El Gobierno ha adjudicado 440 millones de euros de la segunda subasta nacional de hidrógeno renovable a dos grandes grupos energéticos. Un pellizco considerable que se reparte entre tres proyectos en Huelva y Albacete, liderados por Iberdrola y Capital Energy. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) ha sido el encargado de resolver la puja, marcando un nuevo hito en el despliegue del vector energético en España.
El mayor beneficiario ha sido Iberdrola, que se lleva la parte del león. La compañía presidida por Ignacio Sánchez Galán recibirá apoyo público para dos proyectos en la provincia de Huelva. No es un territorio cualquiera: el polo industrial onubense concentra una demanda de hidrógeno muy relevante para sustituir el gas natural en procesos como el refinado de combustibles o la producción de amoniaco. De hecho, uno de esos polos industriales es uno de los mayores consumidores de hidrógeno gris de toda España.
En paralelo, Capital Energy ha logrado una asignación para un tercer proyecto en Albacete. La empresa, conocida hasta ahora sobre todo por su cartera de renovables eólicas y fotovoltaicas, da así un paso firme hacia la producción de molécula verde. Una diversificación lógica: si ya generas electricidad renovable, producir hidrógeno es una forma de dar salida a esa energía cuando la red está congestionada.
El reparto territorial de los 440 millones: Huelva y Albacete
El detalle de la resolución muestra una concentración geográfica muy marcada. Los dos proyectos de Iberdrola en Huelva absorben la mayor parte de la ayuda. Uno se centrará en la producción a gran escala de hidrógeno verde mediante electrólisis, aprovechando la capacidad eólica y solar de la zona. El segundo está orientado a la conexión directa con un consumidor industrial, usando un modelo de autoconsumo o de suministro dedicado que reduce los costes logísticos. Las cifras exactas por proyecto no se han desglosado, pero fuentes del sector sitúan la inversión conjunta de Iberdrola cerca de los 300 millones de euros.
En el caso de Capital Energy en Albacete, el proyecto se integra en el hub de innovación que la compañía está construyendo en Castilla-La Mancha. Mezcla generación fotovoltaica, almacenamiento con baterías y ahora electrolizadores. Es una apuesta por la generación gestionable y los combustibles sintéticos. La ayuda pública cubrirá una parte sustancial de la inversión necesaria para hacer viable una tecnología que todavía lucha por cerrar sus números sin apoyo fiscal.
La subasta del MITECO: un mecanismo para la demanda industrial real
Esta segunda subasta del MITECO forma parte del plan estratégico de hidrógeno, una iniciativa para ayudar a la descarbonización de sectores difíciles de electrificar. La idea es sencilla: pagas una prima o una subvención directa a los productores para que puedan vender el hidrógeno verde a un precio competitivo frente al gris, que es más barato pero muy contaminante. El comprador industrial no paga de más y el productor no pierde dinero. Al menos sobre el papel.
La clave de esta segunda convocatoria ha sido la exigencia de que los proyectos tuvieran acuerdos de compraventa (off-takers) sólidos o, al menos, cartas de interés muy avanzadas. La demanda no se da por supuesta; tiene que estar ahí. Iberdrola ha sabido jugar bien esa baza, atando a grandes clientes en Huelva antes de presentarse. Capital Energy, con un perfil quizás más innovador que industrial, ha logrado colar su propuesta manchega.
Más allá de la subvención: el hidrógeno como apuesta industrial y no solo energética
Conviene no perder el norte. Estamos hablando de 440 millones de euros de dinero público. Una cantidad nada desdeñable que obliga a preguntarse: ¿estamos ante un simple trasvase de fondos o ante el embrión de una industria real?
Mi impresión es que la política de hidrógeno renovable en España ha entrado en una fase de selección natural. Las primeras subastas y los proyectos faro (como el de Puertollano) eran sobre todo demostrativos. Ahora lo que se premia es la cercanía al consumo masivo. Huelva tiene sentido porque quema hidrógeno a diario desde hace décadas. Albacete es una apuesta de medio plazo donde el valor no está en el consumo inmediato sino en el desarrollo tecnológico y la integración con renovables. No es una frivolidad. En Europa empieza a verse que el hidrógeno, más que un commodity energético para coches o calderas domésticas, será una materia prima industrial para descarbonizar procesos que no tienen otra alternativa: la siderurgia, la química, la refinería, o el transporte marítimo. España, con sus recursos solares y eólicos, está bien posicionada para ser un productor competitivo.
Sin embargo, el riesgo de burbuja existe. Si estas ayudas no se traducen en plantas operando a pleno rendimiento con contratos bilaterales estables, habremos subvencionado un espejismo. El MITECO lo sabe y por eso endureció las condiciones de permanencia y ejecución. De los proyectos financiados en la primera subasta, no todos están en marcha. Algunos acumulan retrasos por los precios de los electrolizadores o por la falta de acuerdos firmes de compra.
El calendario, por tanto, importa. Y mucho. La propia resolución fija hitos temporales de obligado cumplimiento. La pregunta que dejo en el aire, sin pretender responderla hoy, es si en 2030 miraremos estas subastas como el arranque definitivo de una economía del hidrógeno o como otro episodio de entusiasmo inversor que chocó con la realidad de un mercado todavía incipiente.




