El Ibex 35 ha cedido este viernes la cota de los 17.600 puntos arrastrado por el fracaso de la cumbre entre Estados Unidos y China, que ha desatado un nuevo repunte del petróleo y de la rentabilidad de los bonos. El índice de la bolsa española cerró en 17.622,7 puntos, con un descenso del 1,05% en la sesión, y acumula una pérdida semanal del 1,49% tras cinco jornadas de gran volatilidad.
Una cumbre sin acuerdo que reactiva las tensiones comerciales
Según los datos que circulan en el mercado, sin confirmación oficial por el momento, las conversaciones entre Washington y Pekín no lograron desbloquear las disputas arancelarias. La amenaza de nuevos gravámenes por parte de Estados Unidos al sector tecnológico chino y la respuesta de Pekín con restricciones a las exportaciones de tierras raras volvieron a despertar los temores de una guerra comercial en toda regla. El Índice Ibex 35 reflejó ese malestar con caídas generalizadas en los valores cíclicos y los bancos, mientras que las empresas más defensivas aguantaron algo mejor.
No hubo comunicado conjunto ni hoja de ruta. El encuentro, que se presentaba como la oportunidad para calmar los ánimos tras semanas de escalada verbal, terminó abruptamente. De ahí el castigo de las bolsas europeas, con Milán y Fráncfort encabezando los descensos.
El petróleo y la deuda, los grandes beneficiados del desencuentro
El barril de Brent subió este viernes hasta los 78,40 dólares, un 1,8% más, ante la posibilidad de que Pekín restrinja la oferta de metales clave y los inversores busquen refugio en materias primas. Al mismo tiempo, el rendimiento del bono español a diez años se disparó nueve puntos básicos, hasta el 3,27%, el nivel más alto desde principios de año.
La combinación de crudo más caro y financiación más tensa golpea especialmente a un mercado como el español, donde las energéticas y los bancos tienen un peso determinante. Sin embargo, curiosamente, las petroleras no lograron hoy capitalizar la subida del crudo: Repsol cedió un 0,8% y Enagás, un 1,1%. El mercado descuenta que un barril demasiado elevado, en un entorno de desaceleración, acaba perjudicando los márgenes y la demanda.
Las consecuencias para la renta variable española
La reacción del Ibex 35 no es un hecho aislado. Vuelve a poner de manifiesto la dependencia del selectivo de factores exógenos difíciles de controlar: el precio del petróleo, el coste de la deuda y el apetito por el riesgo global. Durante las últimas semanas, el índice se había aferrado a los 17.800-17.900 puntos pero no logró superar la resistencia de los 18.200. El descalabro de la cumbre es la excusa que necesitaba el mercado para corregir.
Analistas consultados por esta redacción señalan que el soporte más inmediato está en los 17.400 puntos —mínimos de abril— y que si se pierde esa cota, el siguiente suelo se situaría en la zona de los 17.000. El VIX, indicador de volatilidad, subió un 14% intradía, aunque luego moderó la escalada.
Creo que es un error pensar que la cumbre ha fracasado por completo. No hubo acuerdo, pero tampoco una ruptura de hostilidades. Las declaraciones posteriores, sin embargo, dejan entrever que la próxima ronda de contactos —prevista para el 30 de junio en Ginebra— será decisiva. Hasta entonces, cualquier rumor sobre aranceles o restricciones moverá los mercados con fuerza. El Ibex, por su composición, seguirá bailando al son de la geopolítica y de la renta fija. Y los inversores deberán acostumbrarse a sesiones como la de hoy: mucha incertidumbre, poca visibilidad y ausencia de catalizadores domésticos que compensen el ruido exterior.
La semana que viene, la atención se centrará en las actas de la Fed y en los datos de inflación de la zona euro. Cualquier sorpresa podría amplificar las caídas o, por el contrario, ofrecer un respiro. De momento, la bolsa española se despide del mes de mayo con el pie izquierdo.




