La inflación en España alcanza el 3,2% en abril de 2026 y lidera Europa

El encarecimiento de la electricidad y los carburantes, impulsado por el conflicto en Irán, eleva los precios un punto más que la media europea. Las empresas intensivas en energía afrontan un nuevo repunte de costes justo cuando intentan recuperar márgenes.

La inflación en España se disparó al 3,2% en abril, el registro más alto de la eurozona. El dato, publicado por Eurostat y confirmado por el INE, confirma una tendencia que ya venía avisando el Banco de España: la energía está volviendo a tensar los precios y, con ellos, los márgenes de las empresas españolas.

El 3,2% sitúa a España un punto por encima de la media de la zona euro (2,1%) y la aleja del objetivo del 2% del BCE. La última vez que España alcanzó este nivel fue en el verano de 2023, en plena escalada del gas por la invasión de Ucrania. Ahora, el conflicto en Irán ha vuelto a encarecer el crudo y la electricidad.

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La energía, el motor del repunte inflacionista en España

El precio medio de la electricidad en el mercado mayorista español saltó en abril hasta los 115 euros/MWh, un 35% más que en el mismo mes de 2025. El gas natural TTF se pagó a 48 euros/MWh, frente a los 32 de hace un año. Las sanciones a las exportaciones iraníes y las interrupciones en el estrecho de Ormuz han disparado la prima de riesgo energética global. Y España, con una dependencia exterior del 73%, es especialmente vulnerable.

Pero la inflación energética no viene sola. Los costes de producción y transporte se filtran a otros sectores. Los alimentos elaborados subieron un 4,1% interanual; los servicios ligados al turismo, un 5,2%. La energía explica más del 60% del aumento del IPC de abril, según los modelos de descomposición que manejan los analistas.

Empresas bajo presión: de las eléctricas a la gran distribución

La factura energética de una industria como la cerámica de Castellón se ha disparado un 20% en el último trimestre, según los datos de la patronal Ascer. Las grandes superficies de distribución también notan el golpe: el coste de la cadena de frío y la logística de última milla ha encarecido el transporte de alimentos frescos entre un 8% y un 12%.

Esto tiene una lectura empresarial directa. Mercadona, Lidl y Carrefour ya han empezado a ajustar las fichas de producto en algunas referencias. En alimentación, el encarecimiento de los inputs energéticos amenaza con erosionar los márgenes brutos que tanto trabajo costó recuperar tras la crisis de 2022. El consumidor, mientras, nota que la cesta media ha subido entre 22 y 28 euros al mes respecto al año pasado.

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Por qué España sufre más inflación que sus vecinos y el papel de la fiscalidad energética

He revisado las series largas de Eurostat y hay un patrón que se repite: cada vez que el precio del crudo sube con intensidad, España registra una inflación diferencial de entre 0,8 y 1,5 puntos por encima de la media de la eurozona. No es casualidad. Nuestra cesta de consumo está más expuesta a la energía porque el peso de la electricidad, el gas y los carburantes en el IPC armonizado (IPCA) ronda el 12,7%, frente al 10,4% de Alemania o el 9,8% de Francia.

A esto se suma un factor fiscal que suele pasar desapercibido. El IVA de la electricidad bajó temporalmente al 10%, pero sigue por encima del tipo superreducido que muchos expertos consideran necesario. Además, los peajes y cargos fijos de la factura representan en España un porcentaje más alto que en otros países del euro. Las empresas electrointensivas llevan años reclamando una reforma que reduzca la asimetría competitiva con Francia, donde la energía nuclear abarata la tarifa industrial.

El otro gran riesgo es el efecto de segunda ronda. Si los convenios colectivos de 2026 indexan las subidas salariales a una inflación del 3,2%, las pymes y los autónomos se enfrentarán a un doble golpe: más costes laborales y más costes energéticos. El margen de maniobra se estrecha. Y con los tipos de interés aún en el 3,25% tras la pausa del BCE, la inversión productiva puede frenarse en seco.

Me parece que el dato de abril no es una sorpresa, pero sí un toque de atención. La inflación se está cronificando en un nivel que incomoda a las empresas, sobre todo a las que compiten en mercados internacionales con costes energéticos más bajos. ¿Hasta qué punto podrán absorber este golpe sin trasladarlo al precio final? La respuesta la veremos en los márgenes del segundo trimestre, y para entonces, el conflicto en Irán podría haberse complicado aún más.


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