El precio del barril de Brent ronda ya los 98 dólares, su nivel más alto desde la crisis energética de 2022. Pero esta vez el detonante no es la guerra en Ucrania, sino la escalada de tensión en el Golfo Pérsico. Y el Banco Central Europeo no quiere pillar desprevenido a nadie.
Philip Lane, economista jefe de la institución, ha lanzado este martes una advertencia que resuena con fuerza en Fráncfort: si el conflicto con Irán interrumpe el suministro de crudo de forma significativa, los tipos de interés en la zona euro tendrán que subir. La declaración, recogida por Reuters, llega en un momento especialmente delicado, con los presidentes de Estados Unidos y China reunidos en una cumbre que también pivota sobre el precio de la energía.
La advertencia de Lane: petróleo, inflación y tipos
Lane ha dibujado un escenario que pocos en el BCE se atreven a verbalizar con tanta claridad. Un barril de Brent por encima de los 120 dólares —cifra que no se descarta si se cierra el estrecho de Ormuz— dispararía la inflación importada. Y eso, en un momento en que la inflación subyacente sigue en en niveles incómodos, obligaría al Consejo de Gobierno a mover ficha.
No es una hipótesis académica. El propio Lane ha recordado que los modelos del BCE muestran una elasticidad muy directa entre los precios de la energía y las expectativas de inflación a medio plazo. De acuerdo con sus cálculos, un shock petrolero de magnitud similar al de 2008 sumaría entre 1,2 y 1,8 puntos porcentuales al IPC armonizado de la zona euro en solo dos trimestres. «No podemos permitirnos un desanclaje de expectativas», habría señalado en la reunión interna filtrada a Reuters.
El efecto colateral de una cumbre entre Xi y Trump
La alerta de Lane coincide con el primer encuentro cara a cara entre Xi Jinping y Donald Trump desde el regreso del republicano a la Casa Blanca. La cumbre, que se celebra en Ginebra, tiene el precio del petróleo como uno de los puntos calientes de la agenda. China, el mayor importador mundial de crudo, teme un repunte descontrolado que descarrile su frágil recuperación. Y Estados Unidos, con sus reservas estratégicas aún mermadas, necesita estabilidad en los mercados.
Sin embargo, el factor Irán introduce una variable que escapa al control de ambas potencias. Los recientes ataques a buques en el Golfo Pérsico y las maniobras militares iraníes han disparado las primas de riesgo en los futuros del Brent. Ayer el contrato para entrega en julio superó los 99 dólares, arrastrando consigo los precios del gas natural en Europa. Cosas que pasan en 2026.
El BCE y el dilema de 2022: lecciones que quizá no sirvan
El Banco Central Europeo ya se enfrentó a una encrucijada parecida hace apenas cuatro años. En 2022, la guerra de Ucrania llevó los precios de la energía a máximos históricos y el BCE respondió con la mayor subida de tipos de su historia, llevando el tipo de depósito del -0,5% al 4% en menos de doce meses. Aquella medicina frenó la inflación, sí, pero también contribuyó a un estancamiento que todavía lastra a la industria alemana.
Ahora la situación es distinta, advierten los analistas. La economía de la zona euro crece a un ritmo anémico, con el PIB estancado en el 0,2% trimestral. Subir tipos en ese contexto supondría un riesgo evidente de recesión. De ahí que la advertencia de Lane pueda interpretarse también como una señal a los mercados: el BCE está dispuesto a actuar, pero solo si el impacto energético es tan severo que comprometa su objetivo de inflación del 2%.
Personalmente, creo que el margen de maniobra es escaso. La historia reciente demuestra que el BCE tiende a reaccionar tarde y con fuerza. Si el petróleo se instala por encima de los 110 dólares, Fráncfort se verá arrastrada a un endurecimiento que los gobiernos del sur de Europa difícilmente podrán digerir. El verdadero dilema no es si subir o no los tipos, sino si la eurozona está preparada para un aterrizaje forzoso en un entorno de fragmentación política como el que dejaron las elecciones de 2024.
El propio Lane ha dejado caer que el BCE dispone de herramientas para mitigar posibles tensiones en las primas de riesgo, pero esa promesa de 2012 ya suena a disco rayado. ¿Hasta cuándo será creíble?




