El discurso de Gabriel Rufián sobre la vivienda ha ido evolucionando en los últimos años, pero mantiene un hilo conductor claro: la crítica a la especulación y la defensa de una mayor intervención pública. Lo ocurrido anteayer en el Congreso de los Diputados, con un billete de 50 euros como símbolo, es solo el último episodio de una estrategia política y comunicativa que el dirigente de ERC lleva tiempo construyendo.
Durante el debate sobre la prórroga de los alquileres, Rufián protagonizó una de las intervenciones más llamativas de la sesión. «Van a votar en contra de esto, ¿no? PP y Vox son lo que son. Prioridad nacional hasta que llega un gran tenedor ruso o qatarí con 10 o 50 viviendas a fastidiar al nacional, ¿pero ustedes? Que no son de ningún sitio, que son de Cataluña. ¿Van a votar en contra de esto? ¿? ¿O sí? ¿Saben cuál es su bandera? La tengo aquí, es pequeñita pero muy efectiva. 50 pavos. Pudiera ser más. Esta es su bandera, la que comparten con PP y Vox para fastidiar a casi tres millones de personas».
El portavoz de ERC dejó el billete sobre el atril y continuó cargando contra Junts, a cuyos diputados acusó de falsear sus argumentos: «En ningún momento se habla de expropiación ni de tope cero ni de desproteger a los pequeños ni de esto que dicen ustedes de que esto sería un caos. Lo único que da es una oportunidad vital a mucha gente con angustia vital de poder pagar su piso».
La intervención fue subiendo de tono con preguntas directas: «El 66% de sus votantes está en contra de su voto hoy aquí. ¿Entonces por qué lo hacen? ¿Por qué votan de forma tan lesiva? ¿Qué intereses empresariales tienen en este voto? ¿Tienen alguna empresa a su nombre con pisos en alquiler?». Y añadió otro gesto simbólico mostrando unos papeles con mensajes ciudadanos: «Hicimos un llamamiento en redes para que la gente les pidiera que votaran a favor. Están aquí los 300 comentarios. Hemos quitado los insultos, si no serían 800. Todos son de catalanes y catalanas. Se lo voy a entregar a ver si se lo piensan».
Finalmente, les señaló como «los responsables de que tres millones de personas vivan hoy un poquito más angustiadas». Tras el rechazo del decreto, Rufián insistió en su presión al Ejecutivo: pidió que la medida se presente «constantemente» «hasta que se cansen o la gente les pase por encima» y criticó que el PSOE «no ha puesto ganas». «La izquierda no está para decir a la derecha lo mala que es», afirmó, «está para ayudar a la gente».
Pero el planteamiento de Rufián sobre la vivienda no empieza en 2026. Ya en 2024, en una sesión de control, dejó una de sus frases más repetidas: «En este país es dificilísimo comprar una casa, pero es facilísimo especular con una casa, y hay cuatro millones de viviendas vacías». En ese mismo discurso, cuestionó las soluciones habituales y advirtió de que la respuesta podría no ser «construir más».

También cargó contra lo que considera falta de ambición política, ironizando con las «frases maravillosas y motivacionales» que se pueden leer «en una taza de desayuno». Frente a ello, planteó medidas más contundentes: «Topen precios, sobre todo del alquiler de pisos turísticos; expropien viviendas, sobre todo de fondos buitres; y cabreen un poco a la derecha y la ultraderecha de una vez». En 2025, su discurso incorporó un énfasis mayor en el impacto social del problema. «la gente paga por habitaciones lo que pagaban sus padres hace poco más de 10 años por un piso», señaló, antes de añadir que «se necesitan 59 años de salario para comprarte un piso de 60 metros».
Y lanzó una crítica directa al Gobierno: «¿De qué sirve que el Gobierno presuma de datos macroeconómicos si la gente al final está jodida?. En esa misma línea, defendió que «la vivienda se tiene que dejar fuera de la rueda de la especulación y del hacerte rico con las casas» y propuso medidas fiscales: «Si usted se quiere hacer rico, invierta lo que quiera menos en casa. Y si usted se quiere hacer rico con la segunda, tercera o cuarta casa, pague impuestos».
Rufián también matizó su postura respecto a los pequeños propietarios: «yo evidentemente no criminalizo al señor o la señora que llega al final de su vida con la necesidad de poner en alquiler una vivienda», aunque insistió en que esa situación responde a fallos del sistema público. Ese mismo año utilizó uno de sus ejemplos más célebres para explicar su rechazo a aumentar la oferta: «Si el pan hubiera subido lo que ha subido la vivienda, una barra de pan hoy costaría 12 euros. Imagínese que alguien le dice que la solución es hacer más pan. No lo es». Y concluyó: «Lo importante es que la gente no acumule pan».
Ya en un acto junto a Irene Montero, volvió a insistir en su tesis: «no quiero especuladores en mi país, no quiero gente que especule con la vivienda». Y reafirmó su rechazo a la construcción como solución principal: «la solución no es crear y crear y fabricar y construir más viviendas», porque, según dijo, «lo que haces es que el especulador acumule».
Rufián aseguró en La Revuelta que su fórmula es sencilla: «Una familia, una casa». Una idea que ha convertido en consigna política para resumir su postura sobre la vivienda, basada en limitar la especulación inmobiliaria y priorizar el acceso a un hogar frente a su uso como inversión.





