ETFs de Bitcoin captan 1.000M$ en una semana: vuelve el dinero institucional

IBIT de BlackRock acumula más de 620 millones en entradas mientras Grayscale frena las salidas por primera vez en meses. El capital institucional vuelve a fluir hacia bitcoin en un contexto macro más favorable.

Mil millones de dólares en siete días. Los ETFs spot de Bitcoin en Estados Unidos han cerrado la semana con entradas netas que no se veían desde febrero, justo cuando el mercado empezaba a cuestionar si el dinero institucional había perdido el apetito por la criptomoneda.

La cifra contrasta con las salidas sostenidas que marcaron marzo y la primera quincena de abril. Entonces, los flujos negativos acumulados superaban los 800 millones de dólares según datos de Bloomberg Intelligence, alimentando la narrativa de que los grandes fondos estaban rotando hacia activos tradicionales ante la incertidumbre macroeconómica. Esa lectura parece prematura ahora.

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IBIT de BlackRock lidera las entradas mientras Grayscale estabiliza flujos

El grueso del capital ha entrado por IBIT, el ETF de BlackRock que ya gestiona más de 45.000 millones de dólares en activos bajo custodia. Solo este producto acumuló entradas netas superiores a 620 millones en la última semana, consolidando su posición como el vehículo preferido del inversor institucional que quiere exposición a bitcoin sin custodia directa.

Fidelity, con su FBTC, captó otros 210 millones aproximadamente. El resto se repartió entre Bitwise, ARK 21Shares y VanEck, ninguno de ellos con flujos especialmente destacados pero todos en positivo. Es la primera vez en seis semanas que ningún ETF spot de Bitcoin cierra con salidas netas significativas.

Grayscale, por su parte, ha dejado de sangrar. El GBTC, que durante meses actuó como fuente constante de presión vendedora —inversores que habían comprado con descuento antes de la conversión a ETF liquidando posiciones—, registró salidas marginales de apenas 30 millones. Comparado con los 500 millones semanales que llegó a perder en el primer trimestre, el cambio es notable.

¿Qué hay detrás del giro? Tres factores en confluencia

No hay un catalizador único. Creo que estamos viendo la convergencia de tres dinámicas que se refuerzan mutuamente.

Primero, el precio. Bitcoin cotiza en torno a 87.000 dólares, un 12% por debajo de sus máximos históricos de enero pero un 8% por encima de los mínimos de marzo. Para muchos gestores institucionales, ese rango representa un punto de entrada más cómodo que perseguir nuevos máximos. La volatilidad implícita en opciones a 30 días ha caído al 45%, niveles que no veíamos desde antes del halving de 2024.

Segundo, el contexto macro. La Fed mantiene tipos estables y el mercado descuenta dos recortes antes de final de año. El dólar se ha debilitado un 3% frente a la cesta de divisas principales en abril. Ese entorno favorece activos de riesgo y, dentro de ellos, bitcoin ha vuelto a comportarse como proxy de liquidez global.

Tercero, la competencia por flujos. Varios gestores de fondos de pensiones europeos han anunciado asignaciones piloto a ETFs de bitcoin en las últimas semanas, siguiendo el modelo que State of Wisconsin y el fondo soberano de Abu Dhabi iniciaron en 2024. Puede que las cifras individuales sean modestas —hablamos de asignaciones del 0,5% al 1%—, pero el efecto de legitimación importa tanto como el capital.

El ciclo institucional de bitcoin: patrones que se repiten con matices

He cubierto suficientes ciclos para saber que las narrativas de adopción institucional tienden a exagerarse en ambas direcciones. En 2021, cuando MicroStrategy y Tesla anunciaron sus compras de bitcoin, el mercado proyectó una avalancha corporativa que nunca llegó. En 2023, cuando el caso FTX generó desconfianza generalizada, muchos dieron por muerta la tesis institucional.

Lo que veo ahora es distinto. No se trata de titulares de empresas comprando para su balance —eso sigue siendo marginal fuera del sector tech—, sino de infraestructura financiera normalizada. Los ETFs spot llevan apenas catorce meses operando y ya acumulan más de 110.000 millones de dólares en activos combinados. Para contexto: el mayor ETF de oro, el GLD de SPDR, tardó casi dos décadas en alcanzar esa cifra.

Eso sí, la concentración preocupa. BlackRock y Fidelity controlan más del 80% de los flujos entrantes. Si alguno de estos dos actores decidiera cerrar o limitar su producto —algo improbable pero no imposible ante cambios regulatorios—, el impacto en la liquidez sería severo. La descentralización que predica Bitcoin como protocolo no se traslada a su estructura de mercado institucional.

La próxima reunión de la SEC sobre metodología de custodia para activos digitales, prevista para junio de 2026, podría introducir nuevos requisitos que afecten a los costes operativos de estos ETFs. Será un hito a vigilar.

¿Continuarán los flujos entrantes? Depende menos de bitcoin que del apetito general por riesgo. Si la correlación con el Nasdaq se mantiene —y en lo que va de año ronda el 0,6—, la dirección de los mercados de renta variable estadounidenses marcará el ritmo. Los fundamentales on-chain de bitcoin son sólidos: el supply en exchanges sigue cayendo, la tasa de hash en máximos, y los holders a largo plazo no muestran señales de distribución masiva.

Pero el dinero institucional no lee métricas on-chain. Lee correlaciones, volatilidad y narrativa macro. Y esa narrativa, hoy, juega a favor.


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