Eduard Estivill (78), experto en sueño: “El sueño es un taller de reparación física y mental; si no duermes bien, no recuerdas”

El especialista en sueño Eduard Estivill explica cómo el estrés, la personalidad y los malos hábitos alteran el descanso, advierte sobre trastornos mal diagnosticados y recuerda que dormir bien es clave para la memoria, la salud física y el equilibrio emocional.

La falta de un sueño óptimo se ha convertido en una de las preocupaciones de salud más extendidas en la sociedad hiperconectada moderna. A menudo, las personas asumen que sus noches en vela se deben a patologías clínicas complejas, ignorando cómo sus rutinas y rasgos de personalidad determinan el comportamiento de su cerebro al apagar la luz.

Para el reconocido especialista Eduard Estivill, entender la naturaleza del descanso es fundamental para revertir un ciclo que afecta el rendimiento diario y el estado anímico. El experto desmitifica las causas del insomnio y revela que, en la mayoría de las ocasiones, la solución no reside en los fármacos, sino en comprender que “el dormir es lo más importante que hacemos a lo largo de la vida”.

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El sueño se construye desde que abrimos los ojos

El sueño se construye desde que abrimos los ojos
Fuente: agencias

Estivill propone una imagen sencilla para entender cómo funciona el sueño: un círculo dividido entre vigilia y sueño. Desde el momento en que nos despertamos, el cerebro comienza a producir sustancias químicas que, tras 16 o 18 horas activas, desencadenan la necesidad de dormir. Como él mismo explica, «el sueño empieza cuando abrimos los ojos por la mañana». Lo que hagamos con ese día determina en gran medida lo que ocurrirá esa noche.

El problema surge cuando el tipo de personalidad y las circunstancias vitales se alían en contra del descanso. Estivill describe a un perfil muy común: personas responsables, autocríticas, con tendencia a anticipar y a darle vueltas a todo. En ellas, el estrés acumulado funciona como un vaso que se llena gota a gota durante semanas, meses, años. Cuando llega la noche, ese vaso rebosante actúa como una tapadera que impide que aflore el sueño que el organismo ha estado fabricando durante horas. El resultado es un círculo que se retroalimenta: peor noche, peor día, y vuelta a empezar.

«El insomnio está condicionado por la forma de ser y lo que nos toca vivir», resume el especialista. No hay trasplante genético que cambie eso, y tampoco sirve de nada escapar: la personalidad viaja con cada uno. Por eso, la solución que propone la Sociedad Americana de Sueño no pasa por fármacos sino por técnicas cognitivo-conductuales, intervenciones que trabajan los patrones de pensamiento y comportamiento asociados al mal descanso.

Cuando el cuerpo engaña al médico: el síndrome de piernas inquietas

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Más allá del insomnio funcional, Estivill señala otra causa que pasa demasiado desapercibida. El síndrome de piernas inquietas afecta a personas que, al anochecer, sienten una sensación difícil de definir en las extremidades inferiores, algo entre el hormigueo y la inquietud que solo se alivia al moverse. El problema es que moverse y dormir son incompatibles. Estas personas pasan horas en la cama dando vueltas, levantándose, hasta que la sensación remite de madrugada.

La cifra que da Estivill resulta llamativa: algunos pacientes tardan más de 15 años en recibir un diagnóstico correcto. El motivo es que describir «un no sé qué en las piernas» no conduce, habitualmente, a una consulta de sueño. Conduce a ansiolíticos, antidepresivos o, en casos extremos, a medicación antipsicótica. «He tenido pacientes que han venido con antipsicóticos por un problema de sueño mal interpretado», cuenta el médico, con la mezcla de indignación y alivio de quien sabe que, al menos, llega a tiempo de corregirlo.

La causa suele ser una ferritina baja, es decir, una reserva de hierro insuficiente, aunque también puede tratarse de un déficit de dopamina. Una analítica sencilla puede ser el primer paso para resolver un trastorno que, en algunos casos, lleva décadas destrozando las noches de quien lo padece.

Estivill asegura que «el sueño es un taller de reparación y restauración de todo lo que gastamos durante el día». Durante el descanso, el cerebro consolida la memoria, procesa las emociones y repara el cuerpo. No es tiempo muerto. Es, probablemente, el trabajo más importante que hacemos. Como recuerda la sabiduría popular con una frase que el especialista cita con frecuencia: lección dormida, lección aprendida.


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