El petróleo se encamina a marcar nuevos picos de precio. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) lo deja claro en su último informe mensual: los inventarios globales están cayendo a un ritmo que no se veía desde hace más de dos años, y el conflicto en Irán, pese a haber reducido el consumo, no ha sido suficiente para frenar el drenaje.
Según ha adelantado el Financial Times, el organismo con sede en París subraya que la demanda mundial de crudo sigue siendo robusta. China tira del carro y Occidente, con menor empuje, aporta un goteo constante. La guerra en Irán ha desorganizado el tráfico marítimo, pero la oferta no se ha desplomado tanto como se temía. El verdadero problema es otro: los almacenes se vacían más rápido de lo previsto.
Inventarios de petróleo: un drenaje rápido que enciende las alarmas
Los inventarios de petróleo en las economías de la OCDE se redujeron en abril a su nivel más bajo en tres años. La caída duplica la media estacional, según los cálculos de la AIE recogidos por el periódico. El consumo de crudo para combustible de aviación y transporte sigue un 2% por encima de 2019, mientras que la producción no acompaña. Arabia Saudí mantiene sus recortes adicionales y la producción rusa tropieza con las sanciones.
Algunos analistas apuntan a un efecto de adelantamiento de compras ante la incertidumbre geopolítica. Las refinerías asiáticas han acumulado reservas preventivas, pero los tanques no se llenan solos. La AIE advierte de que la capacidad de bombeo excedentaria de la OPEP+ se sitúa en apenas 3,2 millones de barriles diarios, un colchón que se estrecha mes a mes. Récord tras récord.
El conflicto iraní, que en un primer momento disparó los futuros por encima de 110 dólares, ha ido perdiendo fuelle como motor alcista. Sin embargo, su impacto en las rutas de suministro sigue latente. El bloqueo parcial del estrecho de Ormuz añade una prima de riesgo de entre 5 y 8 dólares, pero el drenaje de inventarios es el que está tensando la cuerda de verdad.
Efectos en la inflación y el sector energético
Un barril de Brent por encima de los 95 dólares es una mala noticia para los bancos centrales. En España, donde la energía pesa un 9% en el IPC, un petróleo caro podría retrasar la desescalada de tipos del BCE. El mercado descuenta un primer recorte en septiembre, pero si la inflación subyacente repunta, Fráncfort lo pensará dos veces.
Las cotizadas energéticas han reaccionado al alza en las últimas sesiones. Repsol ha ganado un 8% desde que se filtraron los datos preliminares de la AIE, y las grandes petroleras europeas cotizan con múltiplos de vértigo. Sin embargo, la rotación hacia activos reales y materias primas empieza a ser visible en las carteras de los grandes fondos de inversión. BlackRock, la semana pasada, elevó su exposición a energía y redujo tecnología.
Para el ahorrador español, el envite llega en un momento delicado. Los fondos mixtos que incorporan bonos ligados a la inflación y materias primas han captado entradas netas de 450 millones de euros en el primer trimestre, una cifra que duplica la de hace un año. El inversor minorista busca protección sin renunciar a la rentabilidad, pero el péndulo empieza a inclinarse hacia el riesgo de precios.
Análisis: ¿hasta dónde pueden subir los precios del crudo?
La gran pregunta no es si el petróleo superará los 100 dólares, sino durante cuántas semanas se mantendrá ahí. La AIE insinúa que los inventarios podrían tocar mínimos de 2014 si la OPEP+ no flexibiliza su política de recortes. El cártel ha insistido en que solo abrirá los grifos cuando vea una demanda firme, pero con este ritmo de drenaje, hacerlo demasiado tarde podría disparar los precios aún más, generando un parón económico que nadie desea.
El factor geopolítico sigue en un segundo plano, pero no ha desaparecido. Cualquier escalada en Irán o en el Mar Rojo tensaría aún más una situación ya de por sí frágil. Ahora mismo, el mercado cotiza más el miedo al desabastecimiento por falta de stocks que por guerra abierta.
Desde esta redacción creemos que la coyuntura abre una ventana de oportunidad para el inversor táctico, pero implica un riesgo elevado para el que va a largo plazo. El petróleo, como activo de cobertura frente a la inflación, cumple su función. Pero como fuente de crecimiento sostenido, tiene fecha de caducidad. La transición energética avanza, sí, pero aún quedan años de tira y afloja entre la oferta limitada y una demanda que se resiste a bajar. La reunión de la OPEP+ de principios de junio será la primera piedra de toque para calibrar si el mercado empieza a recibir alivio o si la mecha sigue encendida.




