Este año Uber celebra su décimo año en España entre celebraciones y controversias. La empresa ha llegado a los beneficios a nivel global y local, tras años en el desierto de las pérdidas, pero también lidia con el reto de cambiar el modelo de negocio de su vertical del «delivery» para adaptarse a la «Ley Rider». Pero lo cierto es que, en la práctica, la marca aterrizó en Madrid dos años antes que su servicio principal, con el olvidado proyecto «UberPOP».
El proyecto, que aterrizó en el país en 2014, estaba diseñado alrededor del mismo principio con el que operaba la empresa en su fundación en Estados Unidos, y que sigue siendo la base de su modelo de negocio en varios países: viajes compartidos de conductores no profesionales, que usaban la aplicación como una forma de generar un sobresueldo o completar los ingresos necesarios para llegar a fin de mes. Pero en España el modelo no sobrevivió sino dos años, antes de que en 2016 la empresa empezara a operar con su modelo actual.
En cualquier caso, en este aniversario la empresa no ha contado estos dos años de «UberPOP» a la hora de celebrar su décimo aniversario. Algo que desde el taxi no les han dejado de recordar; de hecho, el vicepresidente de la Asociación Profesional del Taxi de Madrid, Marcos Rodríguez Guerrero, ha dedicado un largo documento a la decisión de no contar estos dos años para celebrar su décimo aniversario.

«Celebrar una década es una estrategia para ocultar el fantasma de UberPOP. Se quiere olvidar que el desembarco real ocurrió en 2014, y no bajo el eslogan de la ‘profesionalización’, sino del desafío. Entraron por la puerta de atrás, defendiendo que su modelo era ‘completamente legal’ mientras ignoraban la normativa de transportes. Pero lo más grave, y lo que ese ‘olvido’ actual pretende tapar, es que llegaron a desobedecer a la propia Justicia española», sentencia Rodríguez Guerrero.
De hecho, va más allá: «Cuando en diciembre de 2014 el juez ordenó el cese inmediato de su actividad por competencia desleal, Uber no solo no acató la orden, sino que mantuvo el servicio activo durante semanas, obligando al juez a ordenar el bloqueo de sus pagos y de su página web a través de las operadoras. Es difícil hablar hoy de ‘respeto a las reglas’ cuando tu origen en este país fue el desacato. Tuvieron que reinventarse en 2016 porque el taxi, y la ley, no permitieron que se dinamitara el marco regulatorio», sentenció en el documento.
UN PROYECTO FALLIDO POR MOTIVOS DE LA LEY
El problema es que la empresa se estrelló muy rápidamente con el marco regulatorio en España. Es cierto que la empresa no tardó demasiado en adaptarse al reglamento y el mercado del país una vez que se dio la decisión del juez, pero no deja de ser un cambio clave en cómo funcionaban en otros territorios, recordando que siguen operando con autónomos o incluso con conductores no profesionales en algunos territorios. Al mismo tiempo, sigue siendo la primera toma de contacto de los usuarios con la empresa en territorio ibérico.
Sin embargo, el vicepresidente de la Asociación Profesional del Taxi de Madrid insiste en que no fue una decisión natural, sino una cesión para mantenerse en el país. «En definitiva, tuvieron que reinventarse en 2016 porque el taxi no permitió que se rompieran las reglas del juego. Por eso, escuchar hablar de ‘liderar el cambio’ a quienes intentaron dinamitar el sistema desde la ilegalidad es una falta de respeto a la verdad histórica», ha sentenciado.
De todos modos, no es como si la decisión hubiese acabado con la controversia. En los últimos años se ha criticado de forma permanente las condiciones de trabajo de los conductores de las «VTC» desde la llegada de la llamada «nueva movilidad», y para el taxi se sigue tratando de una competencia desleal en el sector.
EL CAMBIO DE MODELO DE UBER AL VEHÍCULO AUTÓNOMO
También se ha insistido en la necesidad de poner el ojo sobre los nuevos planes de la empresa. De hecho, se ha señalado que se deben aplicar medidas de control desde ya sobre la estrategia de la empresa para pasar a los vehículos autónomos, por el efecto que esto puede tener sobre los conductores tanto de las plataformas como incluso de los taxistas.

«Ahora que el coche autónomo asoma en el horizonte, es el momento de aplicar lo aprendido. La tecnología debe mejorar el servicio, no ser una excusa para que estas estructuras corporativas intenten, una vez más, sortear las normativas mediante el cabildeo y la presión política. Como profesionales, no nos oponemos al progreso, pero exigiremos que su implementación sea ordenada, ética y siempre bajo el control de un marco regulador que priorice el interés general», ha escrito Rodríguez Guerrero.




