vez más en el ecosistema cripto.
Más allá de la euforia: riesgos y lo que viene
Conviene mantener la cabeza fría. La conexión entre la minería de Bitcoin y la IA tiene sentido sobre el papel, pero está lejos de ser un matrimonio blindado. La rentabilidad de las mineras sigue dependiendo del precio del bitcoin, una variable que históricamente ha mostrado una volatilidad extrema. En 2022, muchas de estas compañías estuvieron al borde de la quiebra tras el desplome del mercado. De hecho, el gigante Core Scientific se acogió al Capítulo 11 de la ley de quiebras estadounidense. La recuperación ha sido notable, pero el recuerdo de aquellos meses de deuda insostenible y contratos energéticos millonarios sigue presente. Ahora, el contexto es distinto: los grandes fondos han entrado en el sector, y la adopción institucional ha madurado. Pero nadie puede garantizar que las criptomonedas sigan subiendo sin pausa.
Además, el giro hacia la IA no es gratis. Adaptar los centros de minado para tareas de inteligencia artificial requiere inversiones millonarias en refrigeración, cableado y sistemas de gestión de datos. Y compiten con gigantes como Amazon Web Services o Microsoft Azure, que llevan años optimizando esta infraestructura.
Dicho de otro modo, la euforia tras los resultados de Nvidia tiene fundamento, pero el inversor minorista haría bien en no confundir correlación con causalidad. La pregunta no es si los mineros se beneficiarán puntualmente del ciclo de la IA —ya lo están haciendo—, sino si serán capaces de construir un negocio rentable y sostenible al margen de la montaña rusa del bitcoin. La montaña rusa del bitcoin es célebre: en los dos últimos ciclos, el precio ha llegado a caer más de un 70% desde sus máximos, para luego multiplicarse por cuatro. Quien invierte en mineras apuesta no solo por su capacidad técnica, sino por la continuidad de una tendencia alcista que, como siempre, no tiene garantías.




