Meta vigila a sus empleados mientras prepara el despido de 8.000 personas

La compañía de Zuckerberg registra cada pulsación y captura de pantalla para entrenar sus modelos de IA mientras ejecuta un ajuste de plantilla sin precedentes. La legislación europea, y en particular la española, ponen en jaque esta práctica.

La multinacional estadounidense Meta ha comenzado a registrar de forma continua la actividad de sus empleados en el ordenador —cada tecla pulsada, cada movimiento del ratón, cada captura de pantalla— mientras ultima el mayor recorte de plantilla de su historia reciente: 8.000 despidos, equivalentes al 10% de su fuerza laboral global. La fecha fatídica es el 20 de mayo. La compañía insiste en que los datos alimentan sus modelos de inteligencia artificial, pero para la plantilla supone un control sin precedentes que añade presión a la incertidumbre sobre sus puestos. En esta redacción observamos un patrón que se repite en las grandes tecnológicas: la IA se convierte en coartada para prácticas laborales que en Europa rozarían la ilegalidad.

Claves de la operación

  • Vigilancia masiva para entrenar IA. La herramienta Model Capability Initiative (MCI) registra cada pulsación, clic y captura de pantalla en segundo plano, sin opción de desactivación, según confirmó el director de tecnología Andrew Bosworth.
  • Despidos inminentes el 20 de mayo. Meta comunicó la medida apenas dos días después de anunciar el sistema de seguimiento, lo que ha sumido a miles de empleados en una espera desmoralizante.
  • Choque regulatorio con Europa. Mientras en Estados Unidos la práctica es legal, en la UE vulneraría el Reglamento General de Protección de Datos; en España resultaría muy difícil de justificar.

Vigilancia ‘made in Silicon Valley’ por y para la inteligencia artificial

El sistema, bautizado internamente como Model Capability Initiative, funciona en segundo plano en los ordenadores de la empresa y toma capturas periódicas. El objetivo oficial: entrenar agentes de IA para que aprendan a manejar un PC como lo hace un humano. Sin embargo, la reacción de los trabajadores no se hizo esperar. Cientos de ellos preguntaron en canales internos cómo desactivar el seguimiento. La respuesta de Bosworth fue tajante: no existe esa opción.

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Un empleado llegó a escribirle directamente: «Tu insensibilidad ante las preocupaciones de tus propios trabajadores es preocupante». La coincidencia temporal con los despidos masivos ha elevado la crispación. Muchos reconocen estar buscando trabajo en otro sitio o desean ser incluidos en el listado para cobrar la indemnización. Otro exempleado definió la situación como «la última forma en que te meten la IA por la garganta».

La tensión se enmarca en una reorganización más amplia en torno a la inteligencia artificial. Meta ha impulsado semanas de formación obligatoria, paneles que miden el consumo de tokens para fomentar la competencia entre empleados y ha creado un nuevo perfil profesional genérico, AI builder, que sustituye a roles especializados. La directora financiera, Susan Li, admitió en una llamada con inversores que la compañía «realmente no sabe cuál será el tamaño óptimo de la empresa en el futuro». Una frase que no tranquiliza a quienes esperan noticias el 20 de mayo.

La brecha atlántica de los derechos digitales

En Estados Unidos no existe una ley federal que prohíba este tipo de monitorización, siempre que los trabajadores estén informados. La situación en Europa es radicalmente distinta. Valerio De Stefano, profesor de la Universidad de York, explicó a Reuters que la práctica probablemente vulneraría el RGPD. En Italia, rastrear la productividad con medios electrónicos está directamente prohibido; en Alemania, los tribunales solo permiten el registro de pulsaciones de teclas bajo sospecha de delito grave.

En España el escenario no sería más favorable para Meta. El artículo 20 bis del Estatuto de los Trabajadores exige que cualquier control digital respete la proporcionalidad y la intimidad, y la Agencia Española de Protección de Datos ha sancionado repetidamente a empresas que capturan datos de forma indiscriminada. Si la compañía intentara replicar la herramienta en su centro de operaciones europeo, con sede en Irlanda pero con teletrabajadores en nuestro país, se enfrentaría a denuncias casi seguras.

despidos Meta

Lo que Meta arriesga en el mercado laboral tecnológico europeo

El caso trae a la memoria los ajustes de plantilla de Telefónica, donde la negociación con los sindicatos y los planes de recolocación marcaron la pauta. En aquella ocasión, la operadora presidida por José María Álvarez-Pallete pactó salidas voluntarias para más de 3.000 empleados sin recurrir a la vigilancia como herramienta de presión. La diferencia de enfoque evidencia el choque cultural entre el modelo estadounidense y el europeo: aquí la tecnología está al servicio de la persona, no al revés.

Desde esta redacción consideramos que Meta podría estar cavando su propia fosa en la guerra por el talento. Los ingenieros y científicos de datos son el activo más disputado del sector, y una plantilla que se siente espiada y amenazada no duda en saltar a competidores con políticas más humanas. En España, empresas como Indra o las emergentes del ecosistema de IA llevan meses captando perfiles cualificados precisamente por ofrecer entornos menos intrusivos.

La vigilancia masiva, sin consenso y a las puertas de un despido, convierte lo que pudo ser un experimento de IA en un motivo de fuga de talento.

El 20 de mayo, Meta enfrentará no solo la reacción de los despedidos, sino el veredicto de los que se quedan. La legislación europea, con el RGPD como estandarte, pone una barrera que en Estados Unidos es inexistente. La pregunta que flota en el ambiente es si los recortes bastarán para calmar a los inversores o si, por el contrario, la sangría de talento y las posibles multas acabarán por pasar factura a la matriz de Facebook.


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