Wall Street sin Nvidia: Juan Ramón Rallo revela que su rendimiento se iguala al de Europa

El economista Juan Ramón Rallo desvela que la rentabilidad del S&P 500 sin el gigante de los chips iguala a la del Stoxx 600 europeo. La hiperregulación tecnológica, principal culpable de que Europa pierda el tren de la inteligencia artificial.

Las cifras bailan ante nuestros ojos sin que a veces reparemos en lo que esconden. El Stoxx 600 europeo apenas araña un 2,4% en lo que va de 2026, mientras el S&P 500 avanza un 8,2% y el Nasdaq 100, un 15,3%. ¿Milagro americano? Juan Ramón Rallo lo desmonta con un bisturí estadístico: si eliminamos a Nvidia del S&P 500, el supuesto milagro se evapora y Wall Street rinde exactamente lo mismo que las bolsas europeas.

La brecha tecnológica: el 8% que condena a Europa

Rallo despliega los datos con precisión quirúrgica. El 42% de las compañías del S&P 500 son tecnológicas; en los índices asiáticos representan el 27%; en Europa, apenas un 8%. Y aunque en los tres continentes se ha triplicado el peso de la tecnología desde 2011, partíamos de tan atrás que el sector sigue siendo raquítico. Como subraya el economista, las empresas no tecnológicas estadounidenses no lo están haciendo rematadamente bien; el diferencial lo explica casi en solitario el músculo digital, con Nvidia como locomotora.

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Los inversores proyectan que el beneficio por acción del Stoxx 600 crezca en torno al 9% anual hasta 2028, muy lejos del 21% esperado para el S&P 500 en 2026 y del 29,4% que anticipan para las bolsas asiáticas. El diagnóstico es cristalino: el motor de la inteligencia artificial apenas encuentra células donde multiplicarse en el Viejo Continente.

Un gráfico demoledor: Wall Street sin Nvidia rinde igual que Europa

El analista recupera un gráfico que ya ha mostrado en anteriores vídeos y que sintetiza todo el argumento. Desde el hundimiento bursátil de octubre de 2022, el S&P 500 —descontando a Nvidia— y el Stoxx 600 han seguido una trayectoria idéntica. “Si la bolsa estadounidense lo está haciendo especialmente bien frente a la europea es esencialmente por su pata tecnológica”, insiste Rallo. La evidencia es tan rotunda que resulta casi obsceno seguir hablando de un excepcionalismo norteamericano transversal.

Hasta el punto de que si borras a Nvidia del mapa, cuatro años de revalorización bursátil en Estados Unidos se quedan en lo mismo que ha ofrecido Europa. Las empresas del viejo continente no pierden fuelle por ser menos eficientes en su conjunto, sino por habitar un ecosistema donde las compañías tecnológicas no pueden desplegar todo su potencial. El gap no es de talento, es de jardín regulatorio.

«En Europa, los Estados han aplastado a las compañías tecnológicas en un marasmo de diarrea regulatoria.»

— Juan Ramón Rallo

La diarrea regulatoria que asfixia la innovación

Para Rallo, la raíz del drama no es nueva. El informe Draghi ya radiografió cómo la productividad europea se ha estancado durante décadas, en buena medida por haberse autoexcluido de esta revolución industrial del silicio. La hipertrofia legislativa comunitaria —la “diarrea regulatoria” que cita— ha multiplicado los costes de las empresas tecnológicas emergentes, empujándolas a morir en la cuna o a deslocalizarse a jurisdicciones más amables, como Estados Unidos. La consecuencia es un ecosistema digital casi inexistente que hoy nos condena a crecer a un ritmo de segunda división.

Y lo peor, advierte Rallo, es que la inercia juega en contra: la industria tecnológica se desarrolla donde ya existe un ecosistema que alimenta talento, capital y confianza. Europa apenas lo tiene y cada año que pasa sin una reforma radical profundiza la brecha. Mientras los legisladores suman páginas al Diario Oficial de la UE, los fondos institucionales migran su capital hacia bolsas que sí premian la innovación.

Qué significa esto para tu dinero y para el futuro de Europa

Quien ahorra e invierte debe leer entre líneas. El rebalanceo geográfico del capital no es coyuntural: las expectativas de beneficios ya descuentan que Europa seguirá perdiendo terreno mientras no alumbre un sector tecnológico a la altura. La brecha no se cierra ni con aranceles ni con discursos, sino permitiendo que las nuevas empresas respiren sin bozales normativos. Rallo apunta que, si las cosas no cambian de forma muy radical, “la burocracia y la sobrerregulación europea matarán nuestra prosperidad futura, y eso es justamente lo que están empezando a cotizar los índices bursátiles”.

Quizás el dato más inquietante es que el S&P 500 sin Nvidia ya no es un gigante inalcanzable; somos nosotros los que, con las condiciones adecuadas, podríamos tener nuestras propias Nvidias. La pregunta abierta es si la política europea está dispuesta a sacrificar su inercia reguladora para recuperar el tren tecnológico o si, como viene siendo habitual, optaremos por contemplar la próxima revolución industrial desde la barrera.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo:


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