El gran apagón del pasado abril fue un recordatorio incómodo de la fragilidad energética del país. En pleno colapso, las torres de telecomunicaciones que sostienen la conectividad de emergencia dependían de generadores diésel, contaminantes y con una logística que, en ocasiones, falla justo cuando más se les necesita. Cuatro jóvenes de Sant Boi de Llobregat (Barcelona) llevan desde 2023 trabajando en una alternativa: un sistema de almacenamiento con hidrógeno sólido que ya ha sido probado en una torre de Cellnex, la mayor compañía de torres de telecomunicaciones de Europa.
Atom H2, la startup que han fundado Anna Martin, Mariona Figueras, Marcel Rovira y Lucas Vicén, busca ahora 2,5 millones de euros en una ronda de inversión para industrializar su solución. La compañía, nacida como trabajo final de grado en la Escuela de Diseño e Ingeniería Elisava, ha pasado en tres años de un prototipo a una unidad industrial fabricada junto a Idneo, su socio industrial.
Un sistema que convierte excedentes renovables en hidrógeno sólido
La propuesta técnica de Atom H2 se basa en capturar el excedente de energía renovable y almacenarlo en dos formatos complementarios. Baterías de litio de respuesta rápida para picos de demanda y depósitos de hidrógeno en estado sólido para necesidades de larga duración, de varias horas o incluso días. “Esto permite reemplazar todos los generadores diésel que se usan hoy como respaldo, con cero emisiones”, explica Mariona Figueras, cofundadora, en conversación con Metrópoli Abierta.
La clave está en la reducción de costes operativos. Según la startup, el sistema recorta hasta un 70% el gasto frente a los grupos electrógenos tradicionales, sobre todo en ubicaciones remotas como el macizo de Montserrat, donde los desplazamientos para repostar encarecen cualquier intervención. Además, al ser una solución modular, se adapta a torres de control, centros de datos de borde y, en el futuro, a infraestructuras militares y centros terrestres satelitales.
Pruebas con Cellnex e Indra y una ronda de 2,5 millones para industrializar
Los resultados de las pruebas piloto han sido el principal argumento para los inversores. Atom H2 ha completado tres pilotos, dos de ellos con Bacsi, Indra y el Ejército del Aire, y el más reciente con Cellnex. En este último, instalaron su unidad en una torre de telecomunicaciones real, validando la autonomía energética del sistema en condiciones de operación normales y simulaciones de corte de suministro.
El hidrógeno sólido ha dejado de ser una promesa de laboratorio: Cellnex ya ha probado que funciona en una torre real. La credibilidad del proyecto la aporta el cliente.
Cellnex, con más de 100.000 torres en cartera, representa el mercado lógico inicial. La startup quiere consolidar su presencia en España antes de dar el salto a Estados Unidos en 2028. Para esa primera fase de despliegue está abierta la ronda de 2,5 millones, que financiará la fabricación de las primeras series industriales y la certificación del producto. Idneo, partner industrial con experiencia en series cortas, fabricará las unidades en Cataluña.
Los reconocimientos no han faltado. Forbes España incluyó a los cuatro fundadores en su lista de los 100 creativos más destacados del país; el año pasado, Banco Santander eligió a Atom H2 como la mejor startup del año; y hace solo unos días, el 28 de mayo, CaixaBank le concedió el Premio EmprendeXXI en su 19.ª edición. Un respaldo que refuerza la credibilidad de una empresa que aún no ha cumplido los tres años.
Análisis: ¿tiene el hidrógeno sólido la madurez para respaldar las infraestructuras críticas?
La propuesta de Atom H2 llega en un momento de creciente demanda de soluciones de almacenamiento energético de larga duración. El apagón de abril puso en evidencia que la infraestructura crítica del país necesita sistemas de respaldo fiables y sostenibles. El hidrógeno sólido, que se puede almacenar a baja presión y temperatura ambiente, ofrece ventajas logísticas frente al hidrógeno comprimido o criogénico, pero su madurez comercial es aún incipiente.
La principal baza de la startup es la reducción del 70% en costes operativos, una cifra que, de confirmarse en despliegues comerciales, cambiaría las reglas del juego para operadores de torres como Cellnex, que gestionan miles de emplazamientos remotos. Sin embargo, el camino desde el prototipo validado al producto industrial masivo es empinado: la fabricación a escala y la certificación en entornos regulados como el militar o el de telecomunicaciones exigirán capital, tiempo y una ejecución impecable. Los 2,5 millones que busca Atom H2 son una cantidad modesta para esa ambición.
El respaldo de Cellnex e Indra, dos gigantes industriales, indica que la tecnología ha pasado un filtro de calidad crucial. Si uno de ellos convierte la prueba piloto en un contrato de suministro, el perfil de riesgo del proyecto cambiará radicalmente. Por ahora, la startup ha elegido un sector —las torres de telecomunicaciones— con una necesidad concreta y repetitiva, lo que facilita la estandarización.
El mayor reto no es técnico, sino de mercado y financiación. El segmento de almacenamiento distribuido compite con los generadores diésel consolidados y con otras alternativas de almacenamiento como las baterías de flujo. Atom H2 deberá demostrar que su solución no solo es más limpia, sino también más económica en todo el ciclo de vida. La ronda de 2,5 millones, si se cierra, le dará unos dos años de pista para industrializar y firmar los primeros contratos. El cronómetro ya está en marcha.




