Standard Chartered suprimirá más de 7.000 puestos de trabajo hasta 2030, alrededor del 7% de su plantilla global, según ha informado Reuters. La entidad británica, con presencia en España, busca elevar su rentabilidad sobre recursos propios (ROE) por encima del 10% para ese horizonte.
Un ajuste progresivo de plantilla en busca de eficiencia
El recorte afectará a aproximadamente 7.000 de los 84.000 empleados que el banco tiene en más de 50 mercados. La reducción se llevará a cabo de forma escalonada, recurriendo tanto a bajas naturales como a reestructuraciones voluntarias, según el plan esbozado por la dirección. El objetivo es mejorar el ratio de eficiencia, que en el último ejercicio rondó el 64%, una cifra que los inversores consideran mejorable en comparación con competidores como HSBC o el español Santander.
No es la primera vez que Standard Chartered emprende un ajuste de estas dimensiones. En 2015, bajo la dirección de Bill Winters, el banco eliminó unos 15.000 puestos en un intento de enderezar sus cuentas. Entonces, la entidad atravesaba una crisis de ingresos en sus mercados clave de Asia y África. Ahora, el contexto es distinto: la rentabilidad se ha recuperado, pero la presión por el retorno al accionista no cesa.
Presión por la rentabilidad en un sector en transformación
La banca europea lleva años inmersa en una carrera por la eficiencia. La digitalización, la competencia de las fintech y los bajos tipos de interés históricos han obligado a los grandes grupos a reconsiderar sus estructuras de costes. Standard Chartered no es una excepción. El banco, que obtiene la mayor parte de sus ingresos en Asia, se enfrenta al reto de reducir gastos sin perder la capacidad de servir a una clientela corporativa que exige cada vez más servicios transfronterizos.
En España, la presencia de Standard Chartered se limita principalmente a banca corporativa y de inversión. Fuentes del sector señalan que el impacto directo del recorte en nuestro país será, de entrada, moderado. Sin embargo, la noticia reaviva el debate sobre la resistencia del empleo en un sector financiero que, según la última encuesta del Banco de España, ha perdido más de 85.000 puestos en la última década.
El anuncio coincide con un momento en el que otros grandes bancos internacionales también revisan sus plantillas. Solo en lo que va de 2026, Citigroup ha anunciado la supresión de 5.000 puestos adicionales y Deutsche Bank ha reestructurado su división de banca minorista en Alemania, con un saldo neto de 3.500 salidas. La tendencia, según los analistas, es clara: la rentabilidad por encima del coste de capital —un 10% de ROE, en el caso de StanChart— pasa, cada vez más, por un menor número de empleados.
Análisis: ¿eficiencia sin perder talento?
Recortar plantilla es, en apariencia, la vía más rápida para mejorar la cuenta de resultados. Pero en banca, donde el conocimiento del cliente y la capacidad de estructurar operaciones complejas son el verdadero activo, la ecuación es más delicada. La salida de 7.000 empleados puede traducirse en un ahorro de costes cercano a los 500 millones de dólares anuales, según cálculos preliminares de analistas consultados por Reuters. Sin embargo, si esos recortes afectan a áreas de cobertura clave, el banco podría ver erosionada su capacidad de generar ingresos a medio plazo.
Me parece que Standard Chartered camina sobre una línea muy fina. Por un lado, necesita satisfacer a unos accionistas que desde hace años exigen un ROE de doble dígito. Por otro, no puede permitirse perder a los banqueros que le dan acceso a los grandes flujos comerciales entre Asia y África, su verdadera ventaja competitiva. La experiencia de otros bancos muestra que los recortes drásticos de personal muchas veces vienen seguidos de una pérdida de negocio que acaba por anular los ahorros conseguidos.
El plan, de aquí a 2030, deja margen suficiente para que el banco ajuste el ritmo de las salidas. Pero el reto real no es cuantitativo, sino cualitativo: conseguir que la plantilla que quede sea más productiva sin perder la capacidad de innovar. En un sector donde la inteligencia artificial empieza a sustituir tareas, pero no relaciones, el éxito del plan de Standard Chartered podría medirse más por los ingresos por empleado que mantenga que por el número de despidos.
La pregunta es si el mercado comprará esta nueva vuelta de tuerca. De momento, las acciones de Standard Chartered reaccionaron al alza tras conocerse la noticia. Pero ese optimismo inicial podría desinflarse si los próximos resultados trimestrales no muestran una mejora palpable en la eficiencia. El banco tiene margen hasta 2030. Los inversores, bastante menos.




