La prensa española mira para otro lado ante el aniversario de la proclamación de la II República

El republicanismo progresista español está tan fragmentado y alicaído que ni siquiera ejerce como némesis de la monarquía española, que tiene como principales azotes a los independentistas e incluso a la extrema derecha.

La debilidad del espacio republicano no es nueva, pero se hace especialmente visible en fechas simbólicas como el 14 de abril, aniversario de la proclamación de la II República, que este año ha pasado casi de puntillas en el panorama mediático.

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La fragmentación de las fuerzas de la izquierda alternativa, junto con la tibieza de amplios sectores socialistas, ha permitido a la monarquía sobrevivir a crisis que, en otros contextos europeos, habrían abierto debates constituyentes de gran calado.

Incluso tras los escándalos del rey emérito, no se articuló una ofensiva política sostenida capaz de cuestionar el modelo de Estado. Desde la Transición, la monarquía ha sido asumida por buena parte del sistema político como un elemento prácticamente intocable, lo que ha reducido el debate público a momentos puntuales y ha evitado una discusión estructural.

Ese clima explica en parte lo ocurrido este 14 de abril. La prensa española, en líneas generales, apenas dedicó atención al 95 aniversario de la II República. Más allá de menciones marginales o enfoques históricos descontextualizados, la fecha pasó sin un tratamiento destacado en la mayoría de grandes cabeceras, reflejando el escaso peso que hoy tiene el republicanismo en la agenda mediática. Las excepciones fueron contadas.

El diario Público sí volcó su cobertura en la efeméride, con varios artículos que abordaban tanto la memoria histórica como el presente del debate republicano. Entre ellos, «Los esclavos del franquismo: así fueron sometidos a trabajos forzados los soldados republicanos presos», firmado por Henrique Mariño; «Del 14 de abril al ‘Régimen del 78’: las huellas de la II República (y todo lo que se ha perdido por el camino)», de Inés García Rábade; y el estupendo «¿Queremos los republicanos realmente la República?», de Pablo Batalla. Tres enfoques distintos que coincidían en señalar la persistencia de cuestiones no resueltas desde la ruptura democrática incompleta que supuso la Transición.

También la Cadena SER, en el programa La Ventana dirigido por Carles Francino, dedicó espacio a la conmemoración. Lo hizo con una entrevista al periodista Miguel Ángel Villena, autor del libro Republicanas. Revolución, guerra y exilio de nueve diputadas, centrado en el papel de las mujeres en la II República. La conversación sirvió para recuperar la memoria de figuras como Dolores Ibárruri, Clara Campoamor, Margarita Nelken o Victoria Kent, pero también de otras menos conocidas como María Lejárraga, Matilde de la Torre, Julia Álvarez Resano, Veneranda García Manzano o Francisca Bohigas.

El libro pone el foco en un dato revelador: durante las tres legislaturas de la II República, solo nueve mujeres ocuparon escaño en las Cortes. Nueve entre centenares de diputados varones, lo que no impidió que protagonizaran algunos de los avances más significativos en derechos sociales y políticos. Su posterior exilio —salvo en el caso de Bohigas— simboliza también la ruptura traumática que supuso la Guerra Civil y la larga noche de la dictadura.

Más allá de estas iniciativas, el aniversario transcurrió sin grandes actos institucionales ni presencia destacada en el debate público. Un contraste llamativo con la relevancia histórica de la fecha, que marcó el inicio de uno de los periodos más reformistas de la historia contemporánea de España.

En este contexto de escasa visibilidad mediática, los actos organizados por el movimiento republicano adquieren un papel central. Este mismo martes 14 de abril, el Teatro del Barrio de Madrid acogió el acto de presentación de la III Marcha Republicana, convocada para el próximo 13 de junio bajo el lema «La monarquía es la guerra. República para la paz».

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Acto celebrado ayer en el Teatro del Barrio. Foto: Pedro Pérez Bozal.

El evento, concebido como el pistoletazo de salida de la movilización, combinó cultura y debate político. Los cómicos y guionistas Fernando Moraño y José Cabrera fueron los encargados de abrir la jornada con una actuación, a la que siguió una mesa redonda con la participación de Bake Gómez, Laura Arroyo, Tatiana Romero, Elena Ollero, Manuel Rico y Eloi Yebra. El acto concluyó con la actuación del músico Alfonso Gardi.

El manifiesto insiste en la necesidad de un cambio de modelo de Estado: «Exigimos una República que garantice igualdad, libertad y derechos para todas y todos, sin privilegios heredados ni instituciones que queden fuera del control ciudadano».

En el actual contexto internacional, marcado por conflictos como los de Oriente Medio, el documento también introduce una dimensión geopolítica: «una República del siglo XXI debe ser garante de la convivencia, la cooperación y la amistad entre los pueblos», al tiempo que plantea la salida de España de la OTAN.

Asimismo, la convocatoria defiende «un nuevo modelo económico y social al servicio de la mayoría», que garantice derechos fundamentales como el empleo, la vivienda, la educación o la igualdad de género. Todo ello en el marco de una democracia «plena, íntegra, transparente, laica y participativa», capaz de superar lo que el texto define como una «contradicción insalvable entre monarquía y democracia».

El manifiesto concluye con una apelación directa a la movilización: «Es tiempo de paz, vivienda y servicios públicos. Es tiempo de que el pueblo sea soberano y pueda decidir. Es tiempo de República».

Así, mientras la fecha del 14 de abril pierde peso en la agenda mediática, el movimiento republicano trata de reactivar su presencia en la calle. La cita del 13 de junio en Madrid será una nueva prueba de su capacidad de convocatoria y, sobre todo, de su vigencia en un contexto político en el que, por ahora, sigue lejos de ocupar un lugar central.


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