China lidera el despliegue de robots humanoides en fábricas, EE.UU. se queda en bailes

Mientras China despliega robots humanoides en fábricas como CATL y en la red eléctrica estatal, las empresas estadounidenses se limitan a exhibiciones. La prioridad nacional del gigante asiático sitúa a Europa ante un dilema competitivo que España no puede ignorar.

China acapara más del 85% de las instalaciones mundiales de robots humanoides, un dominio que refleja una brecha de estrategia más que de tecnología. La diferencia no está en los algoritmos ni en el hardware, sino en la apuesta decidida del Estado chino por convertir estos autómatas en mano de obra productiva. Mientras Pekín los despliega en fábricas y redes eléctricas, Washington se muestra en vídeos de baile y saltos mortales.

Claves de la operación

  • China ha desplegado robots humanoides en la producción real de CATL y en la red eléctrica estatal. Estas unidades operan sin supervisión humana constante y triplican la productividad en tareas de alto riesgo. La inversión de casi 1.000 millones de euros en 8.500 robots confirma la prioridad nacional.
  • La valoración de las startups estadounidenses supera a las chinas a pesar de tener una presencia comercial ínfima. Figure alcanza 39.000 millones de dólares, mientras que la china Linkerbot ronda los 6.000 millones. El mercado de capitales parece descontar un crecimiento explosivo que aún no se traduce en unidades entregadas.
  • España y Europa miran con cautela este desarrollo, lastradas por la regulación y la dependencia tecnológica. La automatización humanoide podría aliviar la escasez de mano de obra en sectores como la automoción, pero el Viejo Continente carece de un plan industrial comparable al chino. La UE prepara directrices éticas que podrían ralentizar la adopción.

Del espectáculo a la cadena de montaje: dos visiones de la robótica

El contraste entre ambas potencias es casi caricaturesco. Figura, la empresa estadounidense respaldada por grandes fondos, ha centrado sus demostraciones en coreografías y acrobacias. En el otro lado del Pacífico, los humanoides están realizando trabajos pesados. En la planta de Zhengzhou de CATL, los robots de la startup Spirit AI conectan enchufes de baterías de alta tensión, una tarea considerada peligrosa para los humanos. Según la compañía, las conexiones alcanzan un éxito del 99% y triplican el rendimiento humano, sin necesidad de pausas ni turnos.

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No es un caso aislado. La Corporación Estatal de la Red Eléctrica ha destinado 6.800 millones de yuanes —unos 1.000 millones de euros— para adquirir 8.500 robots con inteligencia artificial que inspeccionarán y mantendrán líneas eléctricas en 26 regiones. Esta inversión pública convierte a China en el mayor cliente y laboratorio de pruebas del mundo para la robótica humanoide. Mientras, en la misma feria CES, los robots estadounidenses apenas abandonan el escenario.

Detrás de esta aceleración late una razón demográfica. La población en edad de trabajar en China se ha reducido en casi 40 millones desde 2016, y las nuevas generaciones rechazan los empleos fabriles de baja remuneración. El envejecimiento de la mano de obra obliga al Gigante Asiático a automatizar o perder competitividad. Japón y Corea del Sur, con crisis similares, ya anuncian planes: Samsung pretende robotizar todas sus plantas con una IA central.

La guerra de las valoraciones: ¿espejismo financiero o apuesta de futuro?

Los mercados de capitales dibujan un panorama distinto. Figure, que apenas ha comercializado sus humanoides, se valora en 39.000 millones de dólares, seis veces más que la china Linkerbot. Esta disparidad responde a la confianza en que la demanda explotará en los próximos años, pero los datos actuales no la sustentan. Según la Federación Internacional de Robótica (IFR), China representa el 85% de las 15.000 instalaciones de humanoides de 2025, pero la mayoría siguen siendo proyectos piloto o demostraciones.

El informe de la IFR advierte que el mercado masivo tardará varios años en despegar. De hecho, más de 150 desarrolladores compiten en el mercado chino, fragmentando la oferta y ralentizando la estandarización. Por otro lado, las empresas estadounidenses dependen de rondas de financiación récord que se justifican con un discurso de disrupción, pero con pocos contratos firmes en la industria manufacturera. Nos encontramos, quizá, ante una burbuja de expectativas que podría corregirse cuando los inversores exijan retornos tangibles.

China no tiene mejor tecnología; tiene una política industrial que convierte los robots humanoides en una fuerza laboral real, mientras las startups estadounidenses aún venden promesas multimillonarias.

carrera robótica

El efecto en España: la automatización como respuesta a la demografía

España no es ajena a esta tendencia, aunque parte de una posición muy discreta. La pirámide demográfica española también se invierte, y sectores como la automoción, la logística y la construcción sufren una crónica falta de relevo generacional. La industria española, altamente robotizada en procesos tradicionales, apenas cuenta con con experiencias con humanoides. Plantas como la de SEAT en Martorell operan con miles de robots industriales, pero son brazos mecánicos sin movilidad ni inteligencia compleja. La posibilidad de incorporar humanoides que asuman tareas de manipulación flexible podría aliviar cuellos de botella, pero ninguna gran empresa española ha dado el paso.

Empresas como Indra, referente en defensa y ciberseguridad, están desarrollando sistemas robóticos para aplicaciones militares y de seguridad, pero no para la cadena de suministro civil. La dependencia de la tecnología china genera recelos, sobre todo en un contexto de tensiones geopolíticas. Bruselas prepara un código de conducta para la robótica inteligente que podría imponer requisitos de transparencia y seguridad que dificulten la importación masiva de humanoides chinos. Mientras, la inversión europea en robótica humanoide sigue siendo marginal frente a los gigantes asiáticos.

Desde esta redacción entendemos que la carrera de los robots humanoides está lejos de decidirse. China domina por volumen y por la escala de su mercado interior, pero la fiabilidad a largo plazo, la aceptación social y el marco regulatorio europeo podrían nivelar el terreno. El próximo informe de la IFR, previsto para el segundo semestre de 2026, ofrecerá la primera radiografía detallada del despliegue global. Para España, la cuestión no es si utilizará robots humanoides, sino cuándo y con qué proveedores. Y, mientras tanto, la distancia entre las fábricas chinas y los espectáculos estadounidenses sigue ampliándose.


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