El BCE congela tipos en la última reunión de De Guindos por Irán

El Consejo de Gobierno mantiene los tipos en el 2,25% en la última cita de Luis de Guindos como vicepresidente. La escalada con Irán y el riesgo de estanflación congelan cualquier movimiento hasta junio.

La reunión BCE tipos de hoy se cierra sin movimientos: el Consejo mantiene el precio del dinero en el 2,25% mientras la guerra con Irán reescribe el guion macroeconómico. Es la última cita de Luis de Guindos como vicepresidente, y le toca despedirse en el peor momento posible. La amenaza ya no es la inflación sola. Tampoco la recesión sola. Es la combinación de ambas.

El cuadro que maneja Fráncfort se ha deteriorado en pocas semanas. La confianza económica de la eurozona se ha desplomado en abril hasta niveles no vistos desde el final de la crisis energética de 2022, y los mercados de futuros descuentan un Brent por encima de los 110 dólares si el conflicto en el Estrecho de Ormuz se prolonga. La consecuencia es directa: las expectativas de inflación a un año vuelven a moverse al alza justo cuando el crecimiento se enfría.

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Por qué el BCE prefiere esperar antes que actuar

La decisión de hoy era previsible. Lo había adelantado Bloomberg esta misma mañana y lo confirman los comunicados oficiales del BCE: el Consejo de Gobierno no quiere comprometer munición antes de tener una lectura clara del shock energético. Christine Lagarde lo resumió con la fórmula habitual de data dependent, pero el subtexto es otro. Mover tipos ahora, en cualquier dirección, sería interpretarlo como una apuesta sobre el desenlace del conflicto.

Bajar tipos para apoyar la economía reforzaría las presiones inflacionistas vía energía y vía euro débil. Subirlos para anclar expectativas asfixiaría a una eurozona que ya muestra contracción del PIB en Alemania e Italia según los avances del primer trimestre. La parálisis tiene lógica. Aunque también tiene coste: cada semana de espera es una semana en la que las expectativas de los hogares se desanclan un poco más.

En la rueda de prensa, Lagarde evitó comprometerse sobre junio. Yo creo que ahí está la clave del mensaje. El BCE quiere llegar a la próxima reunión, prevista para el 11 de junio de 2026, con datos del IPC de mayo y con una idea más nítida de hasta dónde llega la escalada con Teherán. Hasta entonces, manos quietas.

La despedida de De Guindos en el peor escenario

Luis de Guindos termina ocho años como vicepresidente del BCE en mitad de una tormenta que recuerda, salvando distancias, a la que vivió cuando llegó en 2018. Entonces era la guerra comercial de Trump y los aranceles al acero. Ahora es Irán, el petróleo y una eurozona que coquetea con la estanflación. La simetría es casi literaria.

Su sucesor, cuyo nombramiento se formaliza en las próximas semanas tras el acuerdo del Eurogrupo, hereda un mandato complicado. La curva de tipos está aplanada, los spreads periféricos —en especial el italiano— han empezado a ampliarse de nuevo, y el balance del BCE sigue reduciéndose a un ritmo que algunos miembros del Consejo consideran ya excesivo. De Guindos deja la casa con los deberes a medias y un manual de crisis que tendrá que reescribirse.

Luis de Guindos despedida

En su última intervención pública como vicepresidente, defendió la independencia del Consejo frente a las presiones políticas que llegan tanto de París como de Berlín. París pide bajadas. Berlín, ortodoxia. El BCE, otra vez, en el medio.

Estanflación, Irán y el dilema que viene

Aquí entra el análisis que importa. La eurozona lleva tres años intentando salir del agujero inflacionista de 2022-2023 sin romper el crecimiento, y lo había conseguido casi del todo: la inflación subyacente rondaba el 2,3% en marzo según los datos de Eurostat, y el PIB crecía a un tímido pero positivo 0,4% trimestral. El conflicto con Irán amenaza con tirar por tierra ese equilibrio en un solo trimestre.

El precedente histórico más obvio es 1973-1974, cuando el embargo árabe disparó el petróleo y empujó a Europa a una década de estanflación. La diferencia, importante, es que hoy el peso del crudo en el PIB europeo es mucho menor y la dependencia energética se ha diversificado. Pero hay un paralelismo incómodo: igual que entonces, los bancos centrales se enfrentan a un shock de oferta sobre el que su instrumental sirve de poco. Subir tipos no produce barriles. Bajarlos tampoco.

Lo que me parece más relevante de la posición que ha asumido hoy Fráncfort es que, por primera vez en este ciclo, el BCE reconoce implícitamente los límites de su propia política. La estanflación es, históricamente, el peor escenario para un banco central porque obliga a elegir qué mandato sacrificar. Y el BCE, a diferencia de la Fed, solo tiene uno en teoría: la estabilidad de precios. La duda es si, llegado el momento, el Consejo se atreverá a aplicarlo con la dureza que requeriría.

La respuesta llegará, probablemente, en junio. O un poco después, si el conflicto con Irán se enquista. Lo que hoy ha quedado claro es que el siguiente vicepresidente no tendrá el lujo de la tranquilidad que sí tuvo De Guindos en sus primeros meses de 2018. Le toca empezar con el reloj en marcha.


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