José Luis Marín (76), psiquiatra, sobre la salud mental: “Tu insomnio comienza con el despertador y con el desayuno”

El psiquiatra José Luis Marín cuestiona la patologización del sufrimiento actual y advierte que problemas como el insomnio no son fallas biológicas aisladas, sino el resultado directo de nuestras rutinas y del estrés social diario.

Llevan años hablando de salud mental en todos los medios, en todas las conversaciones, en todos los consultorios. José Luis Marín, médico psiquiatra con casi cinco décadas de experiencia clínica, llega con una tesis que descoloca: la salud mental no existe. No como provocación, sino como diagnóstico de algo más profundo.

«Lo que estamos viviendo es una pandemia de diagnósticos, no de trastornos», afirma Marín. El sufrimiento de las personas es real e indiscutible, insiste. Lo que cuestiona es la tendencia a convertir ese sufrimiento en etiquetas psiquiátricas y, de ahí, directamente en pastillas.

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De la timidez a la fobia social: cómo se fabrican los trastornos

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Marín recuerda que en los años ochenta asistió en primera persona a un proceso que considera revelador. La timidez, una emoción absolutamente normal y extendida, fue redefinida como fobia social: un diagnóstico psiquiátrico que requería tratamiento con antidepresivos, a veces de por vida. No había cambiado el sufrimiento de las personas. Había cambiado la etiqueta que le poníamos encima.

Ese mecanismo, explica, es la psiquiatrización de la vida cotidiana. Una respuesta emocional legítima se convierte en trastorno, el trastorno genera un diagnóstico y el diagnóstico lleva casi automáticamente a un fármaco. «Todos los diagnósticos psiquiátricos son diagnósticos inventados», sostiene, y se apresura a aclarar que inventado no significa que el dolor no exista, sino que la categoría que lo contiene es una construcción, no un descubrimiento científico.

Lo que más le preocupa es la velocidad de ese proceso. En casi cincuenta años de práctica clínica, Marín observa que la búsqueda de marcadores genéticos que explicaran los trastornos mentales ha dado resultados magros. La evidencia apunta en otra dirección: «En la práctica nos encontramos con que pesa mucho más el código postal que el código genético». Entre Pozuelo de Alarcón y Parla, municipios separados por apenas treinta kilómetros, hay dos años de diferencia en la esperanza de vida. Entre los dos lados de la calle Bravo Murillo, en Madrid, la brecha es de tres años. La salud mental tiene una geografía social antes que una biología individual.

La tristeza, el miedo, la rabia: Marín rechaza llamarlas emociones negativas. Son respuestas evolutivas que han permitido que la especie llegue hasta aquí. El problema no es sentirlas, sino vivir en un sistema que no sabe qué hacer con ellas. «El sistema social se maneja mucho mejor con deprimidos que con revolucionarios», dice. Lo que se llama depresión puede ser, muchas veces, rabia sin salida.

Salud mental: El insomnio no empieza cuando te acuestas, empieza cuando te levantas

Salud mental: El insomnio no empieza cuando te acuestas, empieza cuando te levantas
Fuente: agencias

Cuando un paciente llega a su consulta quejándose de insomnio, Marín no le pregunta cómo duerme por la noche. Le pregunta cómo se levanta por la mañana. La respuesta suele desconcertar al paciente, pero la lógica es sólida: el insomnio se construye a lo largo del día, no en el momento de apagar la luz.

«Tu insomnio comienza con el despertador y con el desayuno», explica. La tensión acumulada desde primera hora, el café rápido tomado de pie, el atasco, el trabajo, el informativo nocturno y el rato gritándole a la televisión forman una cadena que termina con el sistema nervioso en estado de alerta cuando se supone que hay que descansar. Pretender que ese interruptor se apaga de golpe al meterse en la cama es, en su opinión, una ingenuidad que el sistema sanitario perpetúa con demasiada frecuencia recetando hipnóticos.

En una sola generación, recuerda Marín, se han perdido dos horas y media de sueño. Una pérdida de esa magnitud, en términos evolutivos, no puede no tener consecuencias. Muchos de los problemas que se ven en la clínica infantil tienen que ver, simplemente, con niños que no duermen lo que necesitan.

La alimentación forma parte del mismo nudo. Los neurotransmisores que regulan el estado de ánimo, el sueño y la respuesta al estrés se fabrican a partir de aminoácidos esenciales que el organismo no puede producir por sí solo y que tienen que llegar a través de la dieta. Lo que se desayuna importa. Cómo se desayuna también. Y con quién.

Su consejo es levantarse veinte minutos antes, suprimir el azúcar refinado del desayuno, incorporar proteínas ricas en triptófano y salir de casa sin la tensión que se lleva encima habitualmente. No como solución mágica, sino como primer gesto de coherencia entre lo que el cuerpo necesita y lo que la rutina le da. Porque el insomnio, en su visión, no es un trastorno que se trata. Es un síntoma de que algo, en algún punto del día, está saliendo mal.


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