The Economist alerta: hasta dónde subirá el precio petróleo

El semanario británico sostiene que el déficit del 13% en la oferta global no se ha trasladado aún al barril, y que los inventarios se vacían a un ritmo récord que el mercado tendrá que corregir vía precios.

El precio del petróleo podría dispararse hasta cifras que hoy parecen ciencia ficción. Esa es, en esencia, la advertencia que lanza The Economist en su último análisis sobre el mercado del crudo, donde sostiene que la oferta y la demanda están tan descompensadas que los traders todavía no han asumido la magnitud real del problema.

Una crisis que ha borrado el 13% de la oferta global

Henry, el analista entrevistado por la cabecera británica, parte de un dato demoledor: desde que estalló la crisis, el mundo ha perdido cerca de 14 millones de barriles diarios, lo que equivale aproximadamente al 13% de la oferta global de petróleo. No es un recorte cosmético ni un ajuste estacional. Es un agujero de dimensiones históricas que, según el medio, no encuentra paralelo en episodios recientes del mercado petrolero.

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La pregunta que lanza la presentadora es directa: ¿hasta qué precio tendría que subir el barril para equilibrar oferta y demanda? La respuesta del analista es prudente pero contundente. Insiste en que no se trata de un pronóstico, sino de un ejercicio basado en reglas de cálculo y en la literatura económica disponible. Con esa advertencia por delante, el rango que maneja va desde los 167 hasta los 460 dólares por barril. Cifras que, reconoce, suenan irreales, pero que ilustran lo lejos que está el mercado de un punto de equilibrio.

Por qué los traders aún no han pulsado el botón del pánico

Si el déficit es tan brutal, ¿por qué el barril no ha volado por los aires? El análisis de The Economist apunta a una explicación psicológica más que técnica. Los operadores, dice Henry, han estado funcionando bajo tres supuestos encadenados: que la guerra terminará pronto, que el acuerdo reabrirá los corredores de suministro de forma permanente y que, una vez normalizada la situación, los precios volverán a su cauce habitual.

Ese castillo de naipes, sostiene el medio, ha empezado a derrumbarse en los últimos días. La primera pata, la del alto el fuego inminente, ya no se sostiene. Y si cae la primera, todo el razonamiento queda en cuestión. The Economist es claro al respecto: cree que esos traders están equivocados, y así lo han plasmado en la portada de esta semana.

Los precios actuales no son lo bastante altos para destruir demanda. Los traders que mueven el petróleo físico por el mundo coinciden: el barril tiene que subir mucho más.

— Henry, The Economist

El precedente de Ucrania y por qué esta vez es distinto

Para calibrar la magnitud, el analista compara la situación con la invasión rusa de Ucrania. Entonces, el temor era perder unos 3 millones de barriles diarios porque los países occidentales dejarían de comprar crudo ruso. Aquello no llegó a materializarse del todo, ya que ese petróleo acabó fluyendo hacia China e India, pero aun así el barril rozó los 130 dólares.

La paradoja, según The Economist, es que ahora estamos ante un déficit cuatro o cinco veces mayor y, sin embargo, el precio se mantiene muy por debajo de aquel pico. La explicación está en cómo se está absorbiendo el desequilibrio: tirando de inventarios. Entre 8 y 10 millones de barriles diarios se están sacando de los almacenes, sumando reservas estratégicas estatales y stocks comerciales. Es, según el medio, un ritmo récord, jamás visto.

Y ahí está el problema. Vaciar tanques a esa velocidad solo es sostenible durante un tiempo limitado. Cuando los inventarios se agoten, alguien tendrá que dejar de consumir, y la única herramienta que tiene el mercado para destruir demanda es el precio.

El espejismo de la producción alternativa

Una de las preguntas clave del análisis es si otras regiones pueden compensar el agujero. La respuesta es decepcionante. Henry explica que la producción adicional disponible se concentra mayoritariamente en Oriente Medio, una zona que también está, en buena medida, atrapada por la propia crisis. Estados Unidos puede aportar algo, pero no lo suficiente para mover la aguja en el corto plazo.

Esto enlaza directamente con la cuestión de las sanciones petróleo y los cuellos de botella logísticos: no basta con que existan reservas en el subsuelo, hace falta que puedan extraerse, transportarse y refinarse. Y ahora mismo, según el análisis, los grifos disponibles son insuficientes para tapar la fuga.

Lectura editorial: qué debe vigilar el inversor

La conclusión que se desprende del análisis de The Economist tiene implicaciones serias para cualquier lector con exposición a energía, transporte o materias primas. Si el medio acierta, los próximos meses podrían traer una corrección al alza del crudo de magnitud histórica. No hablamos de los 130 dólares de 2022, sino de territorios que arrastrarían consigo la inflación, los costes de producción industrial y la política monetaria de medio mundo.

Conviene tomar las cifras de 167 a 460 dólares con la prudencia con la que el propio analista las presenta: son ejercicios teóricos, no targets. Pero el mensaje de fondo es difícil de ignorar. La oferta y demanda crudo están desacopladas, los inventarios se vacían a velocidad récord y los traders que negocian el barril físico, no el papel, ya han hecho sus cuentas y opinan que el precio petróleo tiene mucho recorrido al alza.

La pregunta que queda en el aire es si los mercados financieros tardarán semanas o meses en reflejar lo que el mercado físico ya descuenta. Y, sobre todo, si los gobiernos reaccionarán a tiempo o seguirán confiando en que un acuerdo diplomático llegue antes de que los tanques toquen fondo.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de The Economist en YouTube.

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