JPMorgan alerta: el bajo rendimiento de Ether exige más actividad en red para competir con Bitcoin

Un informe del banco de inversión advierte que sin más transacciones, aplicaciones y usuarios, la segunda criptomoneda podría seguir perdiendo terreno frente al oro digital. La comparación con el rendimiento de bitcoin es cada vez más desfavorable.

El banco de inversión JPMorgan ha hecho saltar las alarmas: si Ethereum no logra atraer más transacciones y usuarios, su moneda, el ether, podría seguir a la sombra de bitcoin. No es una advertencia técnica sobre un código defectuoso, sino un señalamiento de fondo: lo que sostiene el valor de una red es que la gente la use. Y en estos meses, la gente está usando menos Ethereum de lo que el mercado esperaba.

La actividad en la red: el termómetro que inquieta a JPMorgan

Según los analistas del banco estadounidense, el bajo rendimiento de Ether y de otras altcoins no es un fenómeno pasajero. El informe filtrado esta semana pone el foco en la actividad on-chain, es decir, en las operaciones que se registran directamente en la cadena de bloques. Menos transferencias, menos contratos inteligentes ejecutados y menos usuarios activos diarios se traducen en un activo que los inversores creen que vale menos, por pura lógica económica. Los datos públicos de Etherscan muestran una línea de transacciones que, aunque estable, no remonta con la fuerza necesaria para justificar una revalorización comparable a la de bitcoin.

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Bitcoin, mientras tanto, vive su propia película. Con la llegada de los fondos cotizados al contado en Estados Unidos y una narrativa de reserva de valor digital que cala en carteras institucionales, su precio ha subido de manera notable en 2026. Ether ha subido, sí, pero mucho menos. Ese diferencial es lo que preocupa al banco: sin un motor de actividad potente, la segunda criptomoneda por capitalización parece condenada a un papel secundario.

¿Por qué Ethereum necesita más usuarios ahora mismo?

La respuesta es más sencilla de lo que parece. Ethereum se diseñó como una gran computadora mundial donde cualquiera podía construir aplicaciones descentralizadas, las famosas dapps. Pero si los desarrolladores encuentran más barato y rápido montar sus proyectos en otras redes, como Solana o las capas 2, la actividad se diluye. Y con ella, el atractivo del ether como combustible de ese ecosistema.

Los casos de uso escalables siguen siendo la gran asignatura pendiente. El auge de las finanzas descentralizadas (DeFi) de 2021 quedó lejos y, desde entonces, ninguna aplicación masiva ha logrado enganchar al gran público. No se trata solo de especular con tokens; se necesitan préstamos accesibles, propiedad digital con sentido o cadenas de suministro tokenizadas que realmente funcionen. Mientras esas promesas no se concreten, la red dormita.

Un símil útil: Ethereum es como un centro comercial inmenso y modernísimo, pero con pocos visitantes. La infraestructura está lista, los escaparates brillan, pero si nadie pasea, ni compra, ni abre tiendas nuevas, el valor del alquiler baja. Eso refleja hoy el precio del ether: un alquiler a la baja por falta de clientes.

Un espejo de ciclos pasados: la narrativa de ‘la flippening’ se enfría

Conviene recordar que el debate sobre si Ethereum superará a bitcoin en capitalización —el llamado ‘flippening’— ha estado presente durante al menos dos ciclos alcistas. En 2017 fue la fiebre de las ICO; en 2021, el boom del DeFi y los NFT. En ambas ocasiones, el ether llegó a recortar distancias de forma espectacular, pero nunca culminó la maniobra. Ahora, con el mercado más maduro y con más actores institucionales, la ventana se estrecha.

Desde esta redacción creemos que el análisis de JPMorgan es una dosis de realismo, no una sentencia de muerte. Las próximas mejoras técnicas de Ethereum —como la esperada actualización Pectra— podrían reducir costes y atraer nuevos usuarios. Pero también es cierto que el mercado no espera eternamente. La competencia aprieta y la atención de los inversores migra al activo que muestra más fuerza relativa.

La gran duda, y lo que convierte este informe en lectura obligada, no es técnica sino humana: ¿volverá la gente a usar Ethereum en masa o seguirá considerándolo una herramienta de nicho? De la respuesta dependen los próximos años de la red.


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