Uno de los principales temas tratados durante el I Summit de Tecnología e IA del Grupo Merca2 fue la necesidad de construir una verdadera soberanía tecnológica europea. Los participantes en esa charla destacaron que la dependencia tecnológica del continente en áreas estratégicas puede convertirse en un problema para la competitividad y la seguridad económica. En esa mesa intervienieron: Pilar Bernat – CEO de Novocuatro Ed. (Zonamovilidad); Francisco Hortigüela – presidente de AMETIC y Alejandro Fuster – Director Técnico de SpainDC.
El mapa geopolítico mundial ya no se dibuja solo con fronteras físicas, sino con cables de fibra óptica, microchips y centros de almacenamiento masivo. En este escenario, la autonomía estratégica de Europa se ha convertido en una prioridad absoluta para los líderes políticos y empresariales del continente. Durante la celebración del reciente summit sectorial, los principales expertos del ámbito digital lanzaron una advertencia unánime: la excesiva dependencia tecnológica de terceras potencias pone en serio riesgo tanto la competitividad industrial como la seguridad económica de los países europeos.
La falta de control sobre los componentes más críticos de la economía moderna debilita la capacidad de decisión de la Unión Europea. Para revertir esta situación, el sector tecnológico reclama un cambio de rumbo inmediato que permita al continente producir sus propias soluciones y proteger sus activos más valiosos en un entorno global cada vez más hostil y competitivo.
Infraestructuras propias para custodiar el dato
El núcleo de esta transformación pasa de forma obligatoria por el despliegue de infraestructuras digitales en Europa que resulten robustas y totalmente independientes. El tejido empresarial actual genera un volumen de información sin precedentes que no puede quedar a merced de normativas extranjeras. Los especialistas recuerdan que los datos son el petróleo del siglo XXI y que su almacenamiento y procesamiento deben gestionarse dentro de las fronteras comunitarias para garantizar la privacidad y la seguridad nacional.
En este contexto, el desarrollo de capacidades avanzadas en el ámbito de la inteligencia artificial y computación se presenta como el gran catalizador del cambio. Europa no puede limitarse a ser una simple consumidora de servicios diseñados en Silicon Valley o Asia; debe convertirse en una potencia creadora. La meta es levantar centros tecnológicos de última generación que sean capaces de absorber la colosal demanda de procesamiento que exigirán las industrias automatizadas del mañana.
Centros de datos y el motor de la computación
La materialización de esta independencia requiere cimientos físicos muy claros. Durante la mesa redonda titulada ‘Europa ante el desafío tecnológico: Soberanía de datos, microelectrónica, competitividad y autonomía estratégica’, Alejandro Fuster, director técnico de SpainDC, puso el foco en la urgencia de acelerar el despliegue de infraestructuras críticas. El experto argumentó que la capacidad de computación en la nube es la columna vertebral de cualquier economía digitalizada y que el retraso en la construcción de estas instalaciones frena directamente la expansión de las empresas locales.
Los centros de datos en España y en el resto del continente actúan como las verdaderas fábricas de la era moderna. Sin una red densa y eficiente de estas instalaciones, es imposible dar soporte a las tecnologías emergentes. La velocidad de conexión y la soberanía de los datos dependen directamente de la rapidez con la que se eliminen las trabas burocráticas y se dote de recursos energéticos y logísticos a estos templos de la información digital.
Retención del talento y un marco regulatorio ágil
La tecnología no se sostiene únicamente con cables y servidores; el factor humano es el verdadero motor de la innovación. Francisco Hortigüela, presidente de AMETIC, defendió con firmeza durante el encuentro la urgencia de retener y potenciar el talento tecnológico europeo. El viejo continente cuenta con universidades y profesionales de primer nivel, pero a menudo carece de los incentivos necesarios para evitar que los cerebros más brillantes emigren a otros mercados con ecosistemas financieros más agresivos.
Para frenar esta fuga de conocimiento, resulta indispensable diseñar un entorno regulatorio para la innovación que sea flexible y protector al mismo tiempo. La burocracia comunitaria suele ser percibida como un obstáculo para las empresas emergentes. El reto de las administraciones públicas es encontrar un equilibrio perfecto: legislar de manera ética para proteger al ciudadano, pero ofreciendo la agilidad jurídica suficiente para que las compañías tecnológicas puedan experimentar, crecer y competir en igualdad de condiciones con los gigantes norteamericanos y asiáticos.
Alianzas y estrategias comerciales a largo plazo
La conclusión unánime de los ponentes de la mesa, en la que también participó activamente Pilar Bernat, CEO de Novocuatro Ed. (Zonamovilidad), es que la transformación digital de las empresas no consiste simplemente en adquirir ordenadores más potentes o implementar herramientas de software de última generación. El verdadero cambio cultural implica una reestructuración profunda de los modelos de negocio, una formación continua de los trabajadores y una visión estratégica que mire hacia las próximas décadas.
Para financiar esta colosal transición, los analistas consideran vital activar la colaboración público-privada en tecnología. Los presupuestos estatales son insuficientes para cubrir el volumen de inversión que requiere la microelectrónica y la conectividad del futuro. Solo mediante la inyección de capital privado, respaldada por la seguridad jurídica y las subvenciones de los fondos europeos, se podrá garantizar una competitividad empresarial sostenible. El futuro económico de Europa se juega hoy en los laboratorios de desarrollo y en los despachos donde se diseñan las estrategias digitales a largo plazo.





