SAIC Motor, propietaria de la marca MG y controlada por el estado chino, estudia instalar en Ferrolterra su primera planta de producción de vehículos eléctricos en Europa, un proyecto que crearía 5.000 empleos en Galicia. La Xunta de Galicia ha confirmado que la operación es ‘posible’ y que los contactos con el grupo chino avanzan, según fuentes del ejecutivo autonómico.
El interés por atraer una gran inversión automovilística a la comarca no es casual. Ferrolterra dispone de suelo industrial, conexiones portuarias y una tradición fabril que ya llevó a la Xunta a ofrecer la zona como candidata para otros proyectos industriales. Ahora, la posibilidad de que SAIC —conocida por su joint venture con Volkswagen y por controlar la icónica marca británica MG— recale en el norte de España coloca a Galicia en el mapa de los grandes movimientos del sector.
El proyecto de SAIC en Ferrolterra: lo que se sabe hasta ahora
SAIC Motor es el mayor fabricante automovilístico de China por volumen de ventas y cuenta con una gama de vehículos que van desde los comerciales hasta los turismos eléctricos de batería. La planta gallega, de confirmarse, sería la primera que el grupo construye en Europa, en un momento en que los aranceles y la presión regulatoria empujan a las marcas chinas a producir cerca del consumidor final.
Según los datos preliminares que maneja la Xunta de Galicia, la fábrica podría ocupar una superficie superior a los 500.000 metros cuadrados y requeriría una inversión de varios miles de millones de euros. Las cifras aún son orientativas y dependerán del plan de negocio definitivo que SAIC presente a las autoridades españolas.
La decisión no está tomada. Fuentes cercanas al proceso admiten que la compañía china también ha sondeado ubicaciones en Polonia, Hungría y la República Checa, países que ofrecen menores costes laborales y una fiscalidad más laxa. Sin embargo, la estabilidad del mercado español, la presencia de una red de proveedores madura y el acceso a fondos europeos de recuperación podrían inclinar la balanza hacia Galicia.
5.000 empleos y un revulsivo para la industria auxiliar
El impacto en el mercado laboral gallego sería inmediato. La creación directa de 5.000 puestos de trabajo —a los que se sumarían otros miles en empresas auxiliares de logística, componentes y servicios— cambiaría la estructura productiva de una zona que todavía arrastra las consecuencias de la reconversión naval e industrial. Para que nos hagamos una idea: el sector del automóvil en Galicia emplea actualmente a unas 23.000 personas, concentradas sobre todo en la planta de PSA-Vigo y su ecosistema de proveedores.
Además del empleo, la llegada de SAIC arrastraría a fabricantes chinos de baterías y componentes, que ya están buscando emplazamientos en Europa para dar servicio a sus clientes. La Xunta de Galicia ha señalado en repetidas ocasiones que dispone de bolsas de suelo industrial preparadas para albergar grandes proyectos, y Ferrolterra podría beneficiarse de esa planificación.
No obstante, el verdadero reto estará en la formación de la mano de obra. Los vehículos eléctricos requieren perfiles técnicos específicos y una cadena de suministro distinta a la del motor de combustión, lo que obligará a la administración y a los centros de formación a diseñar programas específicos. La oportunidad es enorme, pero el margen de error es escaso.
El trasfondo de la inversión china en el automóvil europeo
Que SAIC explore España no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia de los fabricantes chinos: establecer fábricas en suelo europeo para esquivar los aranceles y demostrar su compromiso con la producción local. BYD ya ha arrancado la construcción de su planta en Hungría y Chery ha acordado ensamblar modelos en la antigua fábrica de Nissan en Barcelona. MG, bajo el paraguas de SAIC, quiere seguir el mismo camino.
Europa, mientras tanto, observa con una mezcla de interés y cautela. Por un lado, la inversión china genera empleo y acelera la transición hacia el vehículo eléctrico; por otro, Bruselas teme que una avalancha de ayudas públicas concedidas a empresas chinas pueda distorsionar la competencia y perjudicar a los fabricantes europeos. En este sentido, la Comisión Europea ya ha abierto investigaciones sobre las subvenciones recibidas por algunos grupos chinos y no se descarta que endurezca las condiciones para futuras implantaciones.
Desde una óptica estrictamente económica, la posible elección de Ferrolterra tiene sentido. SAIC necesita una fábrica que le permita producir a gran escala sin depender de las importaciones, y Galicia ofrece costes razonables, conexiones marítimas y una administración autonómica dispuesta a colaborar. Pero el camino hasta ver los primeros MG ‘made in Galicia’ rodar por las carreteras europeas será largo y estará plagado de negociaciones, plazos y condicionantes políticos.
Queda la pregunta de hasta qué punto el proyecto aguantará la presión de los competidores y de una demanda que, aunque creciente, no está exenta de incertidumbre. La historia de las grandes inversiones industriales está llena de anuncios que nunca llegaron a materializarse. En esta ocasión, sin embargo, las señales apuntan a que la Xunta y SAIC van en serio.




