Orange ha movido ficha con un memorando de entendimiento que sienta las bases para construir un nuevo cable submarino de fibra óptica entre el sur de Europa y Sudáfrica, una ruta que aspira a diversificar la conectividad africana y blindar la resiliencia de internet en todo el flanco atlántico. No es solo infraestructura: en el trasfondo de este movimiento leemos una operadora que busca reequilibrar la partida frente a los gigantes tecnológicos que ya tienden sus propios cables.
Claves de la operación
- Un consorcio de siete operadoras firma el memorando. Orange, Sonatel, Canalink, GUILAB, Mauritania Telecom, Orange Côte d’Ivoire y Silverlinks inician los estudios de ruta y el proceso de licitación del fabricante.
- La nueva ruta rompe con los puntos críticos del Atlántico africano. El cable bordeará la costa occidental con nodos en Canarias, evitando la concentración de cables en lugares como Costa de Marfil, donde en 2024 fallaron cuatro a la vez.
- Orange refuerza su posición como operador submarino global. Con más de 450.000 kilómetros de cable gestionados y una filial especializada, la compañía se adelanta a la renovación de infraestructura envejecida y a la demanda de tráfico disparada por los servicios en la nube.
El proyecto, bautizado Via Africa, prevé puntos de amarre en Reino Unido, Francia, Portugal y las Islas Canarias por la parte europea, mientras que en África se desplegará en Mauritania, Senegal, Guinea, Costa de Marfil y Nigeria, aunque el trazado final aún está pendiente de cerrarse. La iniciativa responde a una urgencia silenciosa: el 95% del tráfico mundial de internet viaja por cables submarinos y la costa atlántica africana acumula sistemas que rozan las dos décadas de antigüedad, incapaces de absorber el crecimiento de tráfico que el continente registra año tras año.
Las Islas Canarias emergen como un nodo estratégico dentro del proyecto. Su inclusión convierte al archipiélago en una puerta de entrada secundaria al continente —con todas las implicaciones que eso tendrá para los centros de datos y los operadores cloud que necesitan rutas alternativas— y nos recuerda que, pese al dominio digital de Madrid o Barcelona, la conectividad submarina se juega en los extremos de la península y en sus islas.
El factor detonante hay que buscarlo en episodios como el apagón de marzo de 2024, cuando un desprendimiento submarino en la costa marfileña segó de golpe los cuatro cables que convergían en ese punto. Trece países de África Occidental subsistieron con una conectividad bajo mínimos durante semanas, y las empresas europeas que dependían de esas rutas acusaron el golpe en sus servicios. La lección fue cara: una sola zona de concentración física basta para poner en jaque a medio continente.
Este nuevo cable se suma, eso sí, a una oleada de inversión en infraestructura submarina africana que ya incluye el Equiano de Google —operativo desde 2023— y el colosal 2Africa de Meta, de 45.000 kilómetros. La diferencia radica en el modelo de propiedad: mientras los hyperscalers tienden cables de uso prioritario para sus propias plataformas, el consorcio de Via Africa propone un sistema abierto gestionado por operadoras tradicionales que aspiran a competir en el mismo tablero que las grandes tecnológicas.
La operación no convierte a Orange en líder atlántico, pero le otorga un asiento en la mesa de la renovación africana frente a Google y Meta.
El calendario, sin embargo, obliga a la prudencia. Un memorando de entendimiento no es un contrato de construcción. La fase actual se limita al estudio de ruta, el diseño definitivo y la preparación de una licitación para seleccionar al fabricante del cable. La hoja de ruta se desconoce: desde esta redacción estimamos que, considerando los plazos habituales en este tipo de proyectos, la entrada en servicio no llegaría antes de 2030. Y eso si el consorcio consigue cerrar la financiación y sortear los numerosos riesgos geopolíticos y logísticos que acechan al despliegue submarino en aguas transitadas.
