Esta noche La Sexta estrena La Noche de Aimar, que supone el regreso de las entrevistas pausadas a la televisión en prime time. Aimar Bretos competirá contra sí mismo, ya que a las 22:30 horas en la Cadena SER también se emite Hora 25 en su versión digital, puesto que en las principales frecuencias se escuchará Carrusel Deportivo. El periodista vasco también competirá contra su compañero de la Cadena SER José Luis Sastre, que estrena El juicio en La 2.
Tal y como adelantó Merca2, el pasado miércoles RTVE precipitó el final de las grabaciones del formato, que solo contará con 6 entregas en vez de las 8 previstas, por la desconfianza que el proyecto ha generado dentro de la corporación. RTVE ha relegado el formato a La 2 a pesar de que el director de TVE, Sergio Calderón, negó la mayor y defendió la apuesta como parte de una estrategia multicanal.
En este contexto, lo que emerge no es solo una coincidencia de estrenos, sino un fenómeno más amplio: la televisión se está mimetizando con la radio.
Mimetización
La muerte de Franco provocó el desmantelamiento de la radio franquista, dominada por concursos, seriales y entretenimiento ligero con dosis de caspa del régimen. A partir de ese momento, la radio pasó a estar casi monopolizada por la política, mientras que la televisión conservó durante décadas un equilibrio distinto, con grandes cadenas generalistas donde el entretenimiento seguía siendo el eje central.
En 2006, la política apenas se focalizaba en los desayunos de las tres principales cadenas y en los informativos de las cinco grandes señales. Pero la fragmentación de audiencias, el interés por influir en la televisión pública y privada, los escasos presupuestos que manejan las tertulias y la ‘berlusconización’ de la política española, convertida en un reality show con personajes como Carlos Mazón o José Luis Ábalos, han llevado a las cadenas a sustituir progresivamente el entretenimiento —con el corazón como motor principal— por la política como contenido dominante.
Nunca en los casi 70 años de existencia de RTVE la política había ocupado tanto espacio en su programación diaria: La 1 ocupa alrededor de ocho horas al día entre La hora de La 1, Mañaneros, Telediarios, Directo al grano y Malas Lenguas.
La 1 sigue en parte la estela de La Sexta, que tras la compra del canal por parte del grupo Planeta se convirtió en una señal casi política, siguiendo la línea de canales como CNN+ o Intereconomía TV, donde la actualidad y el debate ideológico se convierten en el núcleo de la programación.
También la política se ha multiplicado en Cuatro, ya que en poco más de dos años ha pasado de ocupar alrededor de dos horas diarias a ocho, al igual que La 1. El espacio de la información y la opinión ha colonizado franjas que antes estaban reservadas a otros géneros televisivos.
La televisión, además, está copiando a la radio a la hora de hacer competir géneros. En la radio, cada emisora —SER, COPE, Onda Cero— mantiene su estilo y línea editorial, pero la estructura de programación es muy similar: las mañanas se basan en informativos, tertulias y magazines de larga duración; las tardes repiten esquemas parecidos; y los deportes ocupan siempre los mismos horarios tanto en la medianoche como los fines de semana.
En la televisión está ocurriendo algo muy similar. Programas como los de Henar Álvarez compiten contra los de Marc Giró los martes con formatos muy parecidos, aunque con estilos distintos. En los mediodías, La 1, La Sexta y Cuatro emiten tertulias muy similares en estructura, ritmo y temática. A primera hora, Telecinco, La 1 y Antena 3 también convergen en formatos que combinan información, opinión y entretenimiento ligero.
Incluso cuando existen diferencias aparentes, la tendencia de fondo es la misma: la homogeneización del contenido.
Mismo público
La Noche de Aimar y El Juicio son un ejemplo perfecto de esta dinámica. En apariencia no tienen nada que ver: uno es un programa de entrevistas pausadas, con estética cuidada y vocación de profundidad; el otro es un formato de debate social con estructura de juicio televisivo y participación de un jurado popular.

Sin embargo, ambos compiten por el mismo público: espectadores interesados en la actualidad, en la política y en la interpretación de la realidad. Además, comparten un elemento clave: la figura del presentador. Tanto Aimar Bretos como José Luis Sastre provienen de la cantera de la Cadena SER, lo que refuerza un perfil generacional y profesional vinculado a un periodismo de centro izquierda, muy ligado a la radio como escuela de estilo y narrativa.
Este nuevo choque evidencia el interés de RTVE por competir con las televisiones privadas y, con el ánimo de diferenciarse de las plataformas de streaming, que apuestan por series y entretenimiento ‘atemporal’, captar al público interesado en la actualidad.



