Por primera vez, un equipo internacional ha corregido en ratones la mutación genética que desencadena el síndrome de Dravet. La técnica de edición de bases redujo las crisis epilépticas de forma tan drástica que la supervivencia de los animales mejoró notablemente. El hallazgo aparece esta semana en Science Translational Medicine y coloca la terapia génica curativa un paso más cerca de una enfermedad infantil devastadora.
Un síndrome que arrebata la infancia
El síndrome de Dravet es una encefalopatía epiléptica grave que se manifiesta en el primer año de vida con crisis a menudo resistentes a los fármacos. A las convulsiones se suman deterioro cognitivo, alteraciones del sueño, dificultades para caminar y hablar, y un riesgo elevado de muerte súbita por epilepsia (SUDEP). Los tratamientos actuales se limitan a controlar las crisis, sin tocar la raíz genética del problema.
Esa raíz es una mutación en el gen SCN1A, que fabrica un canal de sodio crucial para la actividad eléctrica de las neuronas. La copia defectuosa impide que las células cerebrales se comuniquen con normalidad, lo que desencadena las tormentas epilépticas. Corregir ese error en el ADN ha sido el objetivo de numerosos laboratorios.
La edición de bases: una corrección sin cicatrices

En lugar de utilizar las tijeras moleculares de CRISPR-Cas9, que cortan la doble hélice del ADN y pueden provocar alteraciones imprevistas, el equipo recurrió a la edición de bases. Esta tecnología cambia químicamente una sola letra del código genético —en este caso, transformar una citosina en una timina— sin romper la estructura del genoma. Es una intervención más precisa y con menos riesgos de efectos fuera del objetivo.
El ingrediente secreto fue el propio modelo animal. La Fundación Síndrome de Dravet, con sede en Elche (Alicante), desarrolló una línea de ratones que replica fielmente la mutación más severa del SCN1A. Sobre esos animales, los investigadores inyectaron un vector viral que transportaba la maquinaria de edición de bases hasta las neuronas del cerebro en desarrollo.
Bastó modificar una sola letra del ADN en un puñado de neuronas para que el cerebro silenciara las crisis y los ratones sobrevivieran.
Los resultados fueron contundentes. Las crisis epilépticas se redujeron de manera muy significativa y la supervivencia de los ratones tratados mejoró frente a los que no recibieron la intervención. Las células cerebrales recuperaron la capacidad de producir la proteína del canal de sodio, restableciendo así el equilibrio eléctrico del cerebro.
Un hallazgo especialmente alentador es que la terapia mantiene su eficacia incluso cuando se administra después del nacimiento. Dado que los niños no suelen ser diagnosticados de inmediato, la posibilidad de intervenir de forma temprana pero posnatal amplía la ventana terapéutica. Además, los investigadores comprobaron que no es necesario corregir el 100 % de las células; con una corrección parcial, el propio organismo elimina las señales defectuosas y restaura la función normal del gen.
Qué significa para los pacientes y qué retos quedan por delante
El estudio, publicado en Science Translational Medicine, constituye una prueba de concepto sólida, aunque queda un largo camino hasta poder pensar en ensayos clínicos. Los propios autores subrayan que todo el trabajo se ha realizado en un modelo murino y será necesario un extenso desarrollo preclínico para abordar cuestiones de seguridad, de dosificación y del modo en que se puede hacer llegar el editor de bases al cerebro humano sin efectos adversos.
Pese a esas cautelas, el avance es significativo. Por primera vez se demuestra que una herramienta de edición puntual del ADN puede revertir la causa genética de una epilepsia catastrófica y no limitarse a paliar sus síntomas. La Fundación Síndrome de Dravet destaca que este mismo enfoque podría ayudar también a mejorar otras comorbilidades —trastorno cognitivo, problemas del habla, alteraciones del sueño— que tanto lastran la calidad de vida de las familias.
El hecho de que el modelo animal proceda de un laboratorio impulsado por una organización de pacientes añade un peso emocional y estratégico al hallazgo. Durante años, las familias han soñado con una terapia que corrija el origen genético con una única intervención y evite décadas de crisis, discapacidad y riesgo vital. La edición de bases no cura niños hoy, pero este trabajo demuestra que la ciencia ya es capaz de escribir la receta.
La precisión de la edición de bases resultó asombrosa sin embargo convertir este éxito en un tratamiento pediátrico llevará años de desarrollo preclínico y regulatorio. Cualquier salto a la clínica exigirá respuestas firmes sobre cómo proteger el genoma de las células sanas, qué ventana temporal ofrece la máxima eficacia y cómo garantizar que el cambio genético se mantenga estable a lo largo de toda la vida del paciente.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: La edición de bases corrige la mutación del síndrome de Dravet en ratones, reduciendo drásticamente las crisis epilépticas y mejorando la supervivencia.
- Dónde: Laboratorio de la Fundación Síndrome de Dravet en Elche (Alicante) y centros de investigación internacionales.
- Institución responsable: Equipo internacional de investigadores; estudio publicado en Science Translational Medicine.
- Cuándo: Junio de 2026 (publicación del estudio).
- Impacto a futuro: Abre la puerta a una terapia génica curativa de una sola administración, aunque aún requiere años de desarrollo preclínico antes de alcanzar ensayos en humanos.




