Esta semana se reúnen Donald Trump y Xi Jinping. Los analistas consultados por Merca2 esperan una estabilización táctica sin reconciliación estratégica, aunque perciben que la dependencia mutua en energía, minerales e IA puede impedir un desacople pleno y empujar a una coexistencia competitiva más pragmática de lo que hoy descuenta el mercado.
Entre las grandes ideas de consenso están que la reunión será constructiva en tono, limitada en contenido, el desacople estratégico sigue vivo, la interdependencia limita la agresividad de ambos, Oriente Medio y Ormuz son el catalizador inmediato y la advertencia de que los mercados reaccionarán más al “tono” que al contenido.
Por el lado contrario, los analistas valoran que el desacople puede estar sobreestimado, Trump podría ser menos ideológico y más transaccional, China puede llegar con más poder negociador del esperado, el verdadero acuerdo puede ser invisible y que la IA puede terminar incentivando coordinación mínima.
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Por ejemplo, en Bankinter, recuerdan que la delegación que acompañará a Trump será relativamente pequeña, unos doce ejecutivos, lo que nos hace pensar que no se esperan grandes avances en temas económicos y el foco estará más en la seguridad, con Irán, Taiwan y los minerales críticos como protagonistas.
Así, para ellos, el resultado es impredecible. Podría centrarse en cuestiones clave, como aranceles, tierras raras o tecnología. Por otra parte, China es la gran beneficiada en la apertura del Estrecho de Ormuz, al ser una de las mayores importadoras mundiales de petróleo y EE.UU. aprovechará esta debilidad. Aunque persiste la incertidumbre sobre el desenlace, probablemente las conversaciones tengan un tono constructivo.

Por su parte, en Renta 4 hablan de la tan esperada reunión Trump-Xi Jinping en Pekín (jueves 14 y viernes 15 de mayo). Respecto a dicha reunión (aplazada desde la fecha inicialmente prevista a finales de marzo debido al inicio de la guerra en Irán), el foco de interés estará en si hay acuerdos concretos positivos (comunicado conjunto sobre Ormuz o compromiso chino de presión sobre Irán, renovación de la tregua comercial y distensión en semiconductores y tierras raras) o por el contrario se intensifican las diferencias entre las dos mayores potencias mundiales.
Consideramos que varios serán los temas clave a tratar:
1) evolución del conflicto en Oriente Medio, especialmente por el “shock energético” derivado del cierre del Estrecho de Ormuz, recordando que China es el mayor importador de crudo del mundo;
2) aranceles, donde recordamos que hay una tregua vigente desde agosto 2025, cuando EE. UU. recortó el arancel por fentanilo del 20% al 10% y China suspendió sus controles a la exportación de minerales y tierras raras durante un año (hasta nov-2026),
3) Taiwán, un foco de tensión continuo y primera línea roja de Pekín,
4) IA y guerra de semiconductores, ante el endurecimiento por EE. UU. de restricciones a la exportación de chips avanzados a China, que a su vez puede responder con limitaciones a las exportaciones de minerales críticos; una interdependencia tecnológica y de materias primas críticas que “obliga” a las dos mayores potencias mundiales a entenderse.
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Trump-Xi Jinping: la opinión de Aberdeen
Por último, Robert Gilhooly, economista sénior especializado en mercados emergentes de Aberdeen Investments, señala que la visita del presidente Trump a Pekín ofrece una oportunidad para reajustar las relaciones entre EE. UU. y China, pero los cambios reales podrían ser modestos.
El control que ejerce China sobre los minerales críticos le da una baza importante, lo que debería ayudar a mantener el actual y delicado equilibrio, pero quienes esperen una reducción significativa de los aranceles, una aclaración sobre la relación comercial o una declaración conjunta sobre el conflicto de Oriente Medio podrían llevarse una decepción.

El fentanilo sigue siendo fundamental en la crisis de los opiáceos en EE. UU. —responsable de la mayoría de las muertes por sobredosis—, pero es posible que el presidente Trump revierta algunos de los aranceles sobre el fentanilo promulgados anteriormente. Esto se debe en parte a la necesidad de reducir las tensiones entre EE. UU. y China —y a un reconocimiento tácito de que China ha endurecido los controles sobre las exportaciones de precursores—, y también al hecho de que se encuentran en terreno inestable tras la anulación de la IEEPA por parte del Tribunal Supremo de EE. UU.
No obstante, China todavía podría salir relativamente perdiendo; será más fácil utilizar la legislación vigente (Secciones 232 y 301) contra China —donde existen motivos de queja más legítimos— que volver a levantar el muro arancelario contra otros socios comerciales, por ejemplo.
La política estadounidense sobre el acceso a la tecnología avanzada será un ámbito clave a tener en cuenta.
Es posible que el Congreso quiera aplicar una línea dura en lo que respecta a la restricción del acceso a semiconductores avanzados, pero no descartaríamos una modesta flexibilización como parte de un acuerdo transaccional. Es probable que se produzcan declaraciones de alto nivel que prometan comprar más productos estadounidenses, aunque los detalles sean escasos.
La competencia estratégica en torno a la inteligencia artificial general —y la convicción de la Administración Trump de que una regulación mínima es el mejor enfoque para apoyar a las empresas estadounidenses— sugiere que se acordará poco sobre la necesidad de establecer medidas de protección oficiales en materia de IA.
El conflicto de Oriente Medio se debatirá a puerta cerrada —y es probable que EE. UU. pida a China que presione a Irán—, pero es poco probable que se haga público un comunicado conjunto que diga algo concreto.
En general, aunque los mercados acogerán con agrado las declaraciones positivas de ambas partes como indicio de que se mantendrá el statu quo, la dinámica subyacente sigue apuntando a que ambas partes se distanciarán aún más a largo plazo.





