Xavier Pirla, experto en comunicación “El secreto de la seducción es dejar de ver al otro como un trofeo”

La mayoría cree que la seducción depende del físico, pero Xavier Pirla sostiene lo contrario: la verdadera atracción nace de la confianza, la autenticidad y dejar de tratar al otro como un trofeo que conquistar.

Hay una creencia extendida sobre la seducción que Xavier Pirla, experto en comportamiento humano y comunicación, lleva años desmontando: que los más atractivos físicamente son quienes mejor se desenvuelven en ella. Su experiencia trabajando con modelos y personas de aspecto privilegiado apunta exactamente en sentido contrario.

Pirla no vende fórmulas ni técnicas de conquista. Su aproximación a la seducción parte de la psicología, la construcción de confianza y el autoconocimiento. Y su diagnóstico principal es tan sencillo como incómodo para quienes buscan atajos.

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Por qué el atractivo físico no garantiza nada en seducción

Por qué el atractivo físico no garantiza nada en seducción
Fuente: agencias

«Cuanto más guapa es una persona, más insegura suele sentirse», afirma Pirla. La explicación que da no es paradójica si se piensa bien: quienes desde pequeños han recibido elogios centrados exclusivamente en su físico han construido su autoestima sobre una base que no controlan y que no dice nada de quiénes son. El mensaje que absorbieron fue que valen por su cuerpo, no por lo que piensan, sienten o hacen. Cuando esa persona entra en un contexto social o de seducción, carga con esa fragilidad aunque nadie lo adivine desde fuera.

El problema se ramifica. Quienes los rodean suelen acercarse con segundas intenciones, halagos interesados o una actitud que mezcla admiración y competencia. Eso dificulta construir relaciones auténticas y desarrolla un músculo de la desconfianza en lugar del de la conexión genuina. Pirla lo compara con lo que ocurre con los médicos o con los famosos: cuando la gente siempre viene a pedirte algo o a admirarte, pierdes la referencia de qué significa que alguien esté contigo de verdad.

La consecuencia directa para la seducción es que quien llega a una interacción mirando al otro como si estuviera en una posición superior ya ha perdido antes de empezar. No porque no sea atractivo, sino porque esa mirada de inferioridad o de conquista lo delata. «El secreto de la seducción es dejar de ver al otro como un trofeo», resume Pirla. La persona guapa, popular o exitosa que se convierte en objetivo está harta de ser tratada como tal, y lo que más la sorprende es precisamente quien la trata con normalidad.

La confianza como base de cualquier proceso de persuasión

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Pirla distingue entre seducción y persuasión, pero los principios que los rigen son los mismos. Antes de cualquier técnica, hay una pregunta previa que muy poca gente se hace con honestidad: cuál es el objetivo real y qué estado emocional se lleva a la interacción. Si alguien llega con miedo al rechazo, con desesperación por demostrar algo o con la necesidad de obtener un resultado concreto, eso se percibe antes de que abra la boca. «La confianza es el lubricante social: sin ella, no existe persuasión», sostiene.

Construir esa confianza no tiene atajos. Pirla habla de igualarse con el otro de forma honesta, de encontrar puntos de coincidencia reales, de adaptar el ritmo y el tono sin perder la autenticidad. Pero sobre todo habla de integridad, que define como la coherencia entre lo que uno siente, dice y hace. La seducción duradera, tanto en lo personal como en lo profesional, no se sostiene en el artificio sino en ser reconocible: que el otro sepa cómo vas a responder independientemente del contexto.

Para ilustrarlo, Pirla recurre a una historia del hundimiento del Titanic. Benjamin Guggenheim, al saber que el barco se hundía, subió a su camarote, se puso su mejor traje y volvió al salón a calmar a los pasajeros. Cedió su lugar en el bote y se quedó. Eso, dice Pirla, es integridad. Cuando alguien actúa así, deja de ser una incógnita para los demás. Y esa previsibilidad genera algo muy parecido a la seguridad, que es exactamente lo que hace que la seducción funcione.

Hay otra idea que Pirla trabaja con quienes le consultan sobre seducción y que tiene tanto peso en el plano personal como en el comercial: el rechazo casi nunca es sobre ti. «Las personas no te rechazan a ti, rechazan la idea que tienen de ti», explica. Esa idea se construye por asociación, por el momento en que apareces, por experiencias previas que el otro trae consigo. Entender eso no elimina el dolor del no, pero lo relativiza y abre la posibilidad de cambiar la película que el otro tiene en la cabeza en lugar de rendirse tras el primer intento.


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