El agua es un factor que está condicionando el desarrollo de la minería de recursos clave para la transición energética. En este sentido, minerales como el cobalto, el cobre o el litio utilizan unas estrategias de minado que ponen en riesgo un recurso ya tensionado como es el caso del agua dulce. De hecho, según apunta el analista Frédéric Yo en su última nota para ESG de Crédit Mutuel Asset Management, para la producción de una tonelada de litio (que equivale a 125 baterías de vehículos eléctricos) se necesitan hasta 2 toneladas de agua dulce.
La minería tiene que evolucionar para evitar tensionar el agua
El estrés hídrico al que está expuesto el desarrollo de la minería en metales clave para la transición energética se debe a que es un recurso clave para todas las cadenas de valor de la extracción de estos minerales: desde la trituración de rocas, la separación de minerales el control del polvo, hasta la refrigeración de los equipos.
Esta tensión, según señala el informe, es más patente en zonas desérticas donde la competencia entre los usos industriales, agrícolas y domésticos se vuelve especialmente intensa. Lo peor de todo es que una proporción importante de la minería en torno a estas materias primas se dan en este tipo de áreas, representando hasta un 16% de la producción mundial de estos minerales entre Australia, Chile y Perú.
La operación reforzada ha asegurado la estabilidad del sistema a costa de todos
Por otro lado, el informe señala que esta lucha por el agua en el futuro será mucho más feroz que ahora, debido a la irrupción de infraestructuras electrointensivas como los centros de datos que requieren de altas cantidades de estos minerales y por lo tanto de los recursos como el agua, que se utilizan para su extracción. La Agencia Internacional de la Energía, en este sentido, ya ha dado una aproximación de la demanda de estos minerales en el futuro, con un crecimiento de hasta un 400% en la demanda de litio para alcanzar la neutralidad de carbono en 2040.

Un crecimiento en la demanda que no va acompasado por la calidad del mineral. En este sentido, la nota de ESG de Crédit Mutuel Asset Management advierte que en el caso del cobre, por ejemplo, la disminución de la ley del mineral podría contribuir a un déficit de suministro del 30% para 2035. De hecho, esta situación genera aún más estrés hídrico, ya que la disminución de la ley del mineral implica que deben extraerse y procesar mayores volúmenes de roca para obtener la misma cantidad de metal, lo que aumenta mecánicamente las necesidades de agua.
Todo esto ocurre mientras avanza el cambio climático, haciendo más propenso el entorno a sufrir sequías y por lo tanto tensado aún más este recurso.
Medidas para contener el consumo de agua.
Por lo que, para contener el creciente consumo de agua en la minería de minerales críticos, el informe subraya en primer lugar la necesidad de mejorar de forma significativa la eficiencia hídrica en los procesos. En este sentido, una de las soluciones más extendidas es la implantación de sistemas de reciclaje y circuitos cerrados, que permiten reutilizar gran parte del agua empleada durante la extracción y el procesamiento. En los casos más avanzados, estas tecnologías pueden recuperar hasta el 95% del agua utilizada, reduciendo así la dependencia de nuevas captaciones y aliviando la presión sobre los recursos hídricos locales.
Otra de las vías que destaca el análisis es la innovación tecnológica aplicada a la gestión de residuos mineros. Técnicas como el apilamiento en seco (que consiste en almacenar los residuos previamente filtrados) permiten disminuir de forma considerable el uso de agua frente a los tradicionales depósitos de relaves líquidos. Este tipo de soluciones no solo reduce el consumo hídrico, sino que también limita riesgos medioambientales asociados a posibles filtraciones o roturas de las balsas.

El informe también señala el papel creciente de la desalinización como alternativa para reducir el uso de agua dulce, especialmente en regiones con acceso al mar. Países como Chile ya han avanzado en esta dirección, incorporando agua desalinizada en sus operaciones mineras. Sin embargo, se trata de una solución con limitaciones claras, ya que implica altos costes energéticos y económicos, además de depender de la disponibilidad de infraestructuras adecuadas y de una matriz energética sostenible.
A pesar de estos avances, el documento advierte de que ninguna de estas medidas es suficiente por sí sola. El reciclaje de agua, por ejemplo, encuentra límites técnicos debido a la acumulación de impurezas en los circuitos cerrados, mientras que el despliegue de nuevas tecnologías exige inversiones elevadas que no siempre son viables para todos los proyectos.
En definitiva, el estrés hídrico es un fenómeno multifactorial que afecta a la propia transición energética; por ello el informe insiste en que la gestión del agua debe abordarse también desde una perspectiva estratégica y de gobernanza, integrando este recurso como un factor clave en la toma de decisiones y en la viabilidad a largo plazo de las operaciones mineras.





