Turkish Airlines mantiene bloqueada su entrada en Air Europa. La Comisión Europea no ha recibido notificación formal de la operación, lo que deja en suspenso la compra de cerca del 26% de la aerolínea española por 300 millones de euros y retrasa un horizonte de aprobación que podría desplazarse hasta los últimos meses de 2026.
Fuentes comunitarias confirmaron a ABC que la operación ‘no ha sido notificada formalmente’ ni bajo el reglamento europeo de fusiones ni bajo la normativa sobre subvenciones extranjeras, un mecanismo especialmente sensible por el peso del Estado turco en la compañía.
La dirección de Turkish Airlines aseguró en marzo haber remitido un borrador preliminar a Bruselas, pero a las puertas de junio los trámites oficiales siguen sin arrancar. El entonces consejero delegado Bilal Ekşi mantuvo el objetivo de completar el proceso en el segundo semestre, aunque los plazos regulatorios apuntan ahora a un cierre no antes del último trimestre.
Por qué Bruselas mantiene la operación en punto muerto
La Comisión dispone de hasta 115 días laborables para analizar una operación de concentración, sumando las fases I y II, con la posibilidad de suspender el reloj si reclama más información. Paralelamente, la normativa sobre subvenciones extranjeras añade otros 90 días hábiles. Con ambos carriles abiertos, la autorización definitiva podría no conocerse hasta los últimos meses de 2026.
En el ámbito doméstico, Turkish Airlines aseguró en marzo que ya había registrado la solicitud ante la Junta de Inversiones Exteriores, dependiente del Ministerio de Economía que dirige Carlos Cuerpo. Este órgano tiene tres meses para resolver, pero también puede interrumpir el plazo si considera necesario pedir más documentación. A día de hoy, el Gobierno no ha aclarado el estado de la tramitación.
El propio portavoz de Turkish Airlines ha defendido que los procedimientos avanzan ‘sin contratiempos’, un mensaje que choca con la realidad de un calendario que aún no ha arrancado formalmente en ninguno de los dos frentes.
La realidad regulatoria es que el cronómetro no se ha puesto en marcha; Turkish Airlines ha desvelado el esqueleto de la operación pero le falta el cuerpo formal para que Bruselas dictamine.
El Estado turco, bajo la lupa de las subvenciones extranjeras
La vertiente de subvenciones extranjeras es la más delicada para la operación. El reglamento de la UE, en vigor desde 2023, permite a la Comisión examinar si una empresa ha recibido ayudas estatales que distorsionen el mercado interior. En el caso de Turkish Airlines, la participación del Estado turco —a través del Fondo de Riqueza Soberana de Turquía y de la participación indirecta del gobierno— activa todas las alarmas en Bruselas, especialmente en un sector estratégico y tras los rescates públicos recibidos por Air Europa durante la pandemia.
Air Europa se acogió al fondo de rescate de la SEPI con 475 millones de euros, y los 300 millones del préstamo convertible de Turkish se han destinado en parte a devolver esas ayudas. La Comisión quiere asegurarse de que una empresa rescatada no pase a manos de un competidor foráneo con músculo estatal sin condiciones que preserven la competencia.

El precedente que persigue a Air Europa y el próximo escenario
Air Europa ya sabe lo que significa tropezar con la Comisión Europea en un intento de consolidación. En 2021, IAG (matriz de Iberia, British Airways y Vueling) anunció la compra de la aerolínea de los Hidalgo por 1.000 millones, pero tras dos años de tira y afloja regulatorio, las condiciones impuestas por Bruselas —cesión de rutas, slots y compromisos de competencia— llevaron a IAG a retirar su oferta en 2024. Aquel proceso demostró que la Comisión no está dispuesta a tolerar concentraciones que reduzcan la competencia en el mercado aéreo español, especialmente en el hub de Barajas.
Ahora, con Turkish Airlines —un operador con fuerte presencia en el puente aéreo con Estambul y creciente peso en las conexiones con Latinoamérica—, los riesgos de competencia vuelven a estar sobre la mesa, sumados a la desconfianza por las ayudas de Estado.
Si la inversión no recibe finalmente el plácet, el acuerdo contractual entre ambas partes activa una cláusula de salvaguarda: el préstamo convertible de 300 millones de euros se transforma en deuda ordinaria que Air Europa deberá amortizar en un plazo de tres años. Una carga que comprometería aún más las cuentas de la compañía, que ya utilizó esos fondos para devolver parte del rescate de la SEPI.
📊 Las Claves para el Inversor
- Qué vigilar: La presentación formal de la operación ante la Comisión Europea es el desencadenante. Hasta que no se registre, el reloj regulatorio no arranca. Cualquier anuncio en ese sentido despejará el cronograma y activará los plazos máximos de revisión.
- Reacción del valor: Turkish Airlines no cotiza en España, pero la incertidumbre sobre Air Europa presiona a Globalia y a sus acreedores. La deuda convertible sigue siendo una espada de Damocles para la familia Hidalgo, que arrastra una delicada situación financiera.
- Precedente sectorial: La Comisión ya bloqueó de facto la adquisición de Air Europa por parte de IAG. El celo con el que Bruselas examina las ayudas estatales y el control de rutas hace improbable una autorización rápida o sin condiciones muy exigentes, lo que alarga los tiempos para cualquier inversor que quiera consolidar el sector aéreo español.




