El precio luz lunes 4 mayo se disparará un 44,84% respecto al domingo, según los datos del mercado mayorista OMIE. La subida llega en un momento de tensión geopolítica creciente, con el conflicto de Irán y los efectos derivados del cierre del estrecho de Ormuz presionando al alza los mercados energéticos europeos. España, pese a depender poco del crudo iraní, no escapa al contagio: el gas natural marca el coste marginal en muchas horas del pool eléctrico, y cualquier sacudida en los flujos de hidrocarburos termina trasladándose al recibo doméstico.
Una subida del 44,84% que rompe la tendencia de abril
El salto es notable. El sábado y el domingo el mercado había cerrado con precios contenidos, beneficiados por la baja demanda del fin de semana y por una entrada significativa de generación renovable. Ese alivio se evapora el lunes. Según los datos publicados por OMIE, el operador del mercado ibérico de electricidad, el precio medio del lunes 4 de mayo se sitúa muy por encima del registrado en jornadas anteriores, con franjas horarias especialmente caras al final de la tarde y primera hora de la noche.
El patrón es conocido. Con la salida del sol, la fotovoltaica desploma los precios entre las 11:00 y las 16:00. A partir de ahí, la curva se tensa: cae la solar, sube la demanda doméstica e industrial, y entran en el mix los ciclos combinados de gas, que fijan el precio marginal. Este lunes, ese tramo nocturno se paga especialmente caro.
Cabe recordar que el pool español funciona bajo el sistema marginalista europeo: la última tecnología necesaria para cubrir la demanda fija el precio que cobran todas. Cuando ese cierre lo hace el gas, y el gas está caro por una crisis geopolítica, la factura sube para todos los consumidores acogidos a la tarifa PVPC.
Ormuz, Irán y el contagio al mercado eléctrico español
El telón de fondo es el conflicto en Oriente Próximo y, sobre todo, la situación en el estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del crudo y una parte muy relevante del GNL mundial. El cierre o la perturbación de ese paso obliga a redirigir cargamentos, encarece los fletes y eleva la prima de riesgo sobre todos los hidrocarburos. España importa GNL de varios orígenes, pero los precios se forman en mercados globales: el estrecho de Ormuz es un cuello de botella que afecta a todos por igual.
¿Significa esto que la subida del 44,84% se debe íntegramente a Irán? No exactamente. La variación porcentual abulta porque el domingo partía de un nivel bajísimo, casi anómalo. La métrica relevante no es solo el salto diario, sino el precio absoluto del lunes y, sobre todo, su comparación con la media móvil de las últimas semanas. En esa lectura, el repunte es preocupante pero no sin precedentes.

Qué pasa cuando la geopolítica se mete en la factura
He cubierto suficientes ciclos del precio eléctrico español como para saber que las subidas de un día concreto rara vez cuentan toda la historia. Lo importante es el patrón. Y el patrón actual combina tres ingredientes incómodos: una primavera con menos viento del esperado en algunas semanas, un mercado del gas tensionado por el riesgo geopolítico, y una demanda eléctrica que se sostiene gracias a la electrificación creciente del transporte y la calefacción.
España ha hecho los deberes en renovables. La fotovoltaica bate récords casi cada mes y el peso de las tecnologías limpias en la generación nacional, según los datos publicados por Red Eléctrica, supera con holgura el 50% en cómputo anual. El problema es que el sistema marginalista no premia esa abundancia cuando el sol se pone. En las horas críticas, el gas sigue marcando precio, y mientras el conflicto de Ormuz no se desactive ese gas seguirá caro.
Aquí es donde la política energética europea se enfrenta a su contradicción más persistente. Bruselas ha hablado durante años de desacoplar el precio de la electricidad del precio del gas. La reforma del mercado eléctrico aprobada en 2024 introdujo mejoras —contratos por diferencias, más PPAs, mayor protección al consumidor vulnerable— pero no eliminó la lógica marginalista. Mientras esa arquitectura siga vigente, cada crisis en Oriente Próximo se trasladará, antes o después, al recibo de la luz español. No me parece sostenible a medio plazo, y sospecho que la próxima legislatura europea volverá a abrir el debate.
Para el consumidor de a pie, la recomendación práctica es la de siempre: desplazar consumos a las horas centrales del día, cuando la fotovoltaica deprime los precios, y revisar si la tarifa contratada se ajusta al perfil real del hogar. Las diferencias entre tramos pueden superar el 300% en jornadas como la de este lunes. La factura mensual, eso sí, dependerá de cómo evolucione el conflicto en las próximas semanas y de si Ormuz vuelve a la normalidad antes del verano, cuando la demanda por climatización dispara estructuralmente el consumo.




