La IA pone en jaque más de 2 millones de empleos en España y la banca ya mueve ficha. No es un escenario lejano. Las entidades financieras españolas están afinando sus próximos planes estratégicos asumiendo que la automatización va a redibujar plantillas enteras antes de que termine la década, según ha avanzado OkDiario en una información que apunta a recortes ya contemplados internamente.
La cifra impresiona, pero conviene desmenuzarla. Hablamos de puestos en riesgo de automatización parcial o total, no de despidos inminentes. Y, sin embargo, el sector que antes y con más intensidad va a notar el cambio es justamente el financiero: oficinas, back office, atención al cliente, análisis de riesgos y operaciones de bajo valor añadido. Todo lo que un modelo de lenguaje o un sistema de visión por computador puede hacer mejor, más rápido y sin descansos.
La banca española prepara recortes en su próximo ciclo estratégico
Los grandes nombres del sector ya han incorporado la IA generativa a sus hojas de ruta. BBVA firmó en 2024 un acuerdo con OpenAI para desplegar ChatGPT Enterprise entre miles de empleados, y desde entonces ha ampliado el despliegue. CaixaBank, Santander y Banco Sabadell han comunicado iniciativas similares en sus áreas de tecnología y operaciones, con foco en productividad. Lo que hasta hace poco se vendía como herramienta de apoyo al empleado se traduce ya, en la lectura interna, en menos personas haciendo el mismo trabajo.
El contexto pesa. España ha vivido en la última década una de las reestructuraciones bancarias más severas de Europa: de las 282.000 personas empleadas en el sector en 2008 se pasó a unas 165.000 en 2023, según los datos del Banco de España. Casi un 40% menos. La digitalización y las fusiones explicaban entonces el ajuste. Ahora el motor cambia: ya no son cierres de oficinas por solapamiento, es sustitución funcional por software.
Dos millones de empleos en riesgo: qué dice realmente el dato
La estimación de 2 millones de empleos expuestos a la IA en España converge con cálculos previos de organismos internacionales. El FMI estimó en enero de 2024 que en torno al 60% de los empleos de economías avanzadas están expuestos a la IA, con la mitad de ellos en riesgo de automatización y la otra mitad como complementariedad. Si trasladamos esa proporción al mercado laboral español, el orden de magnitud cuadra.
Eso sí, exposición no es destrucción. Una parte de esos puestos se transformará, no desaparecerá. Lo que sí parece claro es que el reparto será desigual: oficios administrativos, atención telefónica, gestoría básica y trabajos repetitivos de oficina llevan las de perder. La IA generativa ataca precisamente ese tipo de tareas. En cambio, perfiles técnicos, comerciales con trato humano cualificado y supervisión de sistemas saldrán reforzados.
Hay un matiz incómodo. Los anuncios corporativos suelen hablar de «reciclaje» y «recualificación». La realidad es que reciclar a un cajero de 55 años para auditar modelos de machine learning no es una operación trivial, ni para la empresa ni para la persona. Ese desfase entre el ritmo del cambio tecnológico y la capacidad real de adaptación de las plantillas es donde se concentra el riesgo social.
El dilema entre productividad y plantilla: qué viene ahora
Sostengo que la banca española está ante un cruce de incentivos delicado. Por un lado, la presión de los mercados por mejorar el ratio de eficiencia es constante: cualquier punto que se pueda recortar en costes operativos vale oro en bolsa. Por otro, el sector arrastra una fatiga reputacional acumulada por los cierres de oficinas, la exclusión financiera de las personas mayores y la sensación de que el cliente importa cada vez menos. Sumar a eso una nueva oleada de recortes vinculada a la IA —en pleno ciclo de beneficios récord— sería políticamente costoso.
El riesgo de no hacerlo, sin embargo, también existe. Si los bancos europeos no aprovechan la productividad que ofrece la IA, perderán terreno frente a competidores estadounidenses que sí lo están haciendo. JPMorgan ha comunicado planes ambiciosos en este frente, y el listón se mueve para todos. La pregunta no es tanto si habrá ajustes, sino cómo se gestionarán: con prejubilaciones pactadas y formación seria, o con bajas voluntarias y ruido sindical.
Cabe recordar que los próximos planes estratégicos de las grandes entidades —los que se presentarán en el horizonte de 2027 y 2028— serán la primera prueba real. Ahí veremos si la IA se traduce en «transformación» con menos ruido del esperado, o si abre un nuevo capítulo de tensión laboral en un sector que pensábamos que ya había dado todo lo que podía dar. La Autoridad Bancaria Europea ha empezado a exigir reportes específicos sobre uso de IA en entidades supervisadas, y eso, queramos o no, marcará el ritmo. Veremos en qué términos.




