Esta es la principal conclusión de la última nota de LFDE (La Financière de l’Échiquier), firmada por Alexis Bienvenu, que apunta a que ante la necesidad de una fuente de energía no contaminante en pleno auge de la descarbonización y de la entrada masiva de los centros de datos, resurge la energía nuclear como alternativa. No obstante, también existen retos entorno a la proliferación nuclear, como es el caso de las grandes inversiones, lentos procesos de desarrollo y problemas reputacionales.
La energía nuclear emerge como solución al problema energético del futuro
Según el informe, el mundo se enfrenta a una demanda energética sin precedentes. La inteligencia artificial, con su creciente apetito por gigavatios-hora, encarece de manera sostenida la electricidad, especialmente en Estados Unidos y Europa; mientras que las fuentes renovables, aunque rápidas y baratas de instalar, presentan dificultades de gestión y almacenamiento que limitan su capacidad de respuesta inmediata (propia de su naturaleza variable). En este sentido, a ojos del analista, la energía nuclear emerge como una solución estratégica, descarbonizada, previsible y menos vulnerable a la geopolítica de los combustibles fósiles.
El índice MarketVector Global Uranium and Nuclear Energy Infrastructure, que agrupa valores ligados al uranio y a la infraestructura nuclear, refleja esta tendencia, registrando un avance interanual del 123% en dólares y se ha duplicado en los últimos tres años.

Por otro lado, LFDE insiste en que la expansión nuclear enfrenta desafíos de gran magnitud, con plazos de construcción largos, que tienden a ser agravados por retrasos inesperados y regulaciones estrictas; además de grandes inversiones y de la escasez de mano de obra especializada. A esto se suman riesgos industriales y normativos, así como la sensibilidad de la opinión pública, todavía marcada por accidentes históricos como Chernóbil o Fukushima. Y por último entre los retos, destaca el almacenamiento seguro de residuos radioactivos y la protección frente a ciberataques, que siguen siendo cuestiones críticas que el sector debe afrontar para consolidar su desarrollo.
En este sentido, el informe de LFDE señala que los gobiernos y la industria están adoptando medidas estratégicas. Entre los principales avances destaca Estados Unidos con su ley ADVANCE, aprobada en 2024, que se caracteriza por facilitar el despliegue de reactores avanzados y de los denominados SMR (Small Modular Reactors), unidades compactas y modulares más rápidas y flexibles de construir, pensadas para responder a la creciente demanda de los centros de datos.

En Europa, la inclusión de la energía nuclear dentro de la taxonomía de inversiones verdes ha permitido financiar proyectos de manera sostenible, mientras que Alemania, sin producir energía nuclear en su territorio, ha aceptado que se desarrolle a escala comunitaria como parte de un enfoque pragmático de transición energética.
Por otro lado, Asia también avanza con pasos firmes. India abrió en 2025 la inversión nuclear al capital privado y extranjero, mientras que China se prepara para consolidarse como líder mundial en generación atómica, con leyes que protegen inversiones estratégicas y apoyan la neutralidad de carbono para 2060. Corea y Japón impulsan iniciativas similares, aunque en Japón persisten los recuerdos de Fukushima, lo que condiciona la percepción pública.
La energía nuclear podría ser el gran amortiguador a la crisis de Oriente Próximo
Aunque esto no es solo una iniciativa estatal. El informe apunta a que el sector privado tecnológico también se está sumando al impulso nuclear. Microsoft ha firmado un acuerdo para reactivar la central de Three Mile Island, cerrada desde 2019 tras un histórico accidente, mientras que Google, Meta, Oracle y OpenAI apuestan por reactores modulares para garantizar suministro estable a sus centros de datos.
En definitiva, el mercado, según señala LFDE, está apostando claramente por la energía nuclear. De hecho, según Bloomberg, el índice global de valores nucleares cotiza a más de 50 veces los beneficios previstos en 2026 y 127 veces los actuales. Por lo que la implantación de la nuclear ha dejado de ser como una opción estratégica, sino como un auténtico vector de crecimiento, especialmente por el surgimiento de los centros de datos como infraestructura crítica clave para el siglo XXI.




