La última previsión de Morgan Stanley sobre el euro no ha dejado indiferente a nadie. El banco de inversión estadounidense calcula que la moneda única podría regresar a niveles que no se veían desde 2021, impulsada por un torrente de flujos de cobertura que superaría los 200.000 millones de dólares. La clave, una reducción abrupta de los costes de cobertura.
El motor de la subida: coberturas más baratas y 200.000 millones en juego
Según los analistas de Morgan Stanley, citados por Bloomberg, el coste de cubrir posiciones en euros ha caído de forma significativa en las últimas semanas. Eso hace que para los grandes inversores internacionales sea mucho más atractivo proteger sus activos denominados en euros sin erosionar tanto la rentabilidad. Sí, como lo oyen. Este abaratamiento podría desencadenar flujos de compra de la moneda única por valor de más de 200.000 millones de dólares.
La razón principal de esta caída de los costes de cobertura es doble. Por un lado, la volatilidad implícita del euro a tres meses ha descendido a niveles no vistos desde principios de 2024. Por otro, el diferencial de tipos de interés a corto plazo entre la eurozona y Estados Unidos se ha comprimido en aproximadamente 50 puntos básicos desde marzo, según los futuros de los fondos federales. Estos dos factores, combinados, crean el caldo de cultivo perfecto para una avalancha de coberturas.
Actualmente, el par euro/dólar ronda los 1,12 dólares, según los datos del Banco Central Europeo, pero en 2021 llegó a superar los 1,22 en varios tramos. Una recuperación de esa magnitud representaría una apreciación cercana al 9%.
Para ponerlo en perspectiva, 200.000 millones de dólares es una cantidad superior al PIB de un país como Grecia. Un movimiento de ese calibre no pasa desapercibido en los mercados de divisas. Pocas veces un informe de estrategia cambiaria genera tanto revuelo. Los números cantan solos.
¿Un euro fuerte es buena noticia para todos? El otro lado de la moneda
Una moneda única más cara tiene doble filo. Por un lado, abarata las importaciones y reduce las presiones inflacionistas, algo que el Banco Central Europeo agradecería después de años de una inflación pegajosa. Por otro, perjudica a las exportaciones europeas, especialmente a la industria alemana, que ya arrastra problemas de competitividad. Y es que, para el tejido industrial de la eurozona, un euro demasiado fuerte es una losa. No hay que olvidar que en 2021, cuando el euro se acercó a 1,23, las quejas de los fabricantes alemanes fueron sonadas.
De hecho, algunos analistas advierten de que un euro demasiado fuerte podría enfriar el PIB de la eurozona justo cuando el crecimiento empieza a dar señales de vida. Sin embargo, Morgan Stanley parece confiar en que el efecto neto será positivo para el sentimiento de mercado. La demanda de euros procedería, según sus cálculos, de inversores institucionales grandes corporates y bancos centrales que buscan cobertura barata. La clave estará en cómo reaccione el BCE: una moneda apreciada le da más margen para bajar los tipos sin temor a importar inflación.
A diferencia de otras ocasiones, en Fráncfort no parecen preocupados. Más bien al contrario.

De 2021 a 2026: ¿ciclo de dólar débil o simple corrección técnica?
La previsión de Morgan Stanley no surge de la nada. Desde finales de 2025, el índice del dólar (DXY) ha perdido un 7% de su valor, reflejando las expectativas de que la Reserva Federal iniciará un ciclo de rebajas de tipos mientras la economía estadounidense se enfría. En paralelo, el euro se ha beneficiado de una percepción de menor riesgo político tras las elecciones alemanas y de unos datos de crecimiento que, aunque discretos, superan las previsiones más pesimistas.
El precedente de 2021 es instructivo: entonces, el euro se disparó por el diferencial de crecimiento entre Europa y Estados Unidos antes de desinflarse cuando la Fed cambió de rumbo. Esta vez, sin embargo, la historia podría ser distinta porque los flujos de cobertura son más automáticos y menos dependientes del sentimiento de los inversores.
En esta redacción creemos que el argumento de los flujos de cobertura tiene solidez, sobre todo si los costes se mantienen bajos durante varios trimestres. Pero no es oro todo lo que reluce. El diferencial de tipos entre la eurozona y Estados Unidos sigue favoreciendo al dólar a corto plazo, y cualquier sorpresa en los datos de inflación americana podría frenar en seco la apreciación del euro.
Lo que está claro es que estamos ante un momento de mercado en el que los flujos de capital, más que los fundamentos macro al uso, pueden dictar la dirección del par euro/dólar durante los próximos meses. La cita clave será la reunión del BCE de junio, donde la presidenta Christine Lagarde podría dar pistas sobre si el euro fuerte empieza a pesar en las decisiones de política monetaria. Hasta entonces, la moneda única seguirá bailando al son de las coberturas.




