Stablecoins en euros alcanzan $900M: nuevo máximo histórico bajo MiCA

La entrada en vigor del reglamento europeo ha concentrado el mercado en emisores regulados como Circle, cuyo EURC acapara ya la mitad del segmento. El auge institucional no termina de llegar al consumidor minorista.

Las stablecoins en euros acaban de marcar un nuevo máximo histórico. Rozan los 900 millones de dólares de capitalización, una cifra que no se veía desde principios de 2022, cuando el segmento tocó los 721 millones. Lo curioso es que este salto no llega de la mano de un aluvión de usuarios particulares, sino de la profunda reordenación que ha traído el Reglamento de Mercados de Criptoactivos (MiCA), la normativa europea que regula las criptomonedas.

Un nuevo máximo con la regulación como telón de fondo

Las stablecoins son monedas digitales diseñadas para mantener un valor estable, normalmente vinculado a una divisa como el euro o el dólar. Bajo MiCA, su emisión está sometida a exigencias claras: los emisores deben mantener reservas separadas, publicar auditorías periódicas y garantizar que cualquier poseedor pueda canjear sus tokens por euros en efectivo sin sorpresas. El incumplimiento implica, llanamente, quedarse fuera de las plataformas de la Unión Europea.

Publicidad

Ese filtro explica el reciente despegue. Según los datos de DefiLlama, la capitalización de las stablecoins en euros se desplomó más de un 70% entre 2022 y mediados de 2023, a la espera de que MiCA tomara forma definitiva. Con la entrada en vigor del reglamento en diciembre de 2024, el segmento se duplicó en apenas un año. “Desde que MiCA entró en vigor, las stablecoins en euros han recuperado su máximo histórico”, resumía el agregador on-chain. No es un crecimiento caudaloso, pero sí sólido: los emisores que cumplen han absorbido la liquidez que dejaron los que se marcharon.

Circle domina la mitad del segmento y los bancos preparan el desembarco

La mejor prueba es el EURC de Circle. Tras la salida de Tether de su token EURT —deslistado en los exchanges europeos antes del plazo de adaptación a MiCA—, Circle se ha hecho con aproximadamente la mitad del mercado de stablecoins denominadas en euros. Le siguen el EURCV de Société Générale, el EURI de Banking Circle y el EURS de Stasis, todos ellos autorizados bajo el paraguas regulatorio de la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA), que ya ha dado luz verde a 19 emisores de dinero electrónico en once países.

MiCA ha barrido las stablecoins que no cumplían, concentrando el pastel en manos de los emisores regulados. La duda es si ese rigor técnico acabará traduciéndose en uso cotidiano.

Mientras Circle capitaliza la ventaja, un consorcio formado por nueve bancos europeos —entre ellos BBVA, ING y UniCredit— prepara el lanzamiento de su propia stablecoin en euros conforme a MiCA. La idea es tenerla operativa hacia finales de 2026 y plantar cara al dominio de Circle con la confianza de la banca tradicional. Es un movimiento lógico: si el marco regulatorio exige reservas y auditorías, los bancos parten con el deber hecho.

Una adopción que aún no despega entre el gran público

Pese a las cifras récord, es fácil perder la perspectiva. Las stablecoins en euros representan menos del 0,4% del total del mercado global de stablecoins, que supera los 300.000 millones de dólares de la mano del USDT de Tether y el USDC de Circle. El euro digital, de momento, es un enano en un zoco mayoritariamente dolarizado.

Hay razones estructurales. Antes de 2022, los tipos de interés negativos en la eurozona desincentivaban lanzar una moneda estable que compitiera por los depósitos bancarios. Y aunque MiCA ha traído claridad, la demanda minorista sigue siendo tímida. Los consumidores apenas las usan para compras diarias o envíos de dinero. De hecho la capitalización de las stablecoins en euros sigue siendo marginal si la comparamos con el volumen de pagos digitales convencionales.

El uso institucional sí está creciendo deprisa. Un informe de la consultora Decta afirmaba en 2025 que el volumen mensual de transacciones con stablecoins reguladas en euros se había multiplicado por casi nueve tras la entrada en vigor de MiCA. Son sobre todo pagos interempresariales y liquidaciones tokenizadas, un segmento que los bancos conocen bien. Pero el salto al bolsillo del ciudadano común todavía no se ha producido.

El reto para 2027 no será técnico, sino de adopción. Los emisores autorizados están en posición de crecer, y la posible irrupción de la banca tradicional podría acelerar la integración de estas monedas estables en aplicaciones de pago masivas. Hasta entonces, el mercado del euro en blockchain seguirá siendo un oasis regulado que, por ahora, mira más a las instituciones que a los particulares. La buena noticia es que el andamiaje jurídico ya está construido.


Publicidad