Crear una cartera de inversión no es una fórmula mágica, sino un proceso de arquitectura financiera. No se trata de adivinar qué acción subirá mañana, sino de construir algo coherente con tus objetivos, tu horizonte temporal y tu tolerancia al riesgo. Te contamos cómo hacerlo.
El paso cero es saber con cuánto dinero cuentas para invertir. Y eso pasa por tener cubiertas tus necesidades de ahorro a corto plazo: ingresos recurrentes y cobertura de emergencias.
Recuerda que es recomendable tener una hucha para imprevistos que cubra tus necesidades -y las de tu familia- para tres meses. Esto es, has de tener una hucha en liquidez que te cubra los gastos habituales de ese periodo. A partir de ahí, puedes poner a tu dinero a trabajar para ti. Primero ahorra; después invierte.
La hucha es vital porque si inviertes sin tener un ahorro acumulado previamente, cualquier necesidad que surja tendrás que cubrirla con ese dinero invertido y eso echará por tierra tu estrategia de inversión, pues tendrás que rehacerla constantemente.
No te pierdas tampoco: Cómo empezar a invertir con 100 euros en España sin riesgo
Imagina que te abres un fondo de inversión para tu jubilación (largo plazo) pero debes sacar dinero a los tres años para cambiarte de coche. Nunca llegarás a tener una buena jubilación si las inversiones para ese fin se quedan por el camino.

Una cartera de inversión ajustada a objetivos, horizonte y riesgo
El primer paso para crear una cartera de inversión es definir tu punto de partida: tu perfil inversor. Eso pasa por identificar para qué inviertes (cuál es el objetivo de la inversión), a qué plazo inviertes (medio o largo plazo) y cuál es tu nivel de riesgo/volatilidad.
Dicho de otra manera, el perfil inversor depende de tus objetivos, del tiempo que puedas darle al dinero para que trabaje para ti y de tu tolerancia a la volatilidad (movimientos al alza y a la baja de tu cartera) y, por lo tanto, de tu tolerancia al riesgo.
¿Qué son los ETFs y por qué están en máximos históricos con el conflicto de Irán?
El segundo paso suena muy bien en inglés porque es el Asset Allocation o asignación de activos. Según cuál sea tu objetivo y el plazo que tengas para conseguirlo, debes buscar los mejores activos ¿has oído hablar de la cartera 60/40? Bueno, pues es un buen punto de partida para inversiones a largo plazo. Consiste en invertir un 60% de tu capital en renta variable (Bolsa) y un 40% en renta fija (Letras o bonos).
La primera supone más riesgo, pero más rentabilidad potencial y la segunda menos riesgo, pero menos rentabilidad.
Dependiendo de tu perfil de inversión, el Asset Allocation cambia:
- Perfil Conservador (Corto Plazo: 1-3 años):
- Prioridad: Preservar el capital.
- Ejemplo: 20% Renta Variable / 80% Renta Fija y Monetarios.
- Perfil Moderado (Medio Plazo: 5-10 años):
- Prioridad: Crecimiento equilibrado.
- Ejemplo: 50% Renta Variable / 50% Renta Fija.
- Perfil Agresivo (Largo Plazo: +15 años):
- Prioridad: Maximizar el crecimiento.
- Ejemplo: 80-90% Renta Variable / 10-20% Renta Fija.
Así, el siguiente paso es diversificar, aquello del refrán español de No poner todos los huevos en la misma cesta.
Diversificar no es tener 10 acciones españolas. Es repartir por geografías (EE. UU., Europa, emergentes) por sectores (tecnología, energía, consumo…) y por tipos de activo.
En ambos casos, puedes decidirte por inversiones directas donde tú tomas las decisiones (Bolsa o bonos), o indirectas (fondos de inversión o planes de pensiones donde la gestión está en manos de profesionales).
Todo depende del tiempo que la puedas dedicar a tus inversiones y del nivel de educación financiera que tengas. La mejor inversión es tu formación; eso es mejor que no lo olvides nunca.
A partir de esa premisa y según sea tu cultura financiera, puedes invertir en Fondos indexados o ETFs, o bien en acciones individuales. O como dijimos antes, en fondos que gestionan profesionales o en inversiones directas que gestionas tu.

Ajusta tu cartera siempre
Un error habitual al crear una cartera de inversión es olvidarse de reajustarla a esos porcentajes que estableciste al principio (60/40). Piensa que las acciones cuando suben lo hacen mucho más rápido que la renta fija, por lo que pesarán más y te descompensarán la cartera. Dicho de otra manera, asumirás más riesgo del deseado.
Como referencia, reequilibra tu cartera de inversión una o dos veces al año vendiendo una parte de lo que ha subido mucho para comprar lo que se ha quedado atrás. Esto te obliga a cumplir la regla de oro: vender caro y comprar barato.
Así, a modo de conclusión, recuerda que crear una cartera de inversión ajustada a objetivos, horizonte y riesgo lleva tiempo y precisa de reajustes cada seis meses. Y que cuánto más sepas sobre instrumentos financieros y mercados mejores serán tus decisiones como inversor.
Como broche a este artículo sobre cómo crear una cartera de inversión ajustada a tus objetivos, horizonte y riesgo recuerda que la mejor cartera es la que mejor se ajuste a tus fines y te permita dormir tranquilo.