Además, el trazado definitivo aún debe definir los nodos del sur de África, un tramo sensible porque determinará si el sistema evita o no los cuellos de botella históricos en el Golfo de Guinea. Lo que sí está claro es que Canarias juega un papel central: el cable tendrá allí un punto de conexión que refuerza la posición de España como plataforma de tránsito hacia África, algo que Telefónica, con su propia división de cables submarinos a través de Telxius, ha sabido explotar durante décadas.
La fragilidad de la infraestructura africana impulsa la inversión
África es la región donde más crece la demanda de ancho de banda del mundo, pero también la peor servida en términos de redundancia. Cables como SAT-3/WASC, de 2002, o WACS y ACE, ambos de 2012, no fueron diseñados para el tráfico que hoy exigen los servicios financieros, las plataformas de streaming o la inteligencia artificial. El fallo simultáneo de Costa de Marfil en 2024 puso de manifiesto que la arquitectura heredada es insuficiente, y los reguladores europeos y africanos lo saben.
En ese contexto, Via Africa no es un capricho tecnológico, sino una decisión de negocio que busca capturar el crecimiento del tráfico intercontinental y mitigar riesgos operacionales. Para Orange, que ya gestiona más de 450.000 kilómetros de fibra sumergida a través de Orange Marine, añadir un cable atlántico propio le permite aumentar la capacidad que ofrece a terceros y reducir la dependencia de rutas controladas por sus competidores digitales.
El pulso con los hyperscalers por el control de la conectividad
La irrupción de Google y Meta en el tendido de cables submarinos ha alterado por completo el ecosistema. Equiano y 2Africa son ejemplos de cómo los propietarios de los datos prefieren gestionar también las tuberías que los transportan. Orange, como operadora histórica, contraataca con un modelo abierto en el que siete socios comparten el riesgo y la propiedad. La pregunta es si esta estructura más colaborativa será suficientemente ágil para competir con la capacidad de ejecución unidireccional de los gigantes de Silicon Valley.

Los analistas consultados coinciden en que la clave no estará en la longitud del cable ni en su capacidad teórica, sino en la rapidez con la que el consorcio consiga convertirlo en una realidad tangible. Si el proceso se dilata, riesgo elevado en proyectos con tantos actores, Orange y sus socios podrían encontrar un mercado ya copado por las infraestructuras de los hyperscalers cuando Via Africa esté listo para encenderse.
Orange frente al espejo: el legado submarino de las telecos y el reto ibérico
La inclusión de Canarias en el trazado no es casual. Orange sabe que España, con sus conexiones a América y África, es uno de los puntos de amarre más valiosos del Atlántico. Telefónica, a través de Telxius, ha capitalizado esa posición durante años, convirtiendo los centros de cable de la isla en activos estratégicos que alquila a operadores globales. Observamos, por tanto, una sutil pugna por heredar el rol de puente entre continentes que tradicionalmente ha ostentado la operadora española.
Desde una perspectiva histórica, Orange Marine tiene pedigrí: la compañía ha participado en el tendido de más de veinte cables transoceánicos desde el siglo XIX. Sin embargo, en los últimos años ha visto cómo los grandes clientes se convertían en competidores al construir sus propias redes privadas. El proyecto Via Africa es una forma de volver a la ofensiva, apostando por una ruta que los hyperscalers todavía no dominan por completo y donde la posición geográfica de Canarias otorga a los operadores europeos una ventaja innegable.
El riesgo financiero es moderado para Orange: el coste se reparte entre siete miembros y, aunque todavía no se ha hecho público, las estimaciones del sector sitúan un cable de esta envergadura en torno a los 300-400 millones de euros. La rentabilidad llegará, como siempre en el mundo submarino, del alquiler de capacidad a terceros y de la mejora de los márgenes en los servicios transcontinentales que la propia operadora ofrece a sus clientes corporativos.
Mantenemos la cautela sobre los plazos y sobre la solidez del consorcio, pero reconocemos que el movimiento encaja en la estrategia de Orange de reforzar su negocio mayorista en un momento en que las telecos europeas buscan fuentes de ingresos más allá del negocio residencial. La gran incógnita es si el memorando se traducirá en un contrato firme antes de que los rivales le tomen la delantera. Dejémoslo en un ‘ya veremos’.





