Basic Fit el gimnasio donde se ejercita la ingeniería fiscal

La expansión de Basic Fit en España ha sido espectacular al disparar sus ingresos un 446%.
Sin embargo, la rentilidad de la compañía es casi nula, lo que levanta suspicacias.
Pero en el fondo no es un problema de rentabilidad, sino una lección avanzada de ingeniería fiscal.

Basic-Fit, una cadena de gimnasios de origen holandés, se ha convertido en todo un fenómeno en España. A cualquier hora y en cualquier lugar es fácil ver a alguien llevando una de sus reconocibles mochilas de bienvenida. Más complicado, casi imposible, es encontrar una máquina libre en alguno de sus centros durante las horas punta.

La evolución de sus ingresos también refleja este crecimiento meteórico. De hecho, en los últimos años, Basic Fit ha incrementado su facturación un 446%, lo que supone un crecimiento anualizado superior al 100%. Sin embargo, detrás de esta expansión existe una realidad mucho más compleja.

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Pese a ese crecimiento, hay una cifra clave para la compañía que resulta más difícil de encontrar que una máquina libre en hora punta: los beneficios. De hecho, en las últimas publicaciones sobre los resultados de la empresa apenas se hace referencia a este aspecto. Uno de los motivos podría ser que, a pesar de su enorme expansión, Basic Fit presenta una rentabilidad muy reducida, algo que parece confirmarse al analizar las cuentas depositadas en el Registro Mercantil correspondientes a 2024. En concreto, la compañía apenas obtuvo un millón de euros de beneficio.

La cifra refleja una rentabilidad muy limitada, independientemente del indicador utilizado. Por ejemplo, si se analiza el margen neto —es decir, el beneficio respecto a los ingresos—, este apenas alcanza el 0,7%. Si se mide a través del ROE, la ratio que evalúa la rentabilidad sobre los fondos propios y una de las métricas más utilizadas por los inversores, el resultado apenas llega al 0,78%. Este tipo de cifras suelen asociarse, según cualquier manual financiero, con una rentabilidad extremadamente baja y una salud financiera aparentemente débil.

El ejercicio favorito de Basic Fit: la eficiencia fiscal

Pero ¿realmente las cuentas de Basic Fit muestran una situación financiera preocupante? La respuesta corta es no. Aunque la compañía mantiene un nivel de deuda elevado, este no ha aumentado de forma descontrolada en los últimos años. Desde 2022, la deuda ha crecido alrededor de un 30%, muy por debajo del incremento registrado en los ingresos. Además, los gastos financieros apenas consumieron un 4,2% de la facturación en 2024.

Entonces, ¿dónde está la clave? La realidad es que el músculo que más ha trabajado Basic Fit no es el financiero, sino el fiscal. La compañía utiliza una estructura corporativa dependiente de su matriz en Países Bajos para optimizar su carga tributaria mediante tres grandes vías: los gastos en I+D, los costes de marketing y los intereses de la deuda.

En el caso del I+D, los gastos pasaron de 3,6 millones de euros en 2023 a 7,3 millones en 2024, importes abonados íntegramente a la matriz holandesa. Evidentemente, la cadena de gimnasios no desarrolla investigación científica dentro de sus centros deportivos. Esta partida corresponde realmente a los costes que la matriz repercute a la filial española por conceptos como el desarrollo de la aplicación móvil, los sistemas de datos o los tornos tecnológicos de acceso.

El beneficio fiscal de este movimiento es doble. Por un lado, en España se reduce el beneficio imponible. Por otro, la matriz neerlandesa puede acogerse al régimen conocido como Innovation Box, un sistema fiscal especial que permite reducir el Impuesto de Sociedades en Países Bajos hasta un tipo efectivo cercano al 9% para determinados beneficios vinculados a propiedad intelectual.

Basic Fit y su expansión: ¿crecimiento o ingeniería fiscal?

Las cifras destinadas al marketing son todavía más elevadas que las de I+D, aunque su crecimiento ha sido más moderado. Entre 2023 y 2024, esta partida aumentó alrededor de un 22%, pasando de 7,7 millones a 9,4 millones de euros.

En este caso, esos importes corresponden a la cuota proporcional que la filial española asume de las campañas globales de publicidad, patrocinios y producción audiovisual diseñadas desde la central europea. Posteriormente, estos costes se distribuyen entre los distintos países en función del número de socios de cada mercado.

Por último, la compañía también ha optimizado al máximo su estructura de financiación. El crecimiento de Basic Fit, ya sea mediante la compra de cadenas de gimnasios o la apertura de nuevos centros propios, se financia principalmente con capital procedente de Países Bajos.

Como consecuencia, la filial española acumulaba en 2024 cerca de 97 millones de euros en deuda intragrupo. Solo por estos préstamos, la sociedad española pagó alrededor de 5,3 millones de euros en intereses a la matriz holandesa. Nuevamente, estos pagos reducen el beneficio declarado en España y, además, pueden transferirse a Países Bajos sin retenciones gracias a la normativa comunitaria de la Unión Europea.

A todo ello se suma el denominado Transfer Pricing aplicado por la compañía, valorado en 11,4 millones de euros. Tal y como reconoce la propia empresa en sus cuentas: “Los saldos a cobrar a empresas del grupo corresponden en su mayoría al ajuste a cierre del ejercicio por el transfer pricing”.

El resultado final es una estructura extremadamente compleja y fiscalmente eficiente que podría estar permitiendo a Basic Fit ahorrar varios millones de euros en impuestos cada año. Y todo apunta a que esta estrategia seguirá creciendo al mismo ritmo que la compañía, porque, como suele decirse en el mundo del fitness, el músculo solo se consigue trabajándolo.


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