La Asociación Española de Estaciones de Servicio Automáticas (AESAE) ha presentado una denuncia ante la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) contra Repsol por unos descuentos de hasta 40 céntimos por litro que la petrolera ofrece a través de su aplicación Waylet. La denuncia, que solicita medidas cautelares inmediatas, acusa a Repsol de abuso de posición dominante con el argumento de que esos agresivos bonificaciones pueden expulsar del mercado a las gasolineras independientes, según ha informado El Periódico de la Energía.
AESAE sostiene que la campaña, prorrogada hasta el próximo 31 de mayo, reproduce los efectos de la conducta por la que la CNMC sancionó a tres empresas de Repsol con 20,5 millones de euros el pasado febrero. Aquella multa castigó una política de estrechamiento de márgenes que, según Competencia, perjudicó a las estaciones desatendidas durante la crisis de precios de 2022. Ahora, la asociación de gasolineras automáticas —que ya controlan casi el 29% del mercado en España— teme que la nueva ofensiva comercial de Repsol pueda ser irreversible para los operadores que no tienen espaldas financieras para igualar esos descuentos.
Un descuento diseñado para atar al cliente más allá del surtidor
La mecánica de la promoción es conocida. Los usuarios de Waylet —y los transportistas que pagan con la tarjeta Solred— acumulan ahorros de hasta 40 céntimos por litro en función de las energías que tengan contratadas con Repsol. Cuantos más servicios (electricidad, gas, mantenimiento) sumen, mayor es la rebaja en el combustible. La gasolinera low cost, que compite casi exclusivamente en el precio del carburante, se queda fuera de esa ecuación.
AESAE denuncia que el combustible actúa como producto tractor. En su escrito a la CNMC, advierte de que Repsol no necesita recuperar el margen sacrificado en la venta del litro de gasolina o gasóleo: lo está haciendo mediante la captación de contratos de luz y gas, gracias a un ecosistema comercial que los independientes no pueden replicar. Esa asimetría es la que, a su juicio, vicia la competencia de forma aún más profunda que en el expediente sancionador de 2022.
La petrolera, que preside Antonio Brufau, ha defendido siempre la legalidad de sus promociones. Cuando la CNMC le impuso la multa de febrero, anunció que impugnaría la resolución por considerarla basada en un relato “parcial” y con errores “de método y de derecho”. Ahora, ante la nueva denuncia, Repsol no ha variado el discurso: las ayudas a los clientes en un contexto de tensión en Oriente Próximo, argumentan, son legítimas.
Sin embargo, la denuncia de AESAE pone el foco en la reincidencia. Aunque formalmente se trate de dos campañas distintas, la asociación sostiene que el patrón es idéntico. “Amenaza con expulsar del mercado a las estaciones independientes”, resume su comunicado.
Los antecedentes de una guerra de márgenes ya sancionada
En febrero, la CNMC consideró probado que Repsol aplicó durante 2022 un estrechamiento de márgenes abusivo. La fórmula era más sencilla que la actual: subió el precio mayorista a sus rivales mientras mantenía bajos los precios en su red de estaciones propias. Así, las gasolineras independientes quedaban atrapadas entre un coste de aprovisionamiento creciente y un precio final que no podían sostener sin pérdidas.
La multa fue una de las más altas impuestas por el regulador en el sector de los carburantes. Repsol la llevará a los tribunales, pero mientras el recurso se tramita, AESAE cree que la compañía ha cambiado de herramienta sin cambiar de objetivo.

Los datos del mercado refuerzan la preocupación. Las gasolineras automáticas han ganado cuota de forma sostenida en los últimos años, rozando ese 29% que las convierte en un actor imprescindible para la competencia de precios. Pero su modelo de negocio es extremadamente sensible a las campañas agresivas de las grandes petroleras, que pueden financiar descuentos durante meses sin que el margen del combustible sufra en la cuenta de resultados consolidada.
La CNMC tendrá que decidir ahora si impone medidas cautelares mientras investiga. La petición de AESAE es clara: que se suspendan “de inmediato” los descuentos porque el daño “puede resultar irreversible”. La pelota está en el tejado del regulador.
Análisis: el carburante como cebo y el verdadero campo de batalla
Lo que se dirime en esta denuncia va mucho más allá de unos céntimos en el surtidor. La disputa es la cristalización de un cambio de modelo: la gran petrolera ya no quiere vender solo combustible, sino un paquete completo de energía al hogar y a la empresa. Y para eso, el precio de la gasolina es el anzuelo más visible.
Repsol ha invertido miles de millones en renovables y comercialización. El objetivo es que un cliente que entra por el carburante acabe contratando la luz, el gas, el mantenimiento de la caldera o la instalación solar. Si para engancharlo hay que regalar 40 céntimos en cada litro, la cuenta se cuadra al sumar el margen de todos esos servicios. Las gasolineras automáticas no pueden hacer ese cálculo: su único margen es el del carburante.
Desde esa perspectiva, la campaña de descuentos actual es más sofisticada —y potencialmente más peligrosa para la competencia— que el estrechamiento de márgenes de 2022 que fue sancionado. No se trata ya de ahogar al rival por el lado del coste, sino de ofrecer un producto que el rival simplemente no puede igualar porque no existe en su cartera. Es una ventaja estructural.
Eso no significa que Repsol esté incurriendo automáticamente en una infracción. La CNMC deberá acreditar si hay abuso de posición dominante y, sobre todo, si el efecto sobre el mercado es real. Pero el precedente de febrero deja poco margen para la ingenuidad. Si el organismo sancionó entonces una conducta similar, la cuestión ahora es si esta nueva vuelta de tuerca es sólo una campaña promocional o la misma estrategia con distinto disfraz.
Yo creo que el regulador se enfrenta a una decisión difícil. Si concede las cautelares, estará enviando una señal muy dura a una de las mayores empresas energéticas del país en un momento en que el diálogo con el sector es tenso. Si no las concede, corre el riesgo de que, cuando resuelva sobre el fondo, el daño ya esté hecho y varias estaciones independientes hayan cerrado. Mientras tanto, el consumidor disfruta de descuentos jugosos, pero a costa de una estructura de mercado que puede acabar con menos actores y menos competencia real. La solución, en todo caso, llegará con fecha, y esa fecha podría ser el próximo 31 de mayo, si la campaña no se prorroga de nuevo.




