Dejó un trabajo estable y ahora es Policía Nacional: “Necesitaba algo que me hiciera sentir útil”

Dejó un empleo estable en marketing para opositar a Policía Nacional. Tras un año de disciplina y dudas, encontró sentido en el servicio público y confirma que el mayor riesgo era no intentarlo nunca.

Hay decisiones que no se toman de un día para otro y hay otras que, cuando llegan, ya no admiten más demoras. Edu estudió Publicidad y Relaciones Públicas, se especializó en marketing digital y llegó a tener un trabajo bien remunerado con buenas perspectivas. Sin embargo, algo faltaba. La respuesta estaba en un coche patrulla que llevaba años mirando por la pantalla del televisor sin atreverse a dar el paso.

Su historia es la de alguien que cambió la comodidad de lo conocido por la incertidumbre de una oposición a Policía Nacional. Más de un año de estudio intensivo, nueve horas diarias de biblioteca y una filosofía que lo resume todo: fracasar no es intentarlo y que no salga, fracasar es querer intentarlo y no hacerlo nunca.

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De las relaciones públicas a la Policía Nacional: cuando el trabajo estable no es suficiente

De las relaciones públicas a la Policía Nacional: cuando el trabajo estable no es suficiente
Fuente: Agencias.

Lo que llevó a Edu a plantearse la Policía Nacional no fue una vocación fulminante de infancia sino una acumulación de señales que tardó en interpretar. A lo largo de distintos trabajos fue descubriendo que lo que más le llenaba era el trato directo con las personas y la resolución de problemas concretos. Recuerda que incluso vendiendo móviles encontraba esa satisfacción que su trabajo en marketing no le daba, por mucho que las condiciones fueran objetivamente buenas.

Cuando los amigos que ya estaban opositando empezaron a contarle cómo era el proceso, algo encajó. Consultó con personas que ya formaban parte del cuerpo y llegó a una conclusión que fue más poderosa que cualquier garantía de éxito: no podía permitirse llegar a los 50 años preguntándose qué habría pasado si lo hubiera intentado. Sus padres lo apoyaron sin dudas. Le dijeron que mientras fuera un trabajo digno y honrado, ellos estarían detrás.

En enero de 2024 dejó de trabajar y empezó a preparar la oposición a Policía Nacional a tiempo completo. La rutina que se marcó era de nueve horas diarias de estudio de lunes a sábado, con el domingo libre para recuperarse.

Se levantaba a las ocho, llegaba a la biblioteca a las nueve y organizaba las sesiones según su propio rendimiento: materias técnico-científicas y sociales por la mañana, cuando le costaba más arrancar, y jurídicas por la tarde, cuando estaba más activo. Cinco días a la semana también entrenaba, encajando los entrenamientos en los huecos entre sesiones de estudio.

El método que marcó la diferencia: vueltas, test y un cómic en el iPad

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Uno de los aspectos más llamativos de la preparación de Edu para entrar en la Policía Nacional fue la forma en que construyó su propio sistema de estudio. Al principio trabajó en papel, pero pronto se pasó al iPad y desarrolló lo que él mismo describe como un cómic de una sola cara por tema: viñetas con los puntos más importantes, imágenes, reglas mnemotécnicas y datos cruzados resaltados en morado, ese color que reservaba exclusivamente para las preguntas que había fallado y que necesitaban más repetición.

El método de trabajo por vueltas le permitió completar una primera maquetación completa del temario en apenas un mes. Después no volvió a ver clases salvo para reforzar algo muy concreto. Lo que ocupó el resto de la preparación fue la repetición espaciada sobre los errores y los test sistemáticos antes de repasar cada tema para comprobar qué había retenido realmente de la vuelta anterior.

A los seis meses de empezar ya sacaba notas entre ocho y nueve en simulacros de otras academias para entrar a la Policía Nacional. Participó en seis opens abiertos y en todos obtuvo resultados similares, lo que le dio la tranquilidad de saber que su nivel no dependía de las preguntas de un único proveedor.

El día del examen oficial de Policía Nacional ese margen resultó decisivo. En el psicotécnico tuvo que afrontar la prueba más difícil que había encontrado en toda su preparación, pero cuando miró hacia atrás vio al resto de la sala completamente agobiada y supo que algo había salido bien.

Al salir del teórico empezaron a corregir entre compañeros. Había sacado quince preguntas por encima de la media en el psicotécnico y solo había fallado dos en el teórico. La plaza era suya. Tardó unos días en creerlo del todo, pero la historia ya estaba escrita: el chico del marketing que miraba los coches patrulla por la televisión ahora llevaba el escudo de la Policía Nacional.


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