Tarjetas cripto disparan gasto 500%: Visa arrasa con el 90%

El gasto mensual con tarjetas vinculadas a criptomonedas se ha multiplicado por seis desde septiembre de 2024 y ya roza los 600 millones de dólares. Visa concentra nueve de cada diez transacciones registradas en blockchain, dejando a Mastercard a una distancia notable.

Las tarjetas cripto han pasado de ser un experimento de nicho a mover cifras serias. El gasto mensual con estas tarjetas, que permiten pagar en comercios convencionales usando monedas digitales, ha alcanzado los 600 millones de dólares al mes, un 500% más que en septiembre de 2024. Y dentro de ese pastel hay un actor que se lo come casi entero: Visa concentra el 90% de las transacciones on-chain (las que se registran en la red de la criptomoneda).

Dicho de otro modo, lo que hace año y medio era una curiosidad para entusiastas, hoy se parece bastante a un canal de pago consolidado. La pregunta es si esta velocidad es sostenible o si responde a un momento puntual del mercado.

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Qué está pasando con las tarjetas cripto y por qué Visa lidera

El funcionamiento de estas tarjetas es más sencillo de lo que parece. El usuario tiene saldo en criptomonedas (bitcoin, ether, alguna stablecoin como USDC, que es una moneda digital anclada al dólar) y, al pagar en una cafetería o en una tienda online, el proveedor de la tarjeta convierte ese saldo a euros o dólares en el momento. El comercio cobra en moneda tradicional y ni se entera de que detrás había cripto.

Los datos del sector apuntan a que Visa ha sabido posicionarse como la red preferida por los emisores de tarjetas cripto. Compañías como Crypto.com, Bit2Me, Binance o Coinbase han ido firmando acuerdos con la red estadounidense, lo que explica esa cuota del 90% en transacciones registradas en blockchain. Mastercard mantiene presencia, pero a una distancia considerable.

El crecimiento del gasto, ese 500% en aproximadamente 19 meses, no es casualidad. Ha coincidido con un periodo en el que bitcoin ha alcanzado máximos históricos, las stablecoins han ganado tracción para uso cotidiano y la regulación europea (el reglamento MiCA de la ESMA) ha dado un marco más claro a los emisores que operan en la UE. Cuando el usuario tiene confianza en que su proveedor está supervisado, gasta con menos reparo.

A quién afecta y qué cambia para el usuario medio

Aquí es donde la historia se vuelve interesante para el lector que no se mueve en círculos cripto. Si los pagos con tarjetas vinculadas a criptomonedas se generalizan, el efecto práctico es que la frontera entre dinero tradicional y dinero digital se vuelve cada vez más fina. Pagar el café con saldo en USDC sería tan trivial como pagarlo con la tarjeta del banco.

Para el comercio no cambia nada operativo: cobra en euros como siempre. Para el usuario sí cambia, porque puede mantener parte de sus ahorros en activos digitales y gastarlos directamente, sin pasar por el paso intermedio de vender en un exchange (una plataforma de intercambio cripto) y transferir a la cuenta bancaria. Ese rozamiento, que parecía menor, es el que ha frenado la adopción durante años.

Eso sí, hay matices que conviene tener presentes. La fiscalidad sigue siendo un tema delicado: en España, cada pago con cripto puede considerarse una venta de activo y generar una ganancia o pérdida patrimonial que hay que declarar. La Agencia Tributaria ha sido clara en este punto. Y luego está la volatilidad: pagar 50 euros de compra con bitcoin un día puede equivaler a haber gastado 55 una semana después si el precio sube.

Una adopción real, pero todavía con asteriscos

Conviene poner los 600 millones mensuales en su contexto. Visa procesa cerca de 15 billones de dólares al año en pagos globales. El gasto con tarjetas cripto, anualizado, ronda los 7.200 millones. Es decir, no llega ni al 0,05% del total. La narrativa de adopción masiva existe, pero el tamaño absoluto es todavía modesto.

Lo interesante es la curva, no el punto. Cuando un canal de pago multiplica por seis su volumen en menos de dos años, suele indicar que algo estructural está cambiando. La aprobación de los ETFs de bitcoin al contado en Estados Unidos a principios de 2024, que permitieron a los inversores tradicionales comprar bitcoin a través de fondos cotizados, fue uno de esos puntos de inflexión. La explosión de las stablecoins como medio de pago en mercados emergentes (especialmente en Latinoamérica y el sudeste asiático) es otra. Las tarjetas cripto se nutren de ambos vientos de cola.

El riesgo es la dependencia. Si el 90% del flujo pasa por Visa, cualquier decisión corporativa de la red, sea por presión regulatoria o por estrategia, podría afectar al ecosistema entero. La diversificación que tanto se predica en el mundo cripto, paradójicamente, no se está produciendo en la capa de pagos. Y ahí queda una pregunta que el sector tendrá que responder en los próximos trimestres: ¿se consolidará un modelo más equilibrado o seguiremos viendo cómo un puñado de actores tradicionales captura el grueso del valor que las criptomonedas generan en el mundo real?


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