Cinco horas de sueño y varias tazas de café. Esa es la fórmula que Jesús Martín-Fernández, neurocirujano canario, define como suficiente para que el cerebro funcione a pleno rendimiento. Una afirmación que, viniendo de alguien que opera cráneos en Francia y España, no pasa precisamente desapercibida.
Lo que en boca de cualquier otra persona sonaría a imprudencia, en la suya encuentra respaldo científico y una coherencia de vida difícil de rebatir. Martín-Fernández no duerme poco por descuido ni por hábitos poco saludables, sino porque cada hora que no duerme la invierte en algo que considera más valioso aún: ser mejor para sus pacientes.
Lo que la ciencia dice sobre el cerebro y el descanso corto

El neurocirujano se apoya en un estudio de gran escala, con una muestra de aproximadamente 20.000 personas, que concluyó algo que desafía la recomendación estándar de ocho horas de sueño. Según esa investigación, cinco horas de descanso nocturno de buena calidad combinadas con una siesta de hora y media producen en el cerebro efectos equivalentes a dormir entre siete y ocho horas de manera continuada. Una conclusión que Martín-Fernández no solo conoce desde la teoría sino que experimenta en primera persona cada noche.
Su rutina habitual lo lleva a acostarse en torno a la una y media o las dos de la madrugada. En Francia, donde opera con frecuencia, las cirugías comienzan a las 7:30 de la mañana, lo que reduce aún más el margen disponible. Aun así, el médico asegura que su cerebro responde con la agudeza que exige cada intervención. La clave, según él, no está solo en las horas sino en la calidad de ese descanso y en la preparación mental que lo precede.
Antes de cerrar los ojos, Martín-Fernández revisa cada detalle de las cirugías del día siguiente: el estado de sus pacientes, la posición del equipo quirúrgico y cada paso del procedimiento. Su cerebro no descansa hasta que todo está en orden. Solo entonces se permite dormir. Y aunque reconoce que le cuesta conciliar el sueño con rapidez y que el proceso puede llevarle hasta media hora, la calidad del descanso una vez alcanzado es lo que marca la diferencia.
En cuanto a la siesta, el neurocirujano admite con total naturalidad que no es para él. La ha intentado en alguna ocasión puntual pero el resultado siempre es el mismo: se despierta desorientado y con la sensación de haber perdido tiempo valioso. Su cerebro, acostumbrado a funcionar a alta velocidad, no parece diseñado para esos períodos intermedios de desconexión.
Un titular que distorsionó la realidad y una carrera que habla por sí sola
La frase que más circuló sobre este neurocirujano en los medios españoles no fue ninguna de sus aportaciones científicas. Fue un titular sensacionalista que lo presentaba afirmando que moriría pronto a causa de su ritmo de vida.
Martín-Fernández no tardó en desmentirlo con cierta irritación: sus palabras originales, pronunciadas durante una entrevista nocturna justo antes de volar a una nueva jornada quirúrgica, fueron manipuladas para conseguir el clic fácil. Lo que él dijo era que si mantuviera ese ritmo sin moderarlo llegaría a los 40 en muy mal estado. Una matización que, naturalmente, no apareció en ningún titular.
El episodio le confirmó una desconfianza creciente hacia cierto tipo de periodismo y reforzó su convicción de que el trabajo habla por sí solo. A los 30 años recibe pacientes de Argentina y México que viajan específicamente para operarse con él. Su cerebro ha procesado miles de horas de formación, investigación y cirugías complejas sin que el cansancio haya comprometido ningún resultado.
Lo que mueve a este médico no es la adrenalina ni la vanidad sino una ambición muy concreta: ofrecer la mejor calidad de vida posible a cada persona que llega a su quirófano. Si eso implica acostarse a las dos de la madrugada y levantarse cinco horas después con el cerebro listo para volver a empezar, Martín-Fernández lo considera no un sacrificio sino una elección completamente consciente. Y los datos le dan la razón.





