Cada año, los bosques españoles generan 46 millones de metros cúbicos de biomasa vegetal, pero solo se aprovecha el 40% frente al 65% de media europea. El resto se acumula en el monte como carga de combustible, una factura diferida que el país paga cada verano en forma de megaincendios. La Asociación Española de la Biomasa (AVEBIOM) ha trasladado esta semana al Parlamento Europeo una propuesta que vincula directamente la bioenergía con la prevención de incendios forestales.
Claves de la operación
- 46 millones de m³ anuales de biomasa, solo el 40% aprovechada. España está 25 puntos por debajo de la media europea en gestión de biomasa forestal, según datos de Expobiomasa 2025.
- La bioenergía reduce carga de combustible y genera energía estable. Veolia Biomasa transformó 300.000 toneladas en 700 GWh en 2024, equivalente al consumo de 200.000 hogares.
- AVEBIOM pide 200 redes de calor con biomasa para 2030. El plan movilizaría 1,2 millones de toneladas adicionales y crearía empleo en zonas despobladas.
El polvorín silencioso del abandono forestal
El balance de la última temporada de incendios lo dice todo. En 2025, España perdió más de 403.000 hectáreas por el fuego, casi el doble que en 2022 pese a registrar la mitad de siniestros. Los incendios no son más frecuentes, pero se han vuelto mucho más feroces. La razón es física, no meteorológica: décadas de acumulación de biomasa sin gestionar han convertido los bosques en un polvorín que prende con cualquier chispa.
El éxodo rural y el abandono de usos tradicionales como el pastoreo o la recogida de leña han dejado el monte huérfano de mantenimiento. “La gestión forestal sostenible es parte de la respuesta a los incendios. Y la bioenergía puede ayudar a dar salida a una parte de la biomasa que es necesario retirar de los montes”, explica Pablo Rodero, responsable de certificaciones de AVEBIOM. La asociación insiste en que no se trata de limpiar el monte sino de gestionar el territorio con planificación técnica.
Los números del abandono asustan. El 96% de la biomasa que genera Europa se produce en suelo europeo, según el informe CRECEMOS de mayo de 2025. No depende de importaciones, no baila con el precio del gas, no está expuesta a vaivenes geopolíticos. Es la renovable más autónoma del continente, pero España la desaprovecha de forma crónica.
Bioenergía: la renovable que Europa tiene bajo los pies
Mientras los mercados energéticos seguían tensionados en 2025 por la inestabilidad internacional, la biomasa demostró estabilidad tanto en precios como en suministro. Representa el 60% de toda la energía renovable producida en la Unión Europea. Y su materia prima lleva décadas acumulándose sin uso en los bosques españoles.
Veolia Biomasa ya ha puesto números sobre el terreno: transformó más de 300.000 toneladas de biomasa forestal en 700 GWh de energía limpia en 2024. La empresa opera en Moros (Zaragoza), la Sierra de la Culebra (Zamora), Mayorga (Valladolid) y ha restaurado 200 hectáreas en Andalucía afectadas por incendios. “Cuando los restos de podas o claras se transforman en energía renovable, la prevención deja de ser un coste y genera actividad económica”, subraya Rodero.
Portugal ya ha dado pasos en esa dirección. Según AVEBIOM, el país vecino está instalando calderas de biomasa en municipios de alto riesgo de incendio para aprovechar los excedentes forestales y calentar edificios públicos con energía local. Un modelo de proximidad que reduce dependencia energética y refuerza la resiliencia de las zonas rurales.
La bioenergía no apaga incendios, pero retira la gasolina que los convierte en monstruos.
Oportunidad o burocracia: la asignatura pendiente de la política forestal
El sector lleva años alertando de que la normativa europea puede convertirse en un freno. La Directiva de Energías Renovables de la UE (RED III), aún en tramitación, incluye criterios de sostenibilidad para la biomasa que algunos actores forestales consideran contraproducentes para los bosques ibéricos. Si las reglas europeas dificultan el aprovechamiento de residuos forestales, el monte seguirá acumulando combustible. Una paradoja burocrática que podría costar hectáreas.
En España, la desconexión entre las políticas forestal, energética y de desarrollo rural agrava el problema. La gestión activa de los bosques requiere coordinación administrativa e inversión sostenida, no partidas de urgencia cada verano. AVEBIOM lo resume con una frase que define la situación: “Seguir confiando solo en la extinción es pan para hoy y fuego para mañana”.
El potencial económico es considerable. Si España alcanzara el 67% de tasa de aprovechamiento —todavía por debajo de la media europea—, podría movilizar 5 millones de toneladas adicionales al año ya en 2030 y hasta 10 millones en 2050, según el Foro de Bosques y Cambio Climático. El recurso está. La tecnología, también. Lo que falta es la voluntad política para unir en un solo plan lo que hoy son tres expedientes separados.
Los montes no esperan. Cada año sin gestión activa es un año más de acumulación de biomasa que, antes o después, arderá. La propuesta presentada en el Parlamento Europeo sitúa la bioenergía en el centro del debate, pero el verano ya está aquí. Y los bosques, de momento, siguen acumulando leña.




