Xavier Pirla, experto en comunicación: “Tu cerebro es mucho más listo que tú; solo hay que entrenarlo”

El experto en comunicación Xavier Pirla sostiene que el cerebro puede reprogramarse para gestionar miedos, tomar mejores decisiones y desarrollar pensamiento crítico. Según explica, no reaccionamos ante la realidad, sino ante la forma en que nuestra mente la interpreta.

La capacidad de transformar un miedo paralizante en una sensación de calma en apenas ciento veinte segundos parece material de ciencia ficción. Sin embargo, para Xavier Pirla, experto en comunicación y Programación Neurolingüística (PNL), es simplemente una cuestión de entender los mecanismos internos que rigen nuestra mente y nuestra percepción de la realidad.

“Tu cerebro es mucho más listo que tú: aprende solo si lo entrenas”, afirma Pirla, quien -además- sostiene que la diferencia entre el éxito y el estancamiento reside en cómo nos representamos las experiencias. Según el especialista, no reaccionamos ante los hechos, sino ante las imágenes y significados que construimos sobre ellos, una estructura que puede ser reconfigurada con la técnica adecuada.

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Cómo el cerebro representa lo que siente

Cómo el cerebro representa lo que siente
Fuente: Quirónsalud

Pirla no trabaja con conceptos abstractos. Trabaja con imágenes mentales, distancias y significados. En una demostración frente a cámara, le pide a un participante que piense en algo que le preocupa, la enfermedad, y que observe cómo lo está representando en su cabeza: si es una imagen o una persona, si está cerca o lejos, si él mismo aparece en la escena. Con esas coordenadas empieza a operar.

El resultado es tan rápido que resulta desconcertante. «En dos minutos, un miedo que era un 10 bajó a un 4», explica Pirla, y la clave no estuvo en alejarse emocionalmente del problema sino en cambiar lo que ese problema significaba. Mientras el participante se distanciaba mentalmente de la escena sin modificar su interpretación, la incomodidad persistía: sentía que quería menos a esa persona. En cuanto Pirla introdujo un nuevo significado —distanciarse para pensar con más claridad, no para desvincularse— la sensación cambió.

Aquí reside el núcleo de su método. El cerebro no reacciona a los hechos sino a cómo los representa. Dos personas pueden vivir la misma situación y procesarla de formas radicalmente distintas. Lo que Pirla enseña es a identificar esa representación y a modificarla de manera consciente. El cerebro, dice, aprende rápido cuando se le entrena. «Tu cerebro es mucho más listo que tú: aprende solo si lo entrenas», afirma, y añade que una vez realizado el ejercicio las primeras veces, la mente lo incorpora sola.

Decisiones que creemos tomar pero no tomamos

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La otra gran área que aborda Pirla es la toma de decisiones, y su punto de partida también desafía la intuición. Apoyándose en las investigaciones del neurocientífico John Lehrer, sostiene que cuando una persona se da cuenta de que está tomando una decisión, su cerebro ya la ha tomado. El procesamiento ocurre antes de que la conciencia lo registre.

Pero eso no significa que nada pueda hacerse. Lo que sí está al alcance de cada uno es preparar el terreno antes de que el cerebro opere. Pirla describe cinco variables que intervienen en cualquier decisión: los beneficios percibidos, las amenazas posibles, el esfuerzo que implicará, la familiaridad con la opción y la probabilidad de que ocurra lo que se espera. Ninguna de ellas refleja la realidad objetiva. Todas son percepciones. Y precisamente por eso pueden trabajarse.

El ejemplo de la lotería lo ilustra bien: la probabilidad de ganar es ínfima, pero el beneficio es enorme, el riesgo es mínimo y el esfuerzo es casi nulo. El cerebro hace ese cálculo en fracciones de segundo y concluye que vale la pena intentarlo. Comprender ese mecanismo permite anticiparlo.

Lo que Pirla cuestiona con más énfasis es hasta qué punto esas percepciones son propias. Muchas veces no lo son. «Nos dejamos manipular por lo que dicen los medios y los demás», advierte, y recorre ejemplos que van desde su abuela, que le disuadió de ser piloto con una anécdota de segunda mano, hasta las campañas de propaganda que convirtieron el tabaco en símbolo de liberación femenina en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. En todos los casos, el mecanismo es el mismo: una creencia ajena se instala en el cerebro de alguien sin que esa persona la haya cuestionado nunca.

«Eres esclavo de un pensamiento inducido por otros», resume Pirla. Y la solución no es la desconfianza sistemática sino el pensamiento crítico: la capacidad de preguntarse de dónde viene cada creencia, quién la formuló y con qué interés.

Su recomendación final, tomada también de Lehrer, es que una vez alimentado el proceso con todas esas variables, conviene dormir antes de decidir. El cerebro inconsciente, con la información disponible, trabaja mejor que el sistema rápido que busca la salida más cómoda y produce los sesgos más habituales.


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