Esta es la principal conclusión del último informe de WoodMackenzie, que plantea que el mercado de las turbinas de gas está experimentado una crisis estructural debido a un desequilibrio entre la oferta y la demanda. En este sentido, el informe identifica como uno de los grandes factores que ha disparado la demanda a la inteligencia artificial.
Las turbinas de gas en el centro de la escalada de la demanda
El auge de los centros de datos, impulsados por el desarrollo de modelos avanzados de IA y el crecimiento del cloud, está tensionando de forma inédita los sistemas eléctricos. Según el informe, el consumo energético de estas infraestructuras podría crecer cerca de un 96% entre 2026 y 2031, obligando a acelerar la construcción de nuevas centrales de generación firme. En ese contexto, las turbinas de gas se posicionan como una solución clave por su capacidad de aportar energía gestionable y rápida.

Sin embargo, el problema no reside en la tecnología, sino en la capacidad de producirla. La demanda global de turbinas se sitúa actualmente en torno a los 110 GW, mientras que la capacidad industrial apenas alcanza entre 60 y 70 GW. Este desfase ha provocado que los pedidos estén prácticamente comprometidos hasta 2027, con plazos de entrega que pueden extenderse hasta seis años.
La operación reforzada ha asegurado la estabilidad del sistema a costa de todos
El impacto ya se refleja en los precios. Wood Mackenzie prevé que el coste de las turbinas alcance los 600 dólares por kilovatio en 2027, lo que supone un incremento cercano al 195% respecto a los niveles de 2019. Un encarecimiento que amenaza con alterar la viabilidad económica de numerosos proyectos energéticos en todo el mundo.
Además, las turbinas representan entre el 20% y el 30% del coste total de una central eléctrica, por lo que su subida tiene un efecto directo en la inversión necesaria para nuevos desarrollos. En este nuevo escenario, las compañías eléctricas ya no solo compiten por asegurar suministro de combustible, sino por garantizar el acceso a equipos en plazo.
Por el lado de la oferta, los principales fabricantes, como GE Vernova, Siemens Energy o Mitsubishi Power, han anunciado inversiones millonarias para ampliar su capacidad productiva. No obstante, el informe advierte de que los cuellos de botella, especialmente en componentes críticos y mano de obra especializada, persistirán durante varios años.
Así, el mercado de turbinas de gas entra en una fase de tensión prolongada que podría extenderse durante toda la década. Una situación que no solo encarece la transición energética, sino que también introduce nuevos riesgos en la planificación de infraestructuras clave, en un momento en el que la demanda eléctrica global no deja de crecer.




