Moody’s advierte recesión en EE.UU. por aranceles de Trump: el empleo se frena

El economista jefe de Moody’s, Mark Zandi, sitúa la creación de empleo en mínimos desde 2023 y alerta del riesgo de recesión si no se reconducen los aranceles. La contratación se hunde y la confianza empresarial se evapora.

El empleo en Estados Unidos ha pisado el freno. Las señales de Moody’s apuntan a una recesión si la guerra comercial de la administración Trump no remite. Mark Zandi, economista jefe de la agencia, advierte que la creación de puestos de trabajo se ha desplomado desde la entrada en vigor de los aranceles.

El mercado laboral, que hasta hace unos meses mostraba una resiliencia sorprendente, ahora emite fisuras preocupantes. Según las últimas proyecciones de Moody’s, el ritmo mensual de contratación ha caído por debajo de los 100.000 nuevos empleos netos, cuando a principios de 2025 se superaban los 200.000 sin dificultad. La incertidumbre arancelaria ha congelado las decisiones de inversión y contratación en sectores clave como la manufactura y la tecnología.

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El empleo se congela tras la ofensiva arancelaria

La Administración Trump mantiene un abanico de aranceles que oscila entre el 10% y el 60% para distintos productos. Esta política, pensada para proteger la industria nacional, está produciendo un efecto búmeran: los pedidos empresariales se desploman y las plantillas se ajustan al nuevo entorno de menor demanda global. Zandi, en declaraciones recogidas por Yahoo Finance, señaló que «los datos de nóminas no dejan lugar a dudas: el crecimiento del empleo se ha frenado en seco».

Las pequeñas y medianas empresas, que concentran dos tercios del empleo privado, son las más golpeadas. Sin visibilidad sobre los costes de los insumos importados, muchas han optado por congelar las contrataciones indefinidas y recurrir a trabajadores temporales. Esa misma fragilidad se traslada a los indicadores de confianza del consumidor, que en mayo de 2026 han alcanzado mínimos de dos años.

Los aranceles adicionales sobre bienes de consumo, maquinaria y componentes electrónicos han disparado los costes de producción un 15% de media, según estimaciones internas de Moody’s. Empresas del sector del automóvil, con cadenas de suministro muy integradas en México y Canadá, se enfrentan a una tormenta perfecta: aranceles de represalia, menor demanda y financiación más cara. El panorama no invita al optimismo.

De la desaceleración a la recesión: las cifras que asustan a Moody’s

El modelo de Moody’s Analytics sitúa la probabilidad de recesión en Estados Unidos en torno al 45% para los próximos doce meses. Zandi explica que el principal motor de esa revisión al alza son los aranceles, no la política monetaria. «La Reserva Federal no puede hacer gran cosa contra un shock de oferta fabricado en Washington», afirmó. La paradoja es evidente: mientras los tipos de interés se mantienen en territorio restrictivo para domeñar la inflación, la economía real se contrae por el lado comercial.

Cosas que pasan cuando se juega con fuego.

El consumo interno, que representa el 70% del PIB estadounidense, empieza a resentirse. Los datos de ventas minoristas de abril, aún preliminares, apuntan a una caída intermensual del 0,4%, la primera en seis meses. Si los hogares aprietan el cinturón, la recesión dejará de ser una hipótesis para convertirse en un titular diario. Zandi ha recordado que la economía estadounidense ha entrado en recesión en ocho de las últimas diez ocasiones en que la confianza del consumidor cayó al nivel actual. Un dato que pesa como una losa.

La encrucijada de la política comercial y la Reserva Federal

La historia económica enseña que las guerras arancelarias rara vez terminan bien. El paralelismo con la Ley Smoot-Hawley de 1930, que agravó la Gran Depresión, es inevitable. Entonces, como ahora, la creencia de que los aranceles protegen el empleo nacional se estrelló contra la realidad de un comercio mundial colapsado. La gran diferencia en 2026 es que la economía parte de unos niveles de deuda pública y empresarial mucho más elevados, lo que reduce el margen de maniobra fiscal y monetario.

A mi juicio, el mayor error sería subestimar la velocidad a la que un mercado laboral aparentemente sólido puede deteriorarse. Basta con que la confianza empresarial se evapore durante dos o tres meses para que los despidos se disparen. Y la confianza se ha evaporado en las últimas semanas.

Para los ahorradores e inversores con exposición al dólar, este escenario introduce una prima de riesgo adicional. Los bonos del Tesoro a corto plazo vuelven a funcionar como refugio, pero la renta variable podría sufrir correcciones más severas si las previsiones de Moody’s se cumplen. La pregunta que los inversores deben hacerse no es si la economía estadounidense entrará en recesión, sino cuánto tardará la Reserva Federal en reaccionar. Si la inflación subyacente se mantiene por encima del 3%, un recorte de tipos podría ser contraproducente. Sin embargo, una recesión provocada por los aranceles no se cura con política monetaria: exige un giro diplomático. De momento, Moody’s ha puesto el contador en marcha. Y cada mes de incertidumbre comercial nos acerca un poco más al escenario que nadie quiere ver.


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